Goblin Slayer

Volumen 4

Capítulo 5: De un Día en el Que Él no Está Aquí

Parte 1

 

 

—Mrm… ooh… hha…

Poco después del amanecer, el aire fresco rozó su piel; ella se agitó y giró en sus mantas haciendo pequeños ruidos.




Normalmente, ella ya habría esperado oírlos a estas alturas, pero hoy no había señales de pasos que se acercaran.

— ¿…Oooh…?

No era de las que tenían problemas para levantarse de la cama, pero sin los sonidos a los que estaba acostumbrada, le costaba mucho trabajo abrir los ojos.

Cuando finalmente se arrastró fuera de su cama de paja, se frotó los pesados y soñolientos párpados e hizo un gran bostezo.

El mediodía aún era cálido, pero las noches y las mañanas se habían tornado frías.




Con muchas sacudidas y meneos de pechos, ella puso su ropa interior sobre su saludable y regordete cuerpo, como siempre.

—M-mm… sólo un poco… demasiado apretado, ¿quizás?

¿Había engordado un poco? ¿O sólo ha crecido un poco? Sea lo que fuera, ella no le dio la bienvenida. Era injusto para su tío estar comprando constantemente ropa nueva y ropa interior.

Pero entonces, tampoco es bueno usar cosas que no te quedan.




Tal vez haría algunas alteraciones a las ropas.

Con esos pensamientos en su mente, abrió la ventana y la fresca brisa de la mañana entró en su habitación.

Sonriendo de placer, ella se asomó afuera, descansando su voluptuoso pecho sobre el alféizar de la ventana.

Era una escena que ella conocía y le gustaba.

La extensión de los campos de cultivo. El mugir de vacas en la distancia. El cacareo de las gallinas. Humo saliendo de la lejana ciudad. El mundo.

—…Oh, así es. Murmuró distraídamente la granjera, mientras se bañaba con la dorada luz del sol. —Él no está aquí hoy.

* * *

 

 

— ¿Qué tal si vas a la ciudad?

— ¿Qué dijiste?

La granjera sólo giró la cabeza para mirar a su tío. El desayuno había terminado, y ella estaba apilando los platos junto al fregadero.

No había mucho que lavar cuando él no estaba allí. Eso hacía las cosas más fáciles, y eso era bueno, a su manera.

—Dije, ¿qué tal si vas a la ciudad?

Ella lo volvió a mirar. Su expresión era simple y franca, y él la observaba sombríamente.

— ¿Hm? Dijo inquisitivamente, mirándole mientras tomaba los platos y los secaba. —Realmente no me importa. Pero no tendría mucho que hacer allí.

—Eso no puede ser verdad. Su tío siempre fue tan serio. Él continuó sin hacer ninguna pausa —Tus amigos están ahí, ¿no?

—Amigos, cierto…

La granjera sonrió vagamente. Tomó un poco de arena de un cubo que estaba junto a ella y la frotó en la superficie de uno de los platos, haciéndolos rechinar.

—Supongo que podrías llamar a esa persona amiga, si quisieras. Pero creo que es más bien una compañera que comparte los mismos valores, tal vez.

—Deberías salir y divertirte a veces.

—Hmm…

La granjera hizo un sonido que no era ni de aprobación ni negación.

Comprobando que la arena había limpiado todas las manchas del plato, ella lo volvió a lavar con agua.

Finalmente, limpió suavemente el plato para secarlo y lo devolvió a la repisa de las vajillas.

—Pero está el ganado que cuidar, la cosecha, el muro de piedra y la valla que revisar, las entregas que hacer, y luego tenemos que prepararnos para mañana…

Ella contaba las tareas que tenía en los dedos, realmente había mucho trabajo. Tantas cosas tenían que hacerse. Cosas que tenían que estar hechas hoy. Cosas que deberían hacerse hoy. Todo tipo de cosas de que ocuparse y que no se podían posponer.

Correcto, la granjera asintió, haciendo que su pecho se sacudiera. —No tengo tiempo para jugar. ¡Es bueno que tengamos trabajo que hacer!

—Te estoy diciendo que vayas a divertirte. Su voz no aceptaría ningún argumento.

Ella lo miró, sorprendida por su agudo tono.

Su tío estaba inmóvil. Cuando se ponía así, su opinión no tenía más posibilidades de cambiar que una piedra de montaña. Había pasado diez años criándola, y ella lo entendió sin que él le dijera nada.

— ¿Eh? Pero… Um…

—Aún estas en una edad temprana. ¿Cuántos años tienes? Quiero oírte decirlo.

—Um, tengo… dieciocho años… Ella asintió diligentemente. —Casi diecinueve.

—Entonces no es tu deber el trabajar desde el amanecer hasta el anochecer todos los días.

La granjera se rompió la cabeza para obtener una respuesta.

…¿Huh? ¿Por qué estoy tan en contra de salir?

El pensamiento apareció en su mente y desapareció. Este no era el momento.

—P-pero, ¿qué hay del dinero?

—Afortunadamente, no somos siervos. Nuestras vidas no están dictadas por la falta de recursos.

—Bueno, es verdad, pero…

No sirvió de nada. Su débil resistencia fue rápidamente sometida, la granjera no tenía palabras.

Bueno, ¿y ahora qué? Los platos estaban limpios, y ella no tenía otras cartas para jugar.

Estuvo en la cocina durante un tiempo antes de finalmente caer en un asiento frente a su tío.

—No tienes que preocuparte por mí. Él era tan amable como siempre, como si estuviera hablando con un niño pequeño.

La granjera frunció sus labios, él no tenía que hablarle de esa manera, pero ella no dijo nada. Tal vez eso fue infantil. En ese caso…

—Ve y diviértete un poco. Mientras la miraba, su escarpada cara repentinamente se suavizó y se relajó. — ¿Una jovencita que trabaja cada minuto en la granja? Seguramente hay cosas de chicas u otras cosas que quieras hacer.

—Me pregunto…

La granjera realmente no lo sabía.

¿Cosas de chicas?

¿Qué podría ser eso? ¿Vestirse? ¿Comer dulces? Todas sus ideas parecían calmadas y vagas.

Comparado con esto, el clima de mañana parecía concreto…

—…Está bien. Dijo ella después de un momento, aún sin estar segura de si entendió algo o no. —Saldré un rato, entonces.

—Sí, haz eso.

—…Bien.

Viendo a su tío aliviado, todo lo que pudo hacer fue asentir.

* * *

 

 

Ella no tenía careta, y él no estaba allí, sólo era ella sola.

Encontró su paso inestable aunque sólo iba a la ciudad por un camino que conocía bien.

¿Cómo es que normalmente caminaba por este camino? Terminó sintiéndose terriblemente desconcertada.

Y entonces, zigzagueando su camino entre los aventureros y los mercaderes mientras venían e iban, ella pasó por la gran puerta y entro a la ciudad.

La granjera sonrió irónicamente mientras sus pies comenzaron a llevarla hacia el Gremio de aventureros, normalmente el primer lugar al que iría. Conscientemente ignorando a su subconsciente, se dirigió directamente al interior de la ciudad, hacia la plaza.

Habían conversaciones en el aire, voces de comerciantes, niños jugando, madres llamando, aventureros charlando entre ellos. Enterrada en los sonidos, la granjera se sentó vacía en un banco aleatorio. Vio pasar a un niño y a una niña, quizás de unos diez años. Los siguió con los ojos y exhaló.




Ahora que lo pienso… — ¿Tengo alguna amiga…?

No quedaba nadie a quien ella conociera desde que era joven. Se había mudado hace diez años, y durante cinco de esos años sólo había estado absorta en lo que había ante sus ojos.

Es un poco tarde para empezar a adentrarse al sendero de los recuerdos.

El camino en el que ella había estado en aquel entonces, tuvo suerte de que él la llamara mientras arrastraba los pies.

Él todavía tenía cuernos en su casco de acero en ese entonces, y su pelo (el de ella) había sido considerablemente más largo.

Durante los cinco años siguientes, su cabeza estaba llena de él. Ella había sido totalmente incapaz de simplemente divertirse.

—Oh, pero…

Agitó la cabeza, pensando en la recepcionista y en la mesera que veía casi todos los días. Podrían contar como amigas, pero sólo había dos de ellas. Bueno, dos amigas podrían ser suficientes.

Mucha gente no podía hacer amigos.




—…Estoy bastante bien de dinero.




Un montón de cosas buenas le hicieron reflexionar. Sonrió débilmente y continuó mirando fijamente a las personas que venían y cruzaban la plaza.




Llevaban una infinita variedad de expresiones. Algunos parecían estar divirtiéndose, otros parecían tristes. Algunos parecían solitarios, otros felices. Pero todos caminaban sin vacilar, con algún tipo de objetivo en mente. Trabajo, o una comida, o un lugar al que ir a casa, o un lugar para divertirse, o, o, o…

No como ella.

La granjera sentada en el banco, jaló sus rodillas contra su pecho.

Este es un problema grave.

Al final, no tengo ni una sola conexión con nada, excepto la granja…

— ¿…? ¿Pasa algo malo?

Pensó que había reconocido la voz encima de ella.

Levantó la vista y vio a una chica de pelo dorado mirándola con un poco de confusión. Ella tenía un elegante y delgado cuerpo, y llevaba ropa modesta de cáñamo, simple y sencilla.

La granjera parpadeó, intentando recordar quién era, y luego aplaudió.

—Oye, tú eres esa sacerdotisa…

—Oh, sí. Y tú eres de la granja, ¿verdad?

—Sí, así es. La granjera asintió y se puso de pie, desempolvando su redondo trasero. — ¿Qué pasa con tu ropa?

En vez de sus vestiduras habituales, la sacerdotisa se vestía con ropa de calle; de hecho, su vestimenta podría haber pertenecido a una niña de un pueblo agrícola.

—Esta vez me quedé atrás, así que pensé… que sería mejor salir. Se rascó la mejilla con un delgado dedo en un gesto de incómoda vergüenza. —Pero no tengo ni idea de qué hacer.

—Sí, yo también. Sé exactamente lo que quieres decir. Normalmente sólo tengo que hacer lo que sea necesario en la granja.

Huh. Ellas eran iguales.

Sabía que su sentido de solidaridad podría ser un poco unilateral, pero la granjera aun así suspiró y se relajó un poco. Al fin y al cabo, siempre había sido extrovertida; no se sentía nerviosa. Y de todos modos, ella era una los miembros de su grupo.

Sería un error decir que no había ninguna sombra de duda en su mente, pero la granjera decidió mantener una actitud tranquila.

— ¿Dijiste que te quedaste esta vez? ¿Por qué?

—Oh, umm, es… Repentinamente, la sacerdotisa no pudo terminar su oración; sus ojos se movieron rápidamente de un lado a otro. Sus mejillas se tornaron rojas—¿su temperatura había subido un poco?—y sus ojos se volvieron al suelo con una mirada deprimida.

¿Hm? La granjera pensó sospechosamente, pero pronto se le dio una explicación.

—Hoy es… un día un poco duro para ello…

—Cierto. La granjera sonrió con fuerza y asintió. Era algo con lo que todas las mujeres tenían que lidiar.

Debe haber sido duro para la avergonzada joven tener que revelarle la información de esa manera.

— ¿Qué haces normalmente, ya sabes, cuando no estás en una aventura?

—Rezo.

La granjera sabía que fue un intento torpe de cambiar de tema, pero la respuesta de la chica fue breve y sincera. Ella más o menos se ajustaba a la imagen que la granjera había imaginado después de verla de lejos unas cuantas veces.

— ¡De verdad! La granjera dijo apreciativamente, y la sacerdotisa puso un delgado y blanco dedo en sus labios y pensó por un momento.

—También leo las escrituras, y el Manual del Monstruo, y entreno…

—Dios, ¿eres del tipo serio, ¿eh?

—Es sólo que aún no he aprendido lo suficiente.

Tal vez la sacerdotisa no estaba acostumbrada a ser elogiada, porque la expresión de sorpresa de la granjera hizo que se sonrojara de vergüenza.

Goblin Slayer Volumen 4 Capítulo 5 Parte 1

 

Hmm…

Decidió no decir que planeaba alabar a sacerdotisa ante élmás tarde.

A pesar de cómo se veía, él se preocupaba por la gente a su manera, así que tal vez se extralimitaría un poco, pero…

—…Hey.

— ¿Sí?

— ¿Qué tal si damos un paseo? La granjera sonrió. —Ya que nos encontramos la una a la otra y todo eso.

—…Tienes razón. La sacerdotisa volvió a sonreír, como una pequeña flor floreciendo.

—Sí, vamos a pasear un poco.

5 4 votos
Calificación de este Capítulo
Mantente Enterado
Notificarme
guest
1 Comentario
Mas Votados
Mas Recientes Mas Antiguos
Respuestas en el Interior del Texto
Ver todos los comentarios