Goblin Slayer

Volumen 4

Capítulo 4: De un Nido de Goblins Perfectamente Normal

Parte 1

 

 

Para este goblin, todo era simplemente lo peor, lo peor, lo peor.

Estaban en lo profundo de un pequeño agujero claustrofóbico, que no podía ser llamado cómodo por ningún rincón de la imaginación. Y había sido posicionado delante de una puerta que apestaba a una hediondez cruda.

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— ¡No! N-no lo hagas, detente… ¡De-deteeenagh!

Dio un vistazo a través de la grieta que dejaba la puerta de madera mal ajustada para encontrar a su compañero justo en medio de su negocio. No tenía ningún deseo de ver el sucio pequeño trasero de otro goblin, pero el trasero de la hembra que estaba siendo sujetada en ese momento, pateando al cielo—eso sí que quería verlo.

—¿…? ¡GROB! ¡GBROOB!

Pero el otro goblin se dio cuenta de que él lo miraba y le gritó, por lo que rápidamente se dio la vuelta.

Así era como siempre era. Tú eres el centinela, así que haz guardia, ellos dirían, y él se quedaría esperando su turno. Ellos podrían al menos dejarlo mirar.

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Esos eran los pensamientos que recorrían su cabeza mientras escudriñaba la lanza que tenía en sus manos. Tenía una punta metálica y un mástil de roble, pero el mástil había sido violentamente roto a mitad de camino.

Fue el goblin quien lo rompió. Había sentido que era demasiado largo y pesado para usarlo, y si lo rompía, entonces tendría dos lanzas.

El arma estaba prácticamente brillando cuando la recibió, pero ahora la punta y el mástil estaban cubiertos de una mugre carmesí.

Había sido feliz cuando había recibido el trabajo de centinela junto con la lanza que le habían quitado a esta mujer, pero…

—GBBORB…

No tenía la menor idea de cómo se suponía que iba a quitar esta mancha. Ahora que lo pensaba, quizás el bonito e impecable cinturón que otros goblins habían conseguido hubiera sido mejor. Ese goblin tenía un cinturón tan fino, pero tenía el descaro de no parar de mirar a esta lanza.

Apenas podía soportarlo. ¡Ese cinturón le venía mejor a él que a ese otro goblin!

Sí. Ningún cinturón le quedaría bien a ese sinvergüenza.

Él es parte de mi familia, así que si él muriera, podría quedármelo.

En una horda, casi todo el mundo estaba emparentado por sangre, pero eso no se le pasó por la cabeza. Su pequeño cerebro carente de inteligencia empezaba a pensar en algo que no podía tener.

— ¡E-eeeeyaaaaghh!

Como la hembra.

Cada vez que veía a los demás divirtiéndose, haciendo lo que querían con ella, los celos ardían en su corazón.

Él había sido dejado en el nido con la justificación de que era el centinela, y nunca había llegado a tener a una de sus capturas para sí mismo. Había formado parte de un grupo en varias ocasiones, pero nunca había probado el placer único de estar solo.

La mujer que estaba en esa habitación era típica: luchando, peleando y negándose a darse por vencida, sin importar cuánto tiempo pasara. Por supuesto, los goblins estaban haciendo lo que hacían típicamente hacían ante semejante muestra de desprecio—herirla, romperla.

Había una que parecía haberse rendido, acurrucada en una pequeña bola y esperando a que pasara la tormenta. Pero entonces ella había muerto, mientras ellos se divirtieron tratando de averiguar lo que se necesitaba para hacerla gritar.

Habían otras que suplicaban profusamente a los goblins, arrodillándose y raspando sus cabezas contra el suelo y empujando sus traseros.

Y una vez, porque los goblins hacían cualquier cosa, le habían cortado a alguien los brazos y las piernas uno por uno, los hirvieron y se los comieron.

Eso estuvo delicioso.

No podía recordar cuándo o dónde había sucedido, pero se lamio los labios.

Esa era, en última instancia, la relación entre los goblins y las otras razas. Si estos últimos eran fuertes, los primeros no tenían más remedio que acobardarse y obedecerlos. Pero si una criatura moría ante ellos, sea un ogro o un demonio, estarían sobre ella en masa y la devorarían en todo el sentido de la palabra. Así eran los goblins.

—GOBRBOB…

— ¡¿GBORB?!

Su compañero, después de haber terminado su negocio, abrió la puerta y salió. Tal vez eso le había dado algo de valor, porque por el camino se burló de él.

Este compañero pensó que las “tareas de vigilancia” sólo significaba caminar alrededor del nido, y aquí estaba riéndose del centinela. Eso hizo enojar tanto al centinela que le dio al otro goblin una punzada en el trasero con el mástil de su lanza.

— ¡¿GOBORB?!

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El centinela rio fuertemente mientras el otro goblin saltaba al aire. Su víctima se le acercó con los puños levantados, así que giró la lanza y le mostró la hoja.

— ¡GROB! ¡GBOOROBO!!

En otras palabras, este era su puesto, así que, si el otro goblin no tenía más asuntos allí, debería seguir su camino.

El otro goblin no cuestionó la autoridad de un trabajo asignado. Mientras se alejaba refunfuñando, el centinela escupió, Te lo mereces, y sonrió burlonamente.

Ahora la parte divertida.

El centinela miró de izquierda a derecha, asegurándose de que nadie pudiera verlo, y luego entró a hurtadillas por la puerta podrida.

— ¿GBOB…?

La hembra miró hacia arriba, ofreciendo sólo un débil “ahh” o “ugh” aunque él la pateara. Apenas podrías decir si estaba viva o no. El goblin le dio una suave punzada con su lanza, e inmediatamente gritó, “¡Gaaah!”. Él siguió un par de veces más, y ella produjo algunos sonidos interesantes del tipo “yaaargh”.

Bah. Sin beneficios como este, sería imposible soportar el difícil trabajo de centinela. Era molesto, sin embargo, que le advirtieran que no la dejara morir.

Estarían enojados con él si ella muriera cuando aún querían divertirse más con ella. ¿Pero un poco de ira a cambio de alguien así? Valdría la pena el problema.

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— ¡Devuélvemelo… Devuélvemelo…!

— ¡GRRORB!

El goblin ladeó su cabeza a la mujer, que finalmente había empezado a sollozar.

Hmm, esta lanza pertenecía a esta hembra, ¿verdad?

La lanza, como la mujer, no duraría mucho tiempo. Encontró el pensamiento extrañamente gracioso y dejó escapar una risita.

Él se divirtió con la hembra hasta que ella ya no podía hacer ningún sonido, y luego salió deambulando por el nido.

Se había asegurado de que ella aún estaba viva—todavía temblando, al menos—e incluso se había encargado de las tareas de aseo.

Y pronto sería la “mañana”. Los aventureros sólo venían de “noche”.

Nadie puede acusarme de nada.

Los goblins siempre toman las cosas de la manera que les parece mejor para ellos.

— ¡GOROB! ¡GOOBORROB!!

— ¡GBBROBOG!!

Había estado caminando alrededor del nido durante un tiempo cuando oyó un gran y apasionada risa.

Eran los exploradores (goblins).

Dos o tres de ellos estaban sentados juntos, bebiendo vino de un cuenco astillado.

Ellos eran los que buscaban presas incautas en los caminos o en las afueras de la aldea, aventurándose de a uno o dos. Así que era natural que obtuvieran muchos beneficios adicionales.

No era raro que volvieran temprano a un lugar que los goblins creían seguro, para disfrutar. Ellos siempre estaban tomando alegremente los objetos que habían robado a quienquiera que encontraran. Pero su trabajo era fácil, agruparse para atacar a su presa. ¡El centinela trabajó tan duro todo el tiempo, y estos tipos…!

¡¿Y el trabajo de guardia?! pensó, indignado por ser ignorado. Trató de mostrarles el extremo contundente de su lanza, pero sólo le miraron fijamente.

— ¿GOBOR…?

— ¡GOROBOR!

Ellos no le habían hecho nada a él, y todas las lanzas ondeando en el mundo no cambiarían eso. Esquivó al explorador que le dio un golpe con el cuenco, se escapó.

Pfah. Ellos eran criaturas asquerosamente violentas. Deberían seguir adelante y morir.

Aún lleno de amargura, llegó al sendero lateral que se extendía desde la entrada. Era una ruta de emboscada que los goblins habían excavado, familiarizados como lo estaban con la tierra y el suelo. Los aventureros, o como quiera que se llamen a sí mismos, nunca pensaron que podrían ser atacados por detrás.

Había, por supuesto, rocas cerca para esconderse detrás, y era una de esas a las que el centinela se acercaba ahora.

Todo, todo el mundo.

Él odiaba, odiaba, odiaba todo.

Odiaba el trabajo de centinela.

Odiaba no tener nada más que una lanza.

Odiaba a los exploradores por intimidarle.

Incluso odiaba a su estúpido jefe, que no tenía más que tamaño como ventaja. ¡Él mismo sería mejor jefe que ese idiota!

Él podría tener a todos los aventureros y las mujeres del pueblo que quisiera, todo para sí mismo.

Podría hacer que los guardias y los exploradores hicieran todas las cosas desagradables y molestas. Él solo gritaría las órdenes en lo profundo del agujero, y se atiborraría de comida y hembras.

Hrm. Ser el jefe parecía un buen trabajo.

Se absorbió completamente en lo que para él parecía una posibilidad realista, cuando objetivamente era pura fantasía.

¿Cómo iba a asesinar al jefe que había unido la horda? ¿Cómo esa reducida posibilidad de triunfo se convertiría en alta?

Concibió un plan que sin duda alguna tendría éxito. Luego lentamente se levantó de la sombra de la roca.

Pero…

— ¿GORB…?

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De repente, sus oídos no muy agudos captaron el sonido de unos pasos audaces.

Se acercaban rápidamente. Se escondió apresuradamente detrás de la roca, y luego cuidadosamente asomó, mostrando sólo sus ojos.

¡Un aventurero!

No había ningún error. Sólo un aventurero caminaba por su nido con una antorcha en la mano.

Goblin Slayer Volumen 4 Capítulo 4 Parte 1

 

Y solo, sin nadie más. El olor era difícil de comprender. Esperaba que fuera una hembra. Pero incluso si fuera un macho, podrían comerlo.

El goblin lamió sus labios, babeando horriblemente, sin preocuparse por esconder la avaricia que brotaba en él.

Atacaría y arrastraría al aventurero hacia abajo, lo desgarraría, se saldría con la suya. Maldito aventurero. ¡Maldito aventurero!

Pero mientras se escondía, listo para saltar con su lanza en la mano, una pizca de juicio permaneció en él.

Su presa estaba sola. Pero aun así, los goblins eran débiles. Los aventureros eran estúpidos, pero eran fuertes. Aunque el goblin emboscara al aventurero aquí y ahora, no significaría nada si él mismo fuera asesinado.

Podía gritar para llamar a sus compañeros, pero seguiría siendo el primero en morir.

Podía volver sigilosamente para decirles, pero había exploradores en el camino. Se llevarían todo el mérito.

¿Qué hacer?

El goblin se quedó allí, con la lanza en la mano, pensando lo más que pudo.

No quería morir. Quería sacar algo de esto. ¿Qué hacer, qué hacer?

Tal vez debería correr.

Rápidamente negó con la cabeza. No, eso no funcionaría. Si el aventurero encontrara que había huido, le daría una paliza. Y si sus compañeros ganaban el día, el que había huido no obtendría nada. No apareamiento, no comida. Sólo podía mirar mientras los demás se divertían delante de él.

No podía soportar eso. Así que decidió esperar su momento.

Aguantó la respiración, cuidadoso de no hacer ruido, mientras seguía de cerca al aventurero lentamente, oh, tan despacio.

Finalmente, llegó su momento.

— ¡GOROBOR!!

— ¡GROB! ¡GROBORB!!

El aventurero llegó donde los exploradores estaban tomando su vino.

En el instante en que lo hizo, lanzó la antorcha con su mano izquierda directamente en medio del grupo.

— ¡¿GORB?!

— ¡¿GRBBBROG?! ¡GROBOOBR!

El vino salpicó, y el fuego se extendió. Al alimentarse del alcohol, la llama de la antorcha alcanzó un tono blanco.

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Ciertamente, los goblins eran capaces de ver en la oscuridad, pero su visión aún se veía obstaculizada por el humo.

Uno gritó, otro entró en pánico, y otro simplemente no sabía lo que estaba pasando. Cada uno de los tres exploradores tuvo una reacción diferente, pero todos ellos todavía estaban tratando de comprender la situación cuando el aventurero actuó.

— ¡¿GROB?!

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Un golpe en el cuerpo con un pequeño escudo.

El objetivo, que desafortunadamente tenía su espalda doblada, tropezó de cara al fuego.

—Cuatro. Murmuró el aventurero, pisando directamente al goblin mientras se retorcía con la agonía de las quemaduras.

—GRBBBR…

— ¡GROBROB!!

Los dos restantes dejaron de respirar por la sorpresa. Aun así, cogieron armas para atacar al invasor.

Pero llegaron demasiado tarde.

La mano derecha del aventurero resplandeció al lanzar su espada; quebró los dientes de un explorador mientras le atravesaba la boca.

— ¡¿GOOBR?!

—Cinco.

El aventurero ni siquiera miró al goblin arrodillado y tembloroso, con su cerebro saliéndose por detrás de su cabeza.

Al contrario, el aventurero puso su peso sobre el goblin bajo su pie, rompiendo su columna vertebral y embistiendo hacia delante mientras su brazo izquierdo se acercaba al último explorador.

— ¡¿GBBOORB?!

El borde afilado del escudo rasgó la cara del goblin. Un rocío de sangre pintó la pared.

El goblin tiró a un lado su arma para presionar sus manos contra su nariz y la cuenca de sus ojos destrozados, pero…

—Son seis.

El aventurero recogió la lanza de mano del explorador, que se había caído a sus pies, y perforó el corazón de la criatura con ella.

El último explorador pronto dejó de hacer nada más que temblar y no era más que una bolsa de sangre goteando tripas al suelo.

El aventurero tiró la lanza a un lado como si fuera tanta basura y exhaló.

Entonces se acercó con indiferencia al cuerpo, lo pisó y agarró la espada que sobresalía de su garganta.

Ellos fueron estúpidos.

Si este goblin no hubiera estado esperando su oportunidad, tampoco lo habría sabido.

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Tres contra uno. Cierto, los exploradores habían estado borrachos. Pero pudo ver lo que pasó.

Era por eso su estrategia era mejor.

El explorador botó sangre, haciendo sonidos agonizantes. En su corazón, el centinela estaba encantado con la vista.

Eso les enseñará, bárbaros imbéciles.

No había en él ningún indicio de compasión por los exploradores que se habían convertido en tales avatares de sufrimiento.

Pero sea como fuere, estaría enojado con el que entrara en su nido y asesinara goblins.

Por eso este era el momento, cuando el aventurero, cansado de la batalla, daba la espalda.

¡Ahora!

Sus compañeros pronto llegarían, atraídos por la conmoción. Cuando lo vieran sujetando al aventurero después de atacarlo por detrás, lo alabarían. Incluso podría presumir de haber luchado mientras sus compañeros eran asesinados.

Con su corazón lleno de egoísmo y avaricia, dio un gran salto. Bajó su lanza, sujetándola con un agarre inverso.

El vientre o el pecho servirían, si eso fuera lo mejor que pudiera conseguir, pero el brazo o la pierna era lo ideal. Si resultaba ser un hombre, todo lo que podían hacer era comérselo.

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— ¡¿……?!

Fue entonces cuando ocurrió.

No sabía lo que había sucedido. Todo lo que sabía era que supuestamente su ataque debía ser una emboscada por detrás, pero el aventurero estaba agarrando su lanza con ambas manos.

El aventurero acorazado se movió demasiado rápido como para verlo.

Y en el instante en que el goblin estaba tratando de decidir si soltar la lanza o hacer otra cosa, se encontró embestido, con la lanza y todo, en el suelo.

— ¡¿GROB?!

No había considerado esta posibilidad.

Su mente quedó en blanco; no sabía qué hacer.

— ¡¿GBBOROBO?!

No podía responder correctamente en medio de su confusión.

Sintió un dolor terrible emanado del golpe en su espalda, su carne y sus huesos gritaron, y sobre todo, le costaba respirar.

Abrió y cerró la boca, y la lanza cayó de su mano.

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No le quedaba nada más. El aventurero había desenvainado una espada.

El goblin se levantó con un tambaleo y empezó a correr hacia la entrada de la cueva tan rápido como pudo…

—Este hará siete.

Junto con el despiadado pronunciamiento sintió un golpe que recorrió de su espalda a su pecho, y su conciencia se desvaneció.

Nunca regresó.

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