Goblin Slayer

Volumen 4

Capítulo 5: De un Día en el Que Él no Está Aquí

Parte 3

 

 

— ¡Aww, hombre! ¡Mi país es pan tostado!

—Lástima… Bueno, no es muy gracioso.




— ¡Ese dragón es demasiado fuerte! No tengo el equipo ni las habilidades para manejarlo.

—Pero encontrarás la manera. ¿No es eso lo que te convierte en un rango platino?

Después de examinar las mercancías en el taller, las dos se dirigieron a la taberna y vieron un espectáculo extraño.

Era pasado el mediodía, pero aún no era de noche, y no había muchos clientes en la taberna del Gremio. En todo caso, la taberna parecía estar preparándose. Las sillas se colocaban en las mesas, y la mesera estaba barriendo una esquina del suelo.

La inspectora, la recepcionista y la elfa arquera estaban sentadas en una mesa con las cartas esparcidas delante de ellas. Hacían un extraño grupo, pero al menos hacían uno.




— ¿Qué están haciendo todas ustedes…? Preguntó la sacerdotisa vacilantemente, parpadeando mientras daba un vistazo a la mesa.

Todavía parecía un poco agitada y no había podido calmarse todavía; ella enderezó su ropa un poco desaliñada.

—Oh, es un juego de mesa. Contestó la recepcionista, mirando por encima de su hombro a la sacerdotisa. Ella tampoco llevaba su uniforme, sino ropa personal. Daba una imagen ordenada y elegante.

Pensando para sí misma, Se ve bien, la granjera dirigió sus ojos a la mesa. Había, de hecho, un tablero de juego con varias piezas, cartas y dados.

—Lo encontré cuando estaba organizando unos papeles viejos ayer, así que pensamos en probarlo…

— ¡Pero ese dragón! ¡Es muy fuerte! Se quejó la elfa arquera, su pequeño pecho se presionó contra la mesa.

—Si no fuera fuerte, no sería un dragón. Entiendo lo que estás diciendo, pero tómeselo con calma. Dijo la inspectora, también vestida con ropa personal, con una sonrisa forzada. Aparentemente, la pieza roja del dragón colocada en medio de la mesa era el wyrm en cuestión. Y las piezas situadas a su alrededor eran todos los aventureros que habían muerto desafiándolo.

—Entonces, ¿qué opinas? Preguntó la elfa arquera, girando su cabeza hacia la sacerdotisa.

—Oh, vale. La sacerdotisa asintió avergonzada. —Ya casi había terminado.

—Genial. Dijo la elfa arquera, llamándola con su mano. —En ese caso, ayúdame aquí. Ya no tengo suficientes aventureros.

— ¿Hay… aventureros en este juego de mesa? La granjera inclinó su cabeza perpleja. Casi tenía la idea, pero no podía darle sentido.

—En pocas palabras, pretendes ser un aventurero. Dijo la recepcionista. —Pero hay muchas reglas y cosas así.

— ¿Fingir ser un aventurero? Murmuró la granjera, reflexionando acerca de la idea. — ¿Así que tú, matas goblins y esas cosas?

—Claro. Existen algunos más básicos, donde eres como un verdadero aventurero buscando en una cueva. La recepcionista pinchó una de las piezas de metal, quizás un guerrero ligero con equipo de aspecto cutre o ladrón, y sonrió. Por lo que pudo ver la granjera, la pieza no llevaba casco. Estaba ligeramente decepcionada.

—Esto es desde una perspectiva de alto nivel, donde la pregunta es cómo proteges al mundo del peligro.

—Tienes que recolectar las armas legendarias y armaduras, y asegurarte de que tus habilidades estén al máximo antes de que el dragón despierte. Refunfuñó la elfa arquera, levantando abruptamente su cabeza y dejando caer sus orejas. —Pero no tenemos suficientes manos o tiempo suficiente.

—También puedes tomar misiones de la aldea, y acumular equipamiento, y luchar contra el dragón. La inspectora contó las misiones con sus dedos, asintiéndose a sí misma. Parecía llena de confianza a pesar de haber perdido la batalla, lo que la hacía parecer tonta pero fiable. —Te puede dar el gusto de dirigir un Gremio de aventureros, donde tienes que hacerlo todo.




—No sabía que había juegos como éste. Dijo la granjera, extendiendo una mano con gran interés y recogiendo una pieza que parecía un caballero con armadura y casco.

Él parecía un poco más andrajoso, o al menos, su equipamiento parecía más barato—pero qué bonito caballero. Nada mal.

—Esto es completamente nuevo para mí…

En su mente, los “juegos” se limitaban mayormente a aquellos en los que anotabas puntos con combinaciones de cartas. Entretenimientos similares podrían incluir escuchar canciones, jugar a los dados y tal vez competiciones si hubiera un festival.

La recepcionista soltó una risita, viéndola a ella mirar fijamente las piezas y la tabla.

— ¿Quieres probar?

— ¿Eh? ¿Puedo?

—Claro. Dijo la recepcionista, arrugando los ojos y asintiendo al rostro iluminado de la granjera. —No es fácil esperar ahí sin hacer nada, ¿verdad?

—Hrm. La granjera emitió un pequeño sonido. No había nadie mejor que esta chica. Supongo que esto es lo que llaman una mujer adulta.

Sea o no consciente de los pensamientos de la granjera, la recepcionista nunca dejó de sonreír.

—Vamos, nos encantaría tener más aventureros. ¡No seas tímida!

—Uh, claro, no te importa si lo hago, entonces… ¿Qué tal si vienes conmigo? Ya que estás aquí.

— ¡Oh, vale!

La granjera le dio a la sacerdotisa un tirón en la manga, prácticamente tirando de ella hacia un asiento. Ahora había cinco mujeres formando un círculo completo alrededor de la mesa redonda. Sin duda muchos aventureros, si hubieran sabido de esto, hubieran querido ir a la taberna.

—Así que, por favor, empieza escogiendo tu pieza. Dijo la recepcionista, su voz y sonrisa eran más tiernas de lo que solían ser en la recepción.

—Hmm… La granjera puso sus manos juntas frente a su pecho, mirando fijamente a los varios aventureros alineados en la tabla.

Sí… creo que éste es el que quiero.

Aunque no estaba segura, tomó al caballero que había agarrado antes. El casco de acero hacía imposible ver su cara, pero tenía el escudo y la espada levantados y miraba hacia delante.

—Para mí… creo que éste.

—Oh, um, elegiré… La sacerdotisa puso un dedo pálido en sus labios y pensó, un poco perdida mientras observaba a los peones. Entonces, con un “¡ah!” miró todos rápidamente y eligió una figura en particular.




— ¡És-éste, por favor!

El personaje que había elegido era un hechicero de elfo, su voluptuoso cuerpo estaba envuelto con una túnica.

—Buena elección. Dijo la elfa arquera con una risa empática, y la sacerdotisa se avergonzó un poco.

—Ok, para mí… La elfa arquera movió sus oídos con una expresión como la de un cazador acechando a su presa. — ¡Bien! ¡Elegiré éste esta vez! ¡Un guerrero enano!




—Dios, ¿estás segura? Preguntó la recepcionista, pero la elfa arquera respondió, —¡Por supuesto! E infló su pequeño pecho. —¡Mostraré a ese enano que soy mejor… enano… que él!

—Continuaré como explorador, entonces.

— ¡Heh-heh-heh! Eso significa que no tienes un monje. Bueno, me encargaré de eso.

La recepcionista sonrientemente colocó a un guerrero ligero con un equipo de aspecto cutre en el tablero, mientras que la inspectora escogió a un anciano que llevaba un sello sagrado.

Y así sus aventureros fueron elegidos. Un caballero con armadura y casco, una hechicera elfo, un guerrero enano, un explorador ligero y un monje veterano. Este era el grupo que se propuso enfrentar al enorme dragón y salvar el mundo. La recepcionista explicó brevemente las reglas a la granjera, quien luego tomó los dados con firmeza en su mano.

Aquí vamos.




—Mi aventurero es el héroe que protegerá la aldea, rescatará a la princesa y derrotará al dragón.

Con esta decidida declaración, la granjera deja que el primer lanzamiento de dados caiga sobre el tablero.

* * *

 

 

—Ahh, perdimos.

La ciudad y el cielo estaban teñidos con el ultramarino del crepúsculo. La granjera habló indiferentemente, mirando hacia las estrellas que parpadeaban a lo lejos. Mientras caminaba, sus manos estaban entrelazadas detrás de ella, la sacerdotisa le seguía rápidamente y a cortos pasos, como un pajarito.

—No fuimos capaces de conseguir la Espada Mata Dragones, ¿verdad?

—No pudimos atravesar sus escamas.

Al final, habían tenido las manos llenas con las matanzas de goblins. El dragón había destruido a las chicas, y no habían sido capaces de salvar el mundo, pero…

—Pero seguro que fue divertido, ¿no? Dijo la sacerdotisa.

—Claro que sí. La granjera estuvo de acuerdo.

El otoño todavía parecía estar aún lejos, pero la brisa que soplaba más y más fría lo recordaba.

El mundo que él vio.




El mundo en el él que vivía.

Ella lo había captado el más mínimo vistazo.

—Hey… La granjera rio mientras la brisa acariciaba su piel, enrojecida por el juego. —Mirar los objetos en la tienda de armas, jugar en la taberna… No es muy cosa de chicas, ¿verdad?

—Ah-ha-ha-ha…

La sacerdotisa hizo una risa falsa y evitó la pregunta. Era tres o cuatro años más joven que la granjera, y parecía una hermana pequeña.

Me pregunto qué piensa de ella.

—Hm. La sacerdotisa pudo o no haber notado el pequeño suspiro que dejó salir la granjera. Pero ella la miró con una cándida sonrisa.

—Me gustaría volverlo jugar algún otro día.




—…Sí. Yo también.

—En ese caso… La sacerdotisa corrió varios pasos hacia delante, tap-tap-tap, y giró para ver de frente a la granjera. Su pelo dorado fluía detrás de su cabeza, atrapando la última luz del sol que se hundía y brillaba. —… ¡Hagámoslo!

Huh. La granjera exhaló sin darse cuenta. Supongo que tengo algunas conexiones aquí.

Pensó que sólo lo tenía a él y a la granja. Pero como él estaba conectado a esta chica, ahora ella también lo estaba.

—…Seguro. La granjera le sobrepasó y sonrió. —Hagámoslo de nuevo algún día.

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