Goblin Slayer

Volumen 4

Capítulo 5: De un Día en el Que Él no Está Aquí

Parte 2

 

 

—Ahora que lo pienso, aún queda mucho camino por recorrer, pero cuando acabe el verano, llegará el momento del festival de la cosecha, ¿no?

—Oh, sí. El Templo comenzará pronto los preparativos para el baile de ofrendas.

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—Me pregunto quién será el bailarín. ¿Pensaste en ser una candidata?

—No, difícilmente. Conlleva mucha responsabilidad. Aún no estoy lista.

— ¿Tú crees? Tal vez nuestra granja debería montar un puesto… Podríamos hacer algo más que comida.

—Ya hace bastante calor, pero el otoño llegará antes de que te des cuenta, ¿no?

Mientras las dos caminaban una al lado de la otra, sin un destino en particular, conversaban ociosamente.

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La ciudad fronteriza era una de las colonias pioneras más lejanas. Naturalmente, tenía muchos visitantes y mucha gente caminando. Pero, por supuesto, no tantos como la Ciudad de Agua o la capital, por lo que mientras caminaban vieron rostros que conocían aquí y allá.

— ¡Oh, me alegro de verte!

— ¡Hola!

La granjera se inclinó, y la sacerdotisa asintió respetuosamente al pasar ante un aventurero que reconocieron. Su círculo de conocidos había crecido ciertamente desde el asalto del lord goblin al pueblo.

Es una sensación extraña.

La granjera se rio involuntariamente, provocando una mirada desconcertada por parte de la sacerdotisa.

—Nada, nada. Dijo la granjera, agitando su mano, pero la sonrisa no desapareció de su cara.

Cualquier cosa que él dijera, estaba claramente conectada con un gran número de personas.

No como yo, ¿huh?

—…Oye. ¿Cómo es él? Quiero decir, normalmente.

— ¿Cómo es él? ¿Qué quieres decir?

—Me preguntaba si era un dolor de cabeza o algo así.

La granjera entrelazó sus manos detrás de ella y giró su cuerpo, pero la sacerdotisa agitó sus manos y dijo — ¡Oh, difícilmente! Siempre me está ayudando y todo eso. Me temo que soy yo quien causa todos los problemas.

No parecía haber ninguna falsedad en las palabras o expresión de la sacerdotisa.

La granjera calmó su amplio pecho aliviada. ¿Aliviada de que no estaba causando problemas? ¿O de que no era detestado? Ella no sabía cuál.

—Pero… La sacerdotisa bajó la voz y guiñó un ojo burlonamente. —Tal vez es sólo un pequeño dolor.

— ¿Ah, sí?

Las dos se miraron y rieron.

Era cuestionable, de alguna manera, que él fuera el tema que compartían, pero al mismo tiempo, era fácil hablar de él. Cómo él podía ser extraño, serio y denso, y no podías dejarlo solo. Eso les daba bastante tema de qué hablar.

—Pero es verdad que le debo mucho.

La sacerdotisa describió un lado de él que la granjera nunca había visto.

Cómo cuando ella lo vio por primera vez, y pensó que él era un monstruo.

Cómo cuando él estaba, aparentemente, tratando de actuar como un aventurero de rango plata. Cómo cuando el rápidamente se emborrachó cuando el grupo se reunió para beber. Cómo siempre estaba dispuesto a hacer guardia, dado el gran número de hechiceros en su grupo.

Eso suena tan parecido a él, pensó la granjera. Pero ella también pensó, ¿Él ha ido a beber con todos?

—Y me ha enseñado mucho sobre como aventurarse.

— ¿Cómo qué?

—Como… La sacerdotisa tocó su labio con un dedo. —La cota de malla, por ejemplo.

— ¿Cota de malla…?

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En el fondo de su mente, la granjera trató de imaginar todos los objetos que él guardaba en su cobertizo. La cota de malla era una de sus piezas favoritas de equipamiento. Se acordó de él puliéndolo cuidadosamente con aceite. Incluso le había enseñado cómo hacer reparaciones de emergencia a las secciones dañadas usando alambre.

—Pero… De repente recordó una pregunta que había tenido durante mucho tiempo. — ¿No es esa cosa pesada?

—Si atas un cinturón alrededor de tus caderas o abdomen, el peso se reparte por todo el cuerpo, así que no es tan malo. Luego añadió —Pero tus hombros se ponen rígidos.

La granjera asintió. Eso tenía sentido. —Es difícil ser un aventurero, huh…

—Llevo sólo la cota de malla, pero creo que a muchos usuarios de magia no les gusta usarlo. El enano, por ejemplo, parecía ignorarlo.

La granjera asintió indiferentemente ante las palabras de la sacerdotisa. Había una vieja tradición de que el metal interfería con la magia, pero ella no sabía cuan cierta que era. Estaba medio convencida de que debía ser una superstición, pero de vez en cuando había gente que quería herraduras para evitar la magia.

Magia, brujería y milagros divinos eran cosas de las que la granjera no sabía nada.

Lo que más le interesaba era…

—Cota de malla, ¿huh?

— ¿Perdón?

—…Oye, el Gremio vende cotas de malla, armaduras, cascos y cosas así, ¿cierto?

— ¿Qué? Oh, sí. Dijo la sacerdotisa, asintiendo apresuradamente. —Yo me compro el mío allí.

—En ese caso… La granjera sonrió como una niña que se escabullía de sus padres para ir a jugar. — ¿Qué tal si vamos a mirar?

* * *

 

 

—Ci-cielos…

Y ahí, frente a los ojos de la granjera, estaba la ropa interior. O mejor dicho, una armadura que era prácticamente ropa interior.

Era un conjunto que incluía sólo una cubierta en el pecho y algo pequeño para la parte inferior del cuerpo. Categóricamente hablando, podría ser llamada armadura ligera.

En términos de movilidad, supera fácilmente a una armadura metálica completa.

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La armadura en sí misma era bellamente curvada, elaborada y sólida. Desde esa perspectiva, era indiscutible.

El problema era que no cubría suficiente superficie.

Sólo era una armadura para el pecho—realmente, armadura para los senos—y bragas.

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Tenía hombreras, ciertamente, pero ese no era el problema.

— ¿Eh? ¿U-usas algo más con esto?

—No, eso es todo. El joven aprendiz trabajando con una espada junto con una piedra de afilar redonda detrás del mostrador les dio un vistazo. Él había estado mirando durante algún tiempo, de hecho, quizás preocupado por las chicas que sujetaban la mercancía.

— ¿Al… Alguien ha comprado esto? Preguntó incrédulamente la sacerdotisa.

No estaba claro si ella notó el rubor de sus mejillas.

—Bueno, es fácil moverse. Y proporciona un mínimo de protección… Al menos, ese es el discurso de venta. Entonces el muchacho murmuró algo que sonaba como una excusa —No estoy seguro de que debiera decir esto, pero… Y agregó —Algunas personas, ya sabes. Quieren atraer chicos…

— ¿Atraer? Sí, probablemente recibirías algo de atención en esto. La granjera tomó la armadura bikini, sonrojándose y murmurando —Demonios.

La examinó desde el frente, la volteó y la observó desde atrás, pasó el dedo por los ángulos importantes de la cadera, la extendió y la volvió a examinar.

— ¿No es esto demasiado revelador?

—…Recibimos suficientes órdenes para que valga la pena tenerlo aquí. Murmuró el joven aprendiz, discretamente desviando sus ojos.

—Hmm. Exhaló la granjera. —Supongo que tendrías que tener valor para llevar algo tan peligroso. Es básicamente un traje de baño.

—Es cierto… La sacerdotisa asintió con una expresión ilegible. Ella siguió estudiando con gran curiosidad los objetos en las estanterías. Como alguien cuya posición era la última línea, tal vez no había estado tan expuesta a armas y armaduras. La granjera era tan curiosa como la sacerdotisa.

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—Oh, esto… De repente, la sacerdotisa se detuvo frente a una armadura.

Había tomado algo con una sonrisa. Era un casco.

—Oye, lo reconozco.

Fue la respuesta natural de la granjera, que también sonreía. La sacerdotisa había tomado un brillante, pero de aspecto barato, casco de acero. Excepto por los cuernos que crecían a ambos lados y el hecho de que era nuevo, era como el de él.

La granjera examinó el interior del casco a través de su visera vacía, y luego aplaudió.

—Oye, ¿y si nos lo ponemos?

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— ¿Eh? ¿Podemos hacer eso? La sacerdotisa inclinó su cabeza confundida ante la inesperada idea.

—El cartel dice que puedes probar objetos.

—Umm, está bien entonces, aquí vamos…

Sosteniendo el casco con una pizca de renuencia, la sacerdotisa tomó primero un pasamontañas de algodón con “Para encajar” escrito en él. La jaló hacia adelante, prestando cuidadosa atención a su largo cabello, y luego deslizó el casco de acero sobre él.

—Ci-cielos…

Su delicado cuerpo se inclinó a un lado; el casco debe haber sido tan pesado como parecía. La granjera levantó su mano frenéticamente para apoyarla. La delgada figura de la chica era sorprendentemente ligera.

—Whoa, ¿estás bien ahí?

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—Oh, estoy bien. Sólo un poco desequilibrada…

Dentro del visor podían ser vistos los ojos de la sacerdotisa, que aún parecía inocente a pesar del equipo. Por el ligero enrojecimiento de sus mejillas, parecía extrañamente avergonzada.

—Heh-he… Su…supongo que es bastante pesado. Y hace que sea difícil respirar…

—Eso es porque es un casco de cabeza completa. Es natural, que la visera esté muy ajustada.

Al comentario del joven aprendiz, la sacerdotisa se apresuró a soltar los ganchos, y la visera se alzó.

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— ¡Phew!

La granjera rio entre dientes ante el aparentemente involuntario suspiro de alivio, y la cara de la sacerdotisa se puso aún más roja.

— ¡Es-esto no es asunto de risa!

— ¡Ahh-ha-ha-ha-ha! Lo siento, lo siento. Vale, soy la siguiente.

La sacerdotisa se quitó el casco y luego el pasamontaña. Cuando la granjera los cogió, y se cubrió la cabeza, olió un ligero y dulce aroma a sudor.

¿Hm?

¿Eso… no era perfume, pero olía como uno naturalmente? ¡Celos! Con ese pensamiento, ella se colocó el casco.

—Ci-cielos… Esta bastante apretado aquí.

—Sí, ¿cierto?

A través de la fina rejilla del visor, el mundo era oscuro, angosto y amenazador. Ella aspiró y exhaló, con su visión tambaleándose mientras lo hacía.

¿Es este el mundo que él ve?

¿Qué le parecían ella, la sacerdotisa y sus compañeros a él? ¿Cómo se veían sus rostros?

—Puedo más o menos imaginarlo, pero…

— ¿Qué cosa?

—Mm. ¿No es un poco injusto que pueda ver nuestros rostros, pero no podemos ver el suyo?

—Ahh. Dijo la sacerdotisa con una risita. —Eso es verdad.

—No es que crea que él esté tratando deliberadamente de esconderse… ¡Hup!

Ella asintió cuando el aprendiz dijo —Ponlo donde lo encontraste, ¿de acuerdo? Devolvió el casco y el pasamontaña a la estantería.

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Dejó escapar un suspiro, con su pecho rebotando mientras estiraba el cuello hacia aquí y hacia allá. No se consideraba a sí misma con mal estado físico, pero de todos modos, la armadura definitivamente dejaba tus hombros rígidos.

Hmmm… —Digamos…

— ¿Sí?

—Ya que estamos aquí… La granjera sonrió como una niña con una broma en mente. — ¿Por qué no nos probamos esa armadura?

La sacerdotisa miró hacia donde señalaba y rápidamente bajó su cabeza, de un color rojo brillante.

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