Goblin Slayer

Volumen 4

Capítulo 3: De la Mesera de la Taberna

Parte 2

 

 

— ¿Qué pasa con él? ¡¿Está loco?!

—Bueno, no sé nada de eso…




La mesera padfoot cortó la respuesta del aprendiz del taller, golpeando con su puño el mostrador.

—Se supone que los aventureros matan dragones, beben vino y se ríen algo así como ¡Fwa-ha-ha-ha-ha-ha! Ese es su trabajo, ¿no?

—No negaré que hay algunos así. El aprendiz aceptó el argumento de la chica con una irónica sonrisa, y luego metió un tenedor en un plato de pescado. El lucio bien cocido había empezado a enfriarse un poco, pero seguía siendo grasiento y delicioso. Tenía limón u otro condimento, que le daba un ligero olor a cítricos que le hacía agua la boca.

—De todos modos, gracias por el aperitivo. Mm, está bueno. Hace tiempo que no como pescado.

—No quería desperdiciar las cosas que se enfriaron. ¡No te hagas una idea equivocada!

—Me gusta que ni siquiera digas eso para cubrir tu vergüenza o algo así.

¿Cuándo se había convertido en parte de la rutina diaria de la mesera padfoot traer comida, realmente sobras, como ésta?

Era tarde por la noche, todos los aventureros se habían ido a sus posadas, y ella estaba sin su uniforme y limpiando la taberna.

Mientras se preparaba para irse a casa, había ido a dar un vistazo al taller, donde el aprendiz estaba solo, cuidando el fuego.

— ¿Qué estás haciendo? Ella le había preguntado, y él dijo —No podemos dejar que el fuego se apague.

Por supuesto, eso era sólo un pretexto; con sus ojos afilados, ella vio que él estaba haciendo una daga.

Tenía sentido. Tenía trabajo durante el día, así que tenía que hacer tiempo para practicar.

Para la mesera padfoot, era una excelente oportunidad; darle las sobras de comida parecía algo lógico.

—La gente que puede comer, debería comer.

—Creo que eso es una contradicción en términos.

— ¡Por eso me enoja tanto cuando la gente ignora mi comida! Dijo la mesera padfoot, manifestando su ira moviendo su cola vigorosamente. No estaba claro cuan bien el aprendiz entendía el gesto único de la padfoot.

— ¿Entiendes que esto tiene que ver con mi honor como mesera? ¿O no? ¡Me pregunto si sigues mi lógica!

—Bueno… El aprendiz se rascó una mejilla con la punta de un dedo en vergüenza. —… Supongo que no me gustaría que las armas que hice fueran arrojadas a cualquier sitio.




—Pensaba que no.

—Ese tipo tira sus espadas por todas partes. Se quejó el aprendiz. Y las desafortunadas espadas ni siquiera eran obra del aprendiz, él aún no tenía permiso para exhibir su trabajo en la tienda, sino de su jefe.

—El jefe dice: “Tú eres el único que puede estar realmente satisfecho con tu trabajo”.

—Bueno, quiero que ese bicho raro pruebe la comida en nuestra taberna.

—No es como si no comiera, ¿verdad?

— ¡Eso es precisamente! La mesera padfoot se desplomó contra el mostrador del taller, que estaba pulido brillante. Lo empujó contra su pecho, y el chico aprendiz apartó los ojos los más relajado que pudo. —Después de sus aventuras, normalmente no lo hace.




—Y-yo creo haber oído hablar de gente que no come antes de irse…

—Awww, diablos. Tal vez no le guste nuestro menú.

—Esto te está molestando de repente. Los ojos del aprendiz se deslizaron hacia abajo, y los levantó de nuevo apresuradamente. Sus mejillas se sonrojaron. — ¿Cuál es el problema?

—Quiero decir, él nunca solía venir a la taberna, ¿verdad? Dijo ella, aparentemente ignorante de la mirada que se deslizaba. — De todas formas, ¿cuánto tiempo ha estado aquí?

— ¿Cinco años, tal vez?

—No lo sé.

Para la mesera padfoot, la pregunta cuando un aventurero había aparecido era trivial. Si uno prestaba atención a esas cosas, también recordaría cuando desaparecieron. Una vez que empezaste a preocuparte acerca de dónde se había metido alguien después de un tiempo, estabas perdido. Es mejor poner toda tu energía en dar la bienvenida a la gente que estaba aquí ahora. Había aprendido que su primer año.

Ahora que lo pienso, ¿no empezó la recepcionista a animarse hace unos cinco años?

La mesera padfoot acostada allí, con su pecho contra el mostrador, murmurando “Hmm…”

El chico aprendiz intentó evitar mirarla, pero de alguna manera siguió mirando en su dirección. Sus ojos iban a la derecha, luego a la izquierda, continuamente, hasta poco tiempo después se concentraron en un solo punto.

— ¡Oh!

— ¿Qué? La mesera padfoot saltó, sus orejas temblaban.

—No sé si es verdad o no. Dijo el aprendiz inclinando su cabeza, pero oí una vez que le gusta el estofado. Carne de res.

* * *

 

 

—Estofado de carne, ¿no?

— ¡Sí!

Estacionada frente a una olla grande y burbujeante, la mesera padfoot resaltó su pecho. Junto a ella, el chef estaba parado sobre una escalera de mano para mirar dentro de la olla, cruzando los brazos y murmurando, “Hmm”.

—Lo siento, Pops. Teniéndome que enseñar y todo eso.

—Bueno, si aprendes a cocinar, yo también puedo descansar y estar un poco más relajado.

—Aw, deja de sonar a tu edad, Pops.

—Supongo que tal vez es mi edad la que habla. Soy como mantequilla untada muy finamente.

— ¿Te refieres a tu espíritu?

—Es como si me hubieran estirado y arrancado. Con un “disculpa”, el chef tomó una cucharada del estofado y lo probó. —No está mal. Deja que hierva un poco más.

— ¡Muy biiien!

Esta sería su clave para la victoria.

La chef miró a la mesera padfoot mientras soltaba un gran “¡Yay!”, y él murmuró:

—Pero me pregunto cómo lo tomará un aventurero.

—¿Huh? Se congeló instantáneamente. —¿No estaba bueno?

—Ehh, yo no diría eso. Aunque si él dijera algo, podría no parar nunca. El chef rhea se rascó su nariz redonda. —Bueno, piensa en ello.




—…Maldita sea. ¡Lamentarás el día que me diste tiempo para pensar!

— ¡Ja ja! Sigue con ello.

La mesera padfoot le dio una mirada asesina a su jefe con los ojos medio abiertos mientras él le dio una señal de despedida, entonces ella volvió a prestarle atención al estofado.

Mirarlo fijamente no era la forma de descubrir nada, y sin embargo…

—Oh, cielos, creí oler algo bueno por aquí.

Escuchó una voz familiar y dos juegos de pasos. La campana de la puerta no había sonado. Los recién llegados habían venido de alguna parte dentro del edificio.

La mesera padfoot asomó su cabeza de la cocina y alegremente alzó su mano a sus dos colegas.

— ¡Hola! Sólo estoy a mitad de cocinar. El especial de hoy… ¡estofado de carne!

—Oh, estofado, eso es genial.

— ¡Oooh, estofado de carne!




Eran sus colegas, aunque en sentido estricto, eran funcionarias y ella era sólo una ayudante, aunque las tres trabajaban en el Gremio.

Pero la mesera padfoot no prestó atención a tan finas distinciones, ni estaba nerviosa con la recepcionista ni la inspectora.

—Gracias. ¿Huh? ¿Están almorzando las dos? Pudo ver, cuando dio un vistazo por la ventana, que el sol estaba más allá de su cenit y empezaba a hundirse en el cielo. No era demasiado tarde. —No es muy tarde para almorzar.




—Nos lo perdimos.

—Eso no es bueno, ¿cómo esperas que tu cuerpo siga así?

¿O se lo “perdieron” porque…?

Seguramente no había nada de malo en dejar que sus agudos ojos se volvieran por un instante a un lugar en particular.

—Tienes razón. Estoy hambrienta. Dijo la recepcionista, tocando su estómago.

La mesera padfoot odiaba ese estómago.

Tenemos que engordarla.

—Vale, entonces, ¿podrías probar un poco de esto? Se lo serviremos a los aventureros esta noche.

—Por supuesto, si no te importa. Dijo la recepcionista con una sonrisa e inclinando su cabeza.

Luego añadió, —Oh, pero…

— ¿Hm? La mesera padfoot ladeó su cabeza.

La recepcionista dijo torpemente —…Me pregunto qué pensarán los aventureros de ella.

—Sí… Parece algo sangriento. Dijo la inspectora asintiendo.

—Oh…

Ahora que lo mencionaron, ella podía ver lo que querían decir. El caldo, que incluía los tomates, era negro rojizo; trozos de carne burbujeaban en el estofado.

Mientras la mesera padfoot se quedaba ahí murmurando, sintió que una pequeña mano la golpeaba por detrás.

— ¡Yeek!

—Disculpen, señoritas, por favor no interfieran con mis lecciones.

Era, por supuesto, el chef. El hombre de mediana edad que había aparecido junto a ellas le dio un golpe enfurecido a su corpulento vientre, y puso una expresión severa. —Esperaba ver si esta chica se daría cuenta por sí misma.

—Oh, cielos perdónenos.

La recepcionista dejó pasar una pequeña risita, indicando el estofado, dijo —Almorzaremos aquí, entonces. Para disculparnos.

— ¡Así que… comerás mucho! ¿Es el estofado suficiente?

—Oh, está bien. Veamos, entonces. Pan y… ¿podría traer un poco de té negro?

— ¡Y mucha mermelada para acompañarlo!

— ¡Un gusto!

La recepcionista y la inspectora hicieron sus órdenes; el chef rhea les dio una enérgica respuesta y apretó las cuerdas de su delantal.

—Bueno, no te quedes ahí parada, ¡a trabajar, a trabajar!

— ¡Erggg… sí señor!

—Ahora no había remedio. La comida estaba hecha, y quien quisiera comerla la comería.

La mesera padfoot se apresuró en sus tareas, y a su debido tiempo llegó la noche.

Cuando el sol estaba bien y verdaderamente puesto, los aventureros entraban a la taberna como de costumbre.

Naturalmente, el estofado de carne era inesperado, y los compradores eran pocos.

¿No lo querían justo después de una aventura? Sin embargo, servir estofado de carne a primera hora de la mañana parecía…

—…En realidad, tal vez funcioneponerlo en el menú del desayuno.

Se ocupó con esos pensamientos optimistas hasta que finalmente un aventurero llegó caminando con un paso audaz.

Durante un segundo, todos los ojos de la taberna se volvieron hacia él, y la conversación se detuvo, pero la charla se reanimó rápidamente.

La sucia armadura de cuero, el casco de acero de aspecto barato, el pequeño y redondo escudo en su brazo, y la espada de una extraña longitud en su cadera.

Caminó por el edificio del Gremio, dirigiéndose afuera. Ni siquiera miró hacia la taberna.

¡Como si te dejara escapar!




La mesera padfoot se apresuró a pararse delante de él y lo detuvo con un dedo.

— ¡Señor, el especial de hoy es estofado de carne!

— ¿Lo es?

— ¡¿Qué le gustaría pedir?!

—Nada. Dijo Goblin Slayer. —Estoy bien por hoy.

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