Goblin Slayer

Volumen 4

Capítulo 6: De la Destrucción del Templo de la Perdición Subyugado de Demonios

Parte 1

 

 

Riiing. Ella entrecerró los ojos con un alegre confort mientras agarraba su báculo. El primer viento que señaló el fin del verano le rozó las mejillas. El carruaje traqueteó. Qué agradable hubiera sido caminar a su lado en la carretera.

Volvió a ser ella misma. Casi había olvidado que estaba en medio de una misión de escolta. Como miembro del clero, a veces sentía que podía sentir la presencia de los dioses en momentos como estos.




Sólo unas pocas nubes salpicaban el cielo. A lo lejos, una sombra oscura volaba. ¿Un halcón? ¿Un águila?

—Ese pájaro está muy arriba, ¿no?

—Ciertamente…

El que había hablado con ella estaba sentado en el techo del carruaje.

El explorador con la ballesta no estaba allí, por supuesto, para divertirse. Alguien tenía que vigilar. Se había confiado en el explorador para que vigilara los alrededores y no dio señales de dejar de prestar atención.




Así que la sospecha en la voz del explorador hizo que ella inmediatamente agarrara más fuerte su báculo. Cada uno de los otros preparó su equipo también, preparándose contra algo que no podían ver. El único que parecía no darse cuenta de nada era el dueño del carruaje, un comerciante. Le ignoraron y él preguntó — ¿Qué es todo esto, entonces?




El explorador dijo en voz baja — ¿No crees que ese pájaro es demasiado grande?

—Ahora que lo mencionas…

Sucedió cuando ella trató de verlo más de cerca.

Eso se estaba acercando mientras miraba: piel y garras, pico y alas del color de la ceniza oscura…

— ¡Demonio!

Reaccionaron a la voz de su compañero, el explorador, pero ya era demasiado tarde para tomar la iniciativa. En su caso, era críticamente demasiado tarde, y el monstruo—el demonio de piedra—era dolorosamente rápido. No era el destino ni la casualidad, sino una fría diferencia en sus habilidades lo que hizo que fuera su perdición.

Cuando ella pensó ¡¿Huh?! sus pies ya estaban flotando sobre el suelo. Agitó las piernas, pero no significó nada; fue arrastrada hacia el aire. El suelo, el carruaje, sus amigos, todos se alejaron.

— ¡¿Ergh…ahh…ow…ciiielos?!

Golpeó al monstruo con su báculo en su desesperada lucha por resistirse, tras lo cual eso le clavó sus garras en los hombros y la sacudió.

Miró hacia abajo y chilló en la altura. Sintió que la parte inferior de su cuerpo se humedecía.

—Hrrgh… ¡Eeegh!

Los problemas no terminaron ahí. Su muslo ardió como si hubiera sido golpeado con pinzas calientes. El explorador debe haber lanzado una flecha en un intento de hacer algo, y el demonio debe haberla usado como escudo.

Miró hacia abajo, con su visión nublada por las lágrimas, para ver a su hechicero cantando algo.

¡Para, para, para, para! Agitó su báculo desesperadamente, agitando su cabeza ¡No, no!

¡Estamos equivocados! ¡Esto no es un demonio! ¡No es un…!

— ¡Aaaaahhhh!

La criatura esquivó el torrente de rayos, azotándola. La flecha de su muslo se clavó más profundamente en la carne. Ella gritó y tembló.

Ella no debió haber hecho eso.

Las garras de sus codos se deslizaron afuera, rasgando piel y carne, y extrayendo sangre.

— ¡Hrk!

Se le escapó un sonido. La sensación de flotar. Viento. Viento. Viento. Viento.

¡Oww, tengo miedo, ayúdame, Dios del Conocimiento, oh Dios, ¡oh Dios…!

Lamentablemente, todo esto pudo haber sido un ferviente deseo de su parte, pero no era una oración.

Así que no llegó a los dioses. Su única buena suerte fue que no sintió dolor. Tuvo mala suerte hasta el momento en que golpeó el suelo, su conciencia nunca la abandonó.

Aunque ahora que era un bulto de carne en ruinas, eso realmente no importaba.

*

 

 

—Entonces, ¿cuál es el plan?

Una brusca voz masculina sonó en el páramo azotado por el viento. La lanza que llevaba en la espalda y la armadura que usaba le hacía parecer guapo y valiente.

Ante los ojos del lancero se alzó una torre blanca, brillando en la luz del mediodía. Las paredes estaban hechas de una piedra blanca resplandeciente; por la forma en que llegaba al cielo sin una sola juntura, podría haber sido de marfil. Pero la idea de que no había ningún elefante tan grande, dejaba pocas dudas de que esto era producto de la magia.

—Supongo que esa cosa tiene al menos sesenta pisos.

—Entrar por la puerta principal puede ser difícil.




La respuesta vino de alguien no menos heroico que el lancero. Su musculoso cuerpo estaba blindado, y en la espalda llevaba una espada casi tan grande como él. El guerrero blindado, famoso en la ciudad fronteriza, extendió la palma de su mano y miró hacia arriba, entrecerrando los ojos a lo alto de la torre.

—Ochenta o noventa por ciento de probabilidades de que esta torre fuera construida por el tipo de idiota que la llenaría de monstruos y trampas.

A sus pies había un cadáver brutalmente destrozado; parecía haber sido arrojado desde una gran altura. Ellos ya habían recolectado la placa de nivel que había estado alrededor de su cuello, dando su nombre, género, rango y clase. Aparentemente el cuerpo pertenecía a una joven, pero no sabían si había muerto antes de su caída o a causa de ella.




Vieron otros puntos carmesí alrededor de la torre, presumiblemente eran más restos.

—Supongamos que algún extraño tipo mágico lo construyera como un escondite. Yo diría que se ha vuelto malo.

El guerrero blindado dio al cadáver un suave golpe con su bota. El dueño de la torre era un No Iluminado—él había olvidado cómo. Lo que significa que esta aventura sería básicamente un entrar y matar, lleno de monstruosos oponentes.

—Dudo que sea necesario que los enfrentemos de frente.

La última persona habló en voz baja y tranquila. Era un hombre con sucia armadura de cuero y un casco de acero de aspecto barato, con un escudo redondo en el brazo y una espada de una extraña longitud en la cadera. Él metió su mano en la bolsa de objetos que tenía en la cintura y empezó a escarbar en su equipo.

—Podemos escalar la pared.

—Oye, ¿quieres decir con una cuerda o algo así?

— ¡Si las anclas se salen a mitad de camino, caeremos!

—Sujeta un pitón [1] en cada mano y sube.




El lancero se encogió de hombros exasperado, mirando fijamente al pitón que había fabricado Goblin Slayer.

— ¿Tienes experiencia escalando?




—Un poco, en las montañas. Lados escarpados de un acantilado, también.

El guerrero blindado se cruzó de brazos y gruñó. Levantó un dedo, midiendo la altura de la torre, y chasqueó su lengua.

—La pregunta es cómo luchar contra cualquier cosa que te salte en el camino. No tiene que ser un demonio. Una gárgola sería suficiente problema.

— ¿Gárgola?

—Estatuas de piedra. Dijo el guerrero blindado, indicando su tamaño aproximado con sus manos. —Con alas. Vuelan alrededor del cielo.

—Hrm. Goblin Slayer soltó un gruñido. —Así que también hay enemigos como esos.

—Sí. Personalmente, me gustan el armamento cuerpo a cuerpo, pero… un usuario mágico haría las cosas más fáciles ahora mismo.

—No te entusiasmes tanto aquí, ¿huh? El lancero miró al guerrero blindado, que había comenzado a formular una estrategia con la mayor seriedad, como si no pudiera creer lo que estaba viendo.




—Entonces, ¿qué? ¿Quieres abrirte camino, detectar y desarmar trampas, buscar por ahí? Por supuesto que no. El guerrero blindado suspiró, deslizando la inmensa espada en su espalda para descansarla entre sus omóplatos. —Porque no tenemos ningún hechicero, ni monje, ni ladrón.

En ese momento, el lancero sólo pudo callarse.

 

 


[1] Los pitones, también conocidos como pines o clavijas, son estacas metálicas delgadas que clavas en las grietas de una pared de roca para protegerte contra las caídas y para ayudarte en la escalada.

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