Goblin Slayer

Volumen 4

Capítulo 9: De los Tres de Ellos, Hace Algunos Meses

Parte 2

 

 

—… ¿Quehqierhes?

Su pelo estaba por todas partes, su ropa estaba sucia, sus mejillas un poco hinchadas, y ella le dio la espalda con una expresión de disgusto. El chamán enano dejo escapar una alegre sonrisa ante este primer sonido que salía de la boca del elfo mayor.




— ¿Quién, yo? Pensé que podríamos hablar de trabajo. Sonrió y frotó sus gruesas manos, fsh-fsh-fsh.

Si al menos se sentara frente a mí como un adulto, sentiría como si me estuviera escuchando.

Las peleas deben haber sido tan comunes como el pan y la mantequilla en esta taberna, porque la atmósfera ya se había relajado de nuevo, con las charlas y bromas volviendo a la vida.

La malherida padfoot estaba en un asiento de esquina, mirando infelizmente y arrancando un trozo de carne. Una vez que la lucha terminó, los antiguos jugadores pronto volvieron a la normalidad.

—Hm. En ese caso, hay algo de considerable importancia que debo preguntarle primero.




El orden restaurado de la taberna se debió en parte a la rápida intervención del sacerdote lagarto, que ahora utilizaba un barril de vino en lugar de una silla. Había sido todo un espectáculo verlo tomar a la elfa y a la padfoot cada una por el cuello y separarlas, pero también era un resultado por el que nadie había apostado. Así que sólo el corredor de apuestas obtuvo ningún beneficio, y el rhea recorría el bar agitando alegremente su vino.

— ¿Y qué es, Escamoso?




El sacerdote lagarto hizo un “Mmm” y un gesto inmensamente sombrío. — ¿Podríamos considerar nuestro gasto en comida separado de la recompensa por esta misión?

—Por supuesto. Dijo el chamán enano tirando de su barba y con una sonrisa. —Lo enviaremos la cuenta a mi honorable tío.

—Es muy apreciado. Dijo el sacerdote lagarto, luego abrió de par en par sus mandíbulas y las hundió en un trozo de carne con hueso sobre la mesa.

La elfa arquera los miró, inflando un poco sus mejillas. —Así que. Murmuró ella. — ¿Qué es este trabajo? No es que no haya oído lo básico.

—Ah, sí, sobre eso. El chamán enano asintió, cogió una copa, y la vació. Luego usó el recipiente vacío para apartar algunos platos y hacer un espacio para sí mismo. — ¿Sabes de la batalla que se está librando en la capital con el Señor Demonio o quien sea?

Fue una pregunta retórica. Sacó un pergamino de su bolsa y lo abrió sobre la mesa. Había sido dibujado con tintes de corteza. La abstracta, pero precisa imagen estaba señalizada como un mapa elfo. Representaba una construcción de aspecto antiguo, justo en medio de un páramo.

—Un consejo de guerra estaba a punto de ser llamado, pero entonces descubrieron que había un montón de goblins viviendo justo detrás de ellos.

—Un nido de goblins, ¿no es así como se llama?

—Sí, y es uno muy grande, también.

Aquí. La elfa arquera miró hacia donde apuntaba el chamán enano y parpadeó. Miró el símbolo de la antigua construcción en medio del páramo, y luego al inmenso bosque no muy lejos de eso.

—Hey… ¡ese es mi hogar!

—Mm. Eso explicaría por qué estás aquí…

El lagarto sacerdote mordisqueó más carne del hueso, la masticó varias veces y la tragó antes de seguir hablando.

—… ¿A esto le llamas política?

—Por supuesto. El chamán enano asintió con firmeza. Bueno, esto fue un buen lío. Uno de sus miembros estaba aquí para satisfacer el honor de alguien. El olió problemas delante. —Mi tío puede pensar que no es razonable, pero no podemos dejar que los humanos se queden sentados mientras nuestros ejércitos son los únicos que se movilizan.

— ¿Y nada de rheas ni padfoots?

Las orejas de la elfa arquera se contrajeron al mencionar a la gente de la bestia. La soldado cara de perro con la que había estado peleando había sido reprendida por un oficial superior que había entrado corriendo. Mientras el oficial tiraba de la cara larga de la soldado, ella se había preguntado si ese trato era algo cotidiano, o si a los perros simplemente, por su naturaleza, les resultaba difícil ir en contra de sus superiores.

En cualquier caso, la Ciudad de Agua era una ciudad hermosa, donde no se sentían amenazados.

—No creo que podamos esperar más que algunos voluntarios de ellos.

Había rheas particulares de gran valentía, pero esto no se extendía a sus clanes o a sus administradores. En el fondo, adoraban la paz y la tranquilidad, y tenían poco interés en todo lo que no concierne directamente a su patria.

Los padfoots eran padfoots; eran tan diversos que era difícil unirlos rápidamente a todos detrás de una misma causa. Cuando se reunían, dependiendo de qué tribu tomara el liderazgo, las cosas podían ir muy bien o muy mal. Esto era cierto incluso con respecto al despertar del Señor Demonio y la guerra subsiguiente contra todos los que tenían palabras en el continente. Por supuesto, si el peligro se acercaba lo suficiente, se unirían y se levantarían por su cuenta…

—Nuestro otro problema es que tenemos que conseguir que un humano se una a nosotros.

— ¡Ah! Conozco uno bueno. La elfa arquera levantó la vista del mapa. Alzó su largo y delgado dedo índice, dibujando un círculo en el aire. —Se llama Orcbolg. Un guerrero que mata goblins en la frontera.

— ¿Qué, quieres decir Corta barbas?

—Correcto. Puede que no lo sepas, pero ahora mismo, hay una canción muy popular sobre él dando vueltas.

En realidad ella no sabía si la canción era popular o no, pero necesitaba una oportunidad de parecer inteligente.

 




¡El Rey Goblin ha perdido la cabeza ante un Golpe Crítico de lo más terrible!
Azul ardiente, el acero de Goblin Slayer brilla en el fuego.
Así, el repugnante plan del Rey llega a su fin, y la encantadora princesa se acerca a su salvador, su amigo.
¡Pero él es Goblin Slayer! En ningún lugar permanece, sino que jura viajar, no tendrá a otro a su lado.
El aire es lo único que encuentra a su alcance la doncella agradecida—el héroe ha partido, sí, sin mirar nunca atrás.

 

Cuando terminó de tararear la melodía, ella hizo un sonido orgulloso y resaltó su pequeño pecho.




—No lo sabes porque literalmente has estado viviendo bajo una roca. Eso son los enanos para mí.

—Está bien que alguien que se queda encerrado en su bosque lo diga.

El chamán enano le dio una mirada sombría, mientras ella agitaba sus orejas en satisfacción propia.

Supongo que esa canción es sólo la mitad de la verdad. Esa era siempre la mejor opinión sobre las melodías de un bardo.

—Pero, ahh, ahem.

Esta niña elfa de orejas largas debe ser una guardabosque o exploradora. El hombre lagarto era un sacerdote… una especie de monje guerrero, lo más probable. Él mismo conocía la magia, por supuesto, y también sabía cómo manejar un arma. Pero ellos aún no tenían suficientes combatientes.

No podía decirlo con seguridad hasta que lo viera, pero eraalguien el cual tenía escrita una canción sobre él. Era razonable asumir que tenía un buen nivel de habilidad.

—…Eso es suficientemente bueno.

—La recompensa se dividirá equitativamente, entonces. ¿Estamos de acuerdo en asumir que mi lord Goblin Slayer se unirá a nuestra compañía?

El sacerdote lagarto entró al grupo moviendo sus ojos. El chamán enano y la elfa arquera asintieron.

En ese momento, el lagarto dijo —Entonces, planifiquemos. Y tocó la punta de su nariz con la lengua.

—Primero, esta ciudad. Dijo el chamán enano, mirando al mapa. — ¿En qué ciudad dijo que estaba?

—Bueno, le pregunté al bardo, y… El dedo pálido de la elfa arquera buscó en el mapa elfo. Finalmente encontró la ciudad fronteriza, y ella golpeó el lugar con una uña bien cuidada. — ¿Quizás por aquí?

—Eso no está muy lejos. Sin embargo… Aún así. El sacerdote lagarto parecía inmensamente serio mientras miraba el mapa. —Buscamos frustrar los planes de nuestro enemigo. Creo que podemos asumir que esto provocará una represalia.




— ¿Hm? Puede que nos ataquen en medio de una aventura, ¿es lo que quieres decir?

—Arreglemos esto ahora para evitar esa posibilidad. Antes de que tengan la oportunidad de consolidar sus fuerzas.

— ¡Déjanoslo a nosotros! Bop. La elfa arquera cerró el puño y golpeó su pequeño pecho con fervor. — ¿El destino del mundo pende de un hilo? ¡Ahí es cuando los aventureros hacen su mejor trabajo!

—Oye, ahora. Dijo el chamán enano, con los ojos bien abiertos. —Sabes que esto no es un juego, ¿verdad?

—Claro que sí. No sé ustedes, los enanos, pero los elfos siempre han usado sus arcos para mantener el mundo a salvo.

—Oh-ho. No me digas. Los ojos del hechicero se abrieron un poco; se tiró de la barba y suspiró. — ¿Así que el yunque que tienes por pecho, no interfiere al disparar tu arco?

— ¿Yunque?

—Es duro… y plano.

— ¡Por qué, tú…!

La vergüenza y la ira enviaron sangre corriendo a las mejillas de la arquera. Hubo un estruendo cuando se levantó de su silla y plantó sus manos sobre la mesa mientras se apoyaba sobre ella.

— ¡Qué descaro! Esto cuando ustedes los enanos… uhh, um… Ella se detuvo allí, con la boca abriéndose y cerrándose. Sus orejas se agitaban hacia arriba y hacia abajo, y la punta de su dedo trazaba un camino sin rumbo en el aire. — ¡C-cierto! ¡Esas barrigas! ¡Sus estómagos harían que un tambor pareciera delgado!

— ¡Quiero que sepas que lo llamamos estar sólidamente constituido! Un enano prefiere este tipo de cuerpo… El chamán enano se detuvo, y luego miró a la elfa por el rabillo de su ojo. —…Lo que a ustedes los elfos les podría gustar.

La elfa arquera no podía dejar de notar su mirada en su propio pecho. Se cruzó de brazos con un resoplido deliberado, dejando claro su desagrado.

— ¡Siempre supe que los enanos tenían un sentido retorcido de la belleza!

— ¿Quién es el que viene a comprar nuestra metalistería? Oh, cierto. Elfos.

— ¡¿Y qué?!

Y ellos estaban peleando. Otras personas en la taberna observaban esta antigua rivalidad entre las razas, que se desarrollaba frente a sus ojos. Pero la atmósfera pronto cambió. Peleas y discusiones eran muy comunes.

— ¡Cinco de plata por el enano!

— ¡Una moneda de oro a la elfa!




— ¡Vamos, chica!

— ¡Dale una buena nalgada, viejo!

El sacerdote lagarto agitó su cabeza y suspiró. Luego pronunció un gran siseo. Ante la abrumadora sensación de un reptil en cacería, los dos aventureros cerraron la boca. El sacerdote lagarto asintió.

—Mm.

Bien.

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