Goblin Slayer

Volumen 4

Capítulo 9: De los Tres de Ellos, Hace Algunos Meses

Parte 3

 

 

El carruaje salió por la entrada, camuflado por la noche. A estas horas, cualquiera menos los aventureros habría encontrado más seguro viajar con una caravana o similar. Pero los tres no tenían tiempo, y habían sido obligados en más de un sentido.

El vehículo en el que se encontraban no era muy bueno, era sólo un transporte de carga ligeramente modificado. Y el caballo era promedio… bueno, tal vez un poco por debajo de la media. El chamán enano y el sacerdote lagarto tenían las riendas. La elfa arquera estaba observando el cielo, con su arco listo.

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Viajar en carruaje significaba ir más rápido de lo que una persona podía caminar, pero más lento de lo que un caballo podía correr. El chamán enano no estaba contento con esta situación. Había querido conseguir el mejor carruaje y caballo posible, por no hablar del conductor. Pero los fondos que había recibido de su tío eran limitados, al igual que su tiempo. Había tenido que arreglárselas.

—Y para colmo, tenemos que ir despacio. Qué montón de problemas.

—Tenga en cuenta que no podemos darnos el lujo de cambiar de caballo en una de las estaciones intermedias. Sentado a su lado en el lugar del conductor, el sacerdote lagarto respondió al cauteloso comentario que se hizo a sí mismo el chamán enano. —Y si considera el problema que tendríamos si nos apresuráramos demasiado y por lo tanto atrajéramos una atención no deseada, este camino es de hecho más rápido.

— ¿Atención no deseada? La elfa arquera inclinó su cabeza, moviendo las puntas de sus orejas en dirección al asiento del cochero.

—Bandidos o forajidos, supongo.

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—Correcto…

Su rostro se contrajo ante la respuesta, como si la encontrase muy desagradable. El chamán enano captó la clara muestra de emoción en su visión periférica e hizo un sonido de disgusto.

—Nos las arreglamos de alguna manera en la ciudad, bajo el auspicio de esa encantadora dama, pero ahora estamos en el campo abierto.

—Una vez lejos del santuario del Dios Supremo, puede ser sólo cuestión de tiempo hasta que algún espíritu enfermo se pose sobre nosotros. Dijo el Sacerdote Lagarto.

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— ¿Estás hablando de lo que ellos llaman la bendición de dios? Nuestro dios de la herrería y el acero sólo es bueno para el coraje en la batalla… Sin embargo, el chamán enano murmuró una oración al gran dios Krome. Se encogió de hombros y agitó su cabeza, diciendo sin malicia —Al menos hay que rezar para que nuestra niña elfa no pierda los nervios cuando sea necesario.

— ¡Hrk…! Las orejas de la elfa pudieron difícilmente no captar este comentario desagradable. — ¡Sólo mira! ¡Te inclinarás para darme las gracias cuando esto acabe!

—Ahh, claro. No puedo decir que aumentara mis esperanzas. Él agitó la palma de su mano. La elfa arquera dio un resoplido furioso y rodó sobre su espalda. El chamán enano siguió su ejemplo, mirando hacia el cielo. Estaba lleno de estrellas, y de las dos lunas. Las estrellas brillaban como si alguien hubiera esparcido preciosas joyas sobre terciopelo negro. Las lunas brillaban como un par de ojos, verdes y fríos.

Quizás fue la proximidad del verano lo que le dio al aire su inusual humedad y le hizo parecer difícil respirar.

—Me vendría bien una brisa… Murmuró la elfa arquera. El chamán enano sintió lo mismo, aunque no dijo nada.

Su grupo llegó a una parcela de tierra abandonada que parecía haber sido una aldea. Los sombríos esqueletos de las casas a la luz de la luna proyectan sombras obscenas en el camino. Estos cadáveres de la aldea se habían vuelto salvajes, abandonados al crecimiento excesivo; habría parecido desolado incluso a la luz del día. Ahora, por la noche, no habría sido sorpresa encontrar allí fantasmas o ghouls…

— ¿Hr-ah?

La elfa arquera hizo un sonido extraño. Ella miró por encima de su hombro, con cosquillas en su nariz.

— ¿Qué pasa ahora? ¿Parando para oler las flores o algo así? ¿Hm?

—Oh, basta. Hay un olor extraño… Ella agitó su mano frente a su nariz, echando una mirada alrededor del área con una expresión de profunda sospecha. —Es… un poco denso, y algo irritable… Y puedo olerlo aunque no haya viento.

—…Azufre, lo más probable.

— ¿Eso es azufre?

—Algún tipo de vapor mezclado con azufre, para ser más precisos.

Lo que eso significaba no se perdió en ninguno de ellos. Se callaron y se dieron un tragaron saliva a la vez. La elfa levantó la vista, tenía una expresión de ansiedad en su cara.

— ¡Arriba de nosotros!

Parecía menos como una cosa viviente y más como una máquina, carne con la forma de un insecto hecho por el hombre. Su cuerpo era rojo, su cabeza era puntiaguda como si llevase un sombrero. Una gorra roja.

Batió sus alas de murciélago, y crueles y curvas garras eran visibles en sus manos.

Un demonio menor. Y había dos de ellos. Este era un encuentro imprevisto.

— ¡¿Vienen?! Gritó el chamán enano, chasqueando las riendas y estimulando al caballo. El animal relinchó, habiendo sentido las cosas que no eran de este mundo. Las ruidosas ruedas del carruaje comenzaron a girar decididamente cuando el caballo corrió a toda velocidad.

— ¡Haz que vaya más rápido…! No, dame las riendas. ¡Prepara tus hechizos!

— ¡Todo tuyo!

Casi tirándole las riendas al sacerdote lagarto, el chamán enano se giró en su asiento. Tuvo cuidado, por supuesto, de agarrar firmemente a la correa en el hombro de su bolsa de catalizadores, para que no se le escapara volando.

— ¿No podemos escapar? Dijo la elfa arquera, lamiéndose los labios mientras su arco disparaba flecha tras flecha.

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—No sé nada de eso, pero… Dijo el chamán enano.

—No podemos arriesgarnos a que la información salga a la luz. Dijo el sacerdote lagarto con una profunda inclinación de cabeza, tan calmadamente como si se estuviera preparando para cenar. —Debemos matarlos aquí.

Los demonios parecían tener la misma idea. Con una ráfaga de aire, uno de ellos se lanzó al carruaje. Mientras alguien gritaba que la iniciativa había sido tomada, hubo un choque, y astillas de madera salieron volando.

El demonio había golpeado el carruaje por detrás, sus garras eran tan mortíferas como cualquier arma.

— ¡Ergh! ¡Pfah! El chamán enano sacó trozos del carruaje de su barba y gritó — ¡Si arruinas esto, nosotros seremos los culpables!

—Me ocuparé de la seguridad del caballo, así que si eres tan amable… Contestó el sacerdote lagarto.

El siguiente ataque vino del cielo mientras charlaban.

Un clavado precipitado, con las alas plegadas. La arquera elfa miró con ira; la criatura tenía una luna en su espalda. Sus orejas saltaron, leyendo el viento, y con su cuerda del arco crujiendo.

— ¡Estúpido, apestoso…!

— ¡¿AAARREMMEERRRR?!?!?

Un grito sobrenatural se produjo. La elfa arquera no había perdido su oportunidad de disparar. El demonio, con su mano clavada en el carruaje por la flecha, se retorcía, rompiendo la madera con sus garras.

— ¡Eso te enseñará!

La última cosa que el demonio vio fue a un elfo tirando de su arco justo enfrente de él, la flecha tenía un brote por punta.

La cuerda del arco emitió un sonido que se habría ajustado a un instrumento musical de alta calidad; lanzó la flecha a través del globo ocular del demonio y entro a su cerebro. El cuello de la criatura se rompió hacia atrás, por la fuerza del golpe. El cadáver colgaba sin fuerzas, raspando el suelo. La elfa arquera hizo una sonrisa de agradecimiento por su propia obra. — ¡Ese es uno menos!

— ¡Buen trabajo! Pero como es una carga, ¿quizás podrías echarlo de nuestro carruaje?

—Sí, claro… guh, ¡¿qué?!

En un instante, varios mechones de pelo de la elfa arquera fueron atrapados por una garra y salieron a volar por los aires. El monstruo que había descendido rápidamente le había dado un golpe en el cuello. La elfa arquera cayó sobre su espalda, temblando, aún sosteniendo el astil de la flecha que había sacado. Al mismo tiempo, el demonio muerto se deslizó al suelo, rebotando con un sordo golpe.

—Un poco de miedo, ¿no?

— ¡No tengo miedo, estoy enfadada!

Se enfadó ante la burla del chamán enano, cuya mano había estado lista para su bolsa de catalizadores todo el tiempo, y luego miró al cielo. Con un cadáver de demonio menos a bordo, su velocidad estaba aumentando de nuevo, pero no era rival para una criatura con alas.

— ¡Tú, enano! Gritó la elfa arquera sin apartar los ojos del aire. — ¿No puedes usar un hechizo para derribarlo del cielo o algo así?

—Supongo que podría, en pocas palabras… Cerró un ojo y miró hacia arriba, juzgando la velocidad y la distancia entre él y el enemigo. La cortina de la noche era impotente ante la luz de las lunas y las estrellas, y los enanos podían ver fácilmente a través de la oscuridad de todos modos. —Es sólo que si lo derribara con un hechizo, sólo volvería a levantarse.

Goblin Slayer Volumen 4 Capítulo 9 Parte 3

 

— ¡¿Qué?! ¡Vaya hechicero! ¡Estúpido, enano estúpido!

—Ah, deja de lloriquear. Dijo el chamán enano fríamente, frunciendo el ceño. —No se mueven por las mismas leyes que nosotros. El acero y el hierro son las formas de lidiar con ellos.

—Físicamente, quieres decir. ¡Bien dicho! Sujetando las riendas, el sacerdote lagarto retorció sus enormes mandíbulas en una sonrisa que no les recordaba nada más que a un tiburón. Parecía hacer algunos cálculos rápidos, y luego asintió satisfecho. —Maestro lanzador de hechizos, ¿dices que puedes derribarlo?

—Creo. Asintió el chamán enano. —Pero no por mucho tiempo.

—Entonces, maestra exploradora, finja que va a disparar arriba

— ¡Puedo hacerlo!

Sin esperar a escuchar el resto del plan, la elfa arquera lanzó una flecha en la noche. Era tan potente como la magia, una flecha como solo un elfo podía dispararla, pero el demonio se apartó ágilmente del camino.

— ¡Oh, maldición! La elfa arquera chasqueó su lengua y colocó una nueva flecha en su arco, tirando de la cuerda.

—Ahora, entonces. Dijo el sacerdote lagarto, tirando de las riendas para reducir la velocidad del caballo. — ¿Sería tan amable de atravesarlo con una flecha atada a una cuerda?

— ¡¿Una flecha atada a una cuerda…?! La elfa arquera cogió la cuerda que había sido arrojada a la plataforma de carga, sus labios eran una línea plana mientras miraba al enemigo. El monstruo de piel roja siguió batiendo sus alas, buscando la oportunidad de acercarse a ellos. — ¡Bien, lo haré!

Apenas habló, empezó a atar la cuerda a la flecha. Los ágiles dedos de elfo no tuvieron ningún problema, ni siquiera encima de un carruaje oscilante. Mantuvo sus ojos y orejas en el oponente, con sus manos moviéndose como si alguien más las controlara. Su boca se relajó. —Eres como un general o algo así. Dijo ella.

—Eres demasiado amable. El sacerdote lagarto sacudió ampliamente su cabeza. —Si tienes que compararme con algo, soy como la pluma de una flecha. Antes de continuar, sacó su lengua y tocó la punta de su nariz. “Mm”, dijo profundamente. —Para que un equipo funcione, hay que reunir una punta de flecha, un astil, una pluma, un arco y un arquero.

Ahh. La elfa arquera sonrió débilmente. Era una metáfora que ella podía entender. —Me pregunto si eso me haría la punta. Vamos, enano, ¡asegúrate de que el hechizo esté en la mira!

— ¡Hmph! ¡Ya es suficiente!

Cuando el chamán enano le respondió a la elfa arquera, y encontró al enemigo en su campo de visión, notó algo: una solitaria luz roja en el cielo. Ardía en la ancha y abierta boca del demonio.

— ¡Se acerca una bola de fuego!

— ¡Ahh, ahora! Dijo el sacerdote lagarto con sincero júbilo, dando a las riendas una tremenda sacudida. El caballo relinchó horriblemente de confusión y miedo, y el carruaje se movió en una nueva dirección, chirriando todo el tiempo.

Pocos segundos más tarde, un haz de llamas se precipitó en el lugar donde habría estado el carruaje, brasas volaron hacia el cielo. La brillante luz iluminó el terrible rostro del sacerdote lagarto.

—¡Ha-ha-ha-ha-ha-ha-haaaa! ¡Ahora las cosas se han vuelto interesantes!

— ¡Creo que has confundido nuestro carruaje con un carro de guerra, Escamoso!

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—Ciertamente. Contestó el lagarto, provocando un “Estas loco…” del chamán enano mientras miraba al cielo.

El demonio rojo parecía estar preparándose para otro descenso, ahora que habían evadido su distintiva bola de fuego.

Crees que va a ser así de fácil, ¿no?

El chamán enano gritó ante la sombra mientras ésta crecía constantemente.

—¡Pixies, Pixies, apresúrense, rápido! ¡Nada de dulces para ti, …sólo necesito trucos!

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Palabras llenas del verdadero poder de doblar la realidad fluyeron, y el círculo mágico atrapó al demonio limpiamente.

Normalmente, la criatura nunca debería haber sido capaz de escapar de las cadenas de la gravedad, por mucho que aleteara. Los demonios menores aún eran demonios; estos monstruos vivían para torcer el orden natural.

— ¡ARREMERRRRRR!!

El demonio, que había caído a la tierra, aulló y agitó sus alas poderosamente, rompiendo los lazos mágicos que lo sostenían. Se vengaría de ese enano, de ese lagarto y de ese elfo. El solo hecho de pensar en la sangre de un antiguo elfo mayor, el olor de su hígado, era suficiente para avivar la codicia de la básica criatura.

— ¡Toma esto!

Fue una flecha de ese mismo elfo la que puso un doloroso fin a esa avaricia. Ella se había asomado, apoyándose contra el borde del carruaje, y despiadadamente disparó una solo flecha con punta de brote contra el monstruo.

— ¡¿AREEERM?!

Golpeado por el tormento, el demonio fue un poco demasiado lento para darse cuenta de la cuerda atada a la flecha. Y eso era todo el tiempo que el carruaje necesitaba para coger velocidad y tensar la cuerda.

Un espantoso rugido de desesperación, suficiente para hacer que la sangre se congelara, resonó por la llanura.

El demonio no podía haber imaginado que sería arrastrado por el suelo detrás del carruaje. Había cierta lástima en él mientras rebotaba, reprimido por el grupo mientras se arrastraba por el suelo y trataba desesperadamente de volar.

Los demonios menores aún eran fuertes. Si el trío no podía controlar su posición, pronto tendría sus garras en la tierra, y si podía mantenerse en pie, sólo tardaría un momento en estar en el aire. Y una vez en el aire, sería peligroso.

— ¡¿Qué sigue?! Gritó la elfa arquera, sacando otra flecha de su aljaba.

El sacerdote lagarto se levantó con facilidad. —Damos el golpe final, por supuesto” Sostuvo uno de sus catalizadores, un colmillo, presionado entre sus palmas. — ¡Oh, alas con forma de hoz del velociraptor, rasga y rompe, vuela y caza!Una gran espada colmillo creció y luego se agudizó en sus manos.

— ¿Qué hay del caballo? Pero cuando la elfa arquera miró hacia atrás, vio a un guerrero diente de dragón con un firme agarre en las riendas.

—Espera un segundo, Escamoso. Dijo el chamán enano, con sus ojos abriéndose de par en par. — ¿Qué es eso del golpe final? N-no vas a…

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— ¿Saltar? No seas tonto. El sacerdote lagarto agitó su cabeza en un movimiento considerado que debe haber sido natural para él como monje. —Eso sería ridículo.

Al instante siguiente, el carruaje crujió mientras el sacerdote lagarto saltaba al demonio menor.

— ¡Oh, temibles nagas! ¡Miren mis obras, mis grandes antepasados!

— ¡¿AREEERMEER?!?!

Garra, garra, colmillo, cola. Golpeó, cortó y desgarró al demonio mientras éste luchaba por resistirse a él. La criatura abrió sus mandíbulas para soltar una bola de fuego, pero el sacerdote lagarto aulló “¡Grrrryaaahhh!”, y dirigió una patada a su garganta, aplastando su tráquea. Y entonces su espada colmillo encontró la cabeza del demonio, cortándola sin esfuerzo.

La cabeza se fue rodando por el suelo y desapareció entre la hierba. El resto del cuerpo, aún adherido al carruaje, dejando un rastro de sangre azul púrpura. El sacerdote lagarto, de pie encima del cadáver, estaba muy tranquilo a pesar de la creciente cantidad de sangre que lo cubría; levantó la cabeza alegremente.

—Ahh, me he ganado mérito este día.

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El sol había empezado a asomarse por el horizonte, y sus rayos cubrieron al sacerdote lagarto con una atmósfera indescriptible.

*

 

 

—Mira esto. ¿No acordamos en secreto que no íbamos a ir en su contra?

—Ah, pero mi sangre hierve a veces. Después de la respuesta directa del sacerdote lagarto, este levantó alegremente un bloque de queso con ambas manos. Abrió la boca y arranco un pedazo, cada bocado acompañado de un grito de “¡Dulce néctar!” y un golpe de su cola contra el suelo. —Porque soy una criatura de sangre caliente.

—Tus bromas nunca tienen sentido para mí. Gruñó el chamán enano. Levantó las manos en señal de resignación, pero también para indicar a la mesera que quería más cerveza. Cuando bebía con sus amigos, el chamán enano sentía que sólo era cortés el llenar su barril que tenía por barriga tan lleno como pudiera.

—Entonces, ¿estamos todos juntos?

—No entiendo lo que quieres decir.

—Tu flecha. Flecha y arco.

—Ahh. El sacerdote lagarto se ingirió el bien masticado trozo de queso con un gran trago y se lamió las migajas de sus labios. —La punta de la flecha es nuestra exploradora, el astil que nos mantiene unidos eres tú, maestro hechicero, y yo soy la pluma…

—…El arco es esa chica, y Corta barbas sería el arquero, ¿cierto?

—Sólo así, sólo así.

El chamán enano tomó la cerveza que le trajo la mesera, mirando ala sacerdote lagarto asentir por el rabillo del ojo. Se llevó la rebosante copa a su boca y tomó un sorbo, luego la bebió de un solo trago.

—Por muy reconocido que sea un arquero, si sólo dispara al cielo, algún día se hará daño.

—Pero si no cazamos nada más que goblins, ¿eso es bueno o malo? El chamán enano, con su cara roja, soltó un eructo y se pasó una mano por la barba para secarse algunas gotas.

—Cualquiera que sea el caso… Dijo el sacerdote lagarto.

—De hecho, en cualquier caso. Estuvo de acuerdo el chamán enano.

—Es un buen equipo.

—Aquí no hay quejas.

El sacerdote lagarto sonrió con sus grandes mandíbulas, y el chamán enano soltó una sonora carcajada. Los dos tomaron las copas frescas que les habían traído y las chocaron.

—Por los buenos amigos.

—Por los buenos compañeros de batalla.

—¡Por las buenas aventuras!

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¡Cierto, cierto! Cuando las copas fueron levantadas tres veces, ya estaban vacías.

 

¿Cuántas veces nos vemos y nos separamos?
Algunos desaparecen, como las cenizas, como nosotros.
Con la esperanza del reencuentro comienza cada viaje
Como voltear una página que se está convirtiendo en polvo
¿Recuerdas la leyenda de quien entrenó muchos años?
¿Cuál era su nombre? Ahora no puedo recordar
Te das cuenta demasiado tarde, ahora ya no está aquí.
Y aunque tenemos despedidas y encuentros con todos
Cada uno de esos encuentros es único, y eso es todo.

 

Así la noche se intensificó para los aventureros.

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