Goblin Slayer

Volumen 4

Capítulo 1: Del Guerrero Novato y la Sacerdotisa Aprendiz

Parte 5

 

 

— ¡¿Qué… qué hacemos?!

— ¡Ojalá lo supiera!




El inmenso insecto negro arrastrándose indiscriminadamente a través del techo, suelo y paredes, era más que un poco aterrador.

La persecución en sí no era lo único que daba miedo. Era la idea de ser comido vivo por esa criatura.

¡No se habían convertido en aventureros para convertirse en un festín de ratas o cucarachas…!

— ¡Nos atrapará a este ritmo…!

Que siguieran a salvo mientras corrían desesperadamente por las alcantarillas, fue gracias a la velocidad de su reacción y a la distancia con la que habían tenido que empezar.




Una cucaracha gigante no era tan ágil como un ser humano, al menos no de un aventurero rango porcelana.

Pero era obvio que no tenían mucho tiempo antes de que los atrapara y los devorara.

Tenemos que llegar a la superficie antes… ¡No, nunca lo lograremos…!




Ellos tenían que subir una escalera de mano para llegar a la superficie. Si fuesen atacados en ese momento, sería todo. Las cucarachas normales podían volar. Las gigantes probablemente también podían.

— ¡¿Qué tal si saltamos al agua?!

— ¡No servirá de mucho si cogemos la peste!




—Vale, entonces… ¡Un túnel estrecho! Tal vez no pueda seguirnos.

— ¡No funcionará! ¡Las cucarachas son extremadamente flexibles!

Un pasadizo estrecho podría darles un momento de respiro, pero entonces el bicho entraría junto con ellos. Sólo el pensamiento fue suficiente para darle un escalofrío. No túneles, entonces.

— ¡Tenemos que luchar!

— ¿Pero cómo?

El sonido de algo raspándose lo enfermaba psicológicamente, y se estaba acercando.

El guerrero novato miró hacia el garrote que tenía en la mano.




Si golpeara a la cucaracha suficientes veces, esta moriría. Estaba seguro de eso. ¿Pero cómo hacerlo?

Si simplemente lo oscilo contra eso, nunca acertaría.

Era muy rápido. Si no podía evitar que se moviera, la batalla sería inútil. Simplemente no tenía la habilidad.

— ¡H-hey! ¡¿Piensas que podrías golpearla con Golpe Sagrado?!

— ¡No lo sé…! Los dioses son los que apuntan al hechizo, no yo.

— ¿Qué tal si eso viene directo hacia ti?

— ¡En ese caso, tal vez!

— ¡Vale!

Ahora él tendría que pensar rápido. Si lo iba a hacer, no podía dudar.

El guerrero novato agarró la linterna de la cintura de la sacerdotisa aprendiz.

— ¡Ahh! H-hey, ¿qué estás…?

— ¡Puedes regañarme si sobrevivimos!

Gritando aún más fuerte que la sacerdotisa aprendiz, el guerrero novato miró hacia atrás.

El enorme insecto estaba justo ahí, con sus mandíbulas babeando mientras se abrían y cerraban.

El guerrero novato respiró hondo.

— ¡A ver si esto es de tu talla!

Y entonces tiró la linterna justo delante del insecto.

El impacto contra el suelo destrozó la carcasa barata de la linterna, y el fuego se liberó.

La enorme cucaracha dio un chillido, extendió sus alas y se elevó en el aire.

Esa simple vista fue suficiente para hacerles perder la voluntad de luchar contra ella.

El guerrero novato sintió algo caliente y húmedo en sus pantalones. Apretó su mandíbula para que sus dientes dejen de castañear.

— ¡Ahora… hazlo!

— ¡…Ee…ehh…ahh…!

En respuesta al grito del guerrero novato, la sacerdotisa aprendiz, que había estado temblando en silencio, levantó las espada-balanzas.

— ¡Señor del juicio, príncipe de la espada, portador de la balanza, muestra aquí tu poder!

Un rayo crepitante cayó directamente en el asqueroso insecto.

Hubo un fuerte chasquido, y una brillante luz blanca azulada desterró la tenue oscuridad de las alcantarillas. El milagro duró sólo un instante.

El humo que apestaba a ozono y la quitina [1] quemada surgida del monstruo, revolvía sus estómagos.

La enorme cucaracha derribada en el suelo, con su abdomen horriblemente expuesto, luchaba por levantarse de nuevo con sus seis miembros.

— ¡H-hii…yaaaaaahhh!

El guerrero novato levantó su garrote y saltó sobre eso. Se subió encima del negro abdomen, ignorando las espinosas piernas que le arañaban, y empujó su escudo contra sus mandíbulas. Las tenazas oscuras se clavaron en el cuero engrasado, pero su concentración era absoluta. Con un grito animal, levantó el garrote y lo bajó, golpeando, rompiendo, una y otra vez.

No prestaba atención la baba que salía disparada de las mandíbulas, ni a la sangre que salía de sus rasguños. Si lo hiciera, terminaría muerto.

El sudoroso agarre resbaló de su mano. La cuerda que tenía atada a su alrededor le permitió recuperar el agarrel. Y volvió a atacar.

Golpe y golpe y golpe y golpe y golpe y golpe. Pase lo que pase, sólo golpea. Tantos golpes como sea posible. Golpéalo hasta que muera.

—Hoo… ahh… huff… ahh…

Finalmente, había llegado a su límite. No tenía suficiente oxígeno.

Trató de aclarar su mente, su visión estaba enrojecida por el calor de su cuerpo, pero el esfuerzo le mareó. Entonces la sacerdotisa aprendiz estaba allí, apoyándole justo cuando pensaba que caería.

— ¡¿Estás… estás bien…?!

—Yo… yo creo que sí.

El joven registró que estaba cubierto de pies a cabeza con los jugos de la cucaracha. Su mano derecha, agarrando su garrote, estaba especialmente fatal.

Donde debería haber estado la cabeza del insecto, sólo había un charco de líquidos.

Las seis patas, escarbando con los últimos vestigios de la vida, aún eran peligrosas.

— ¿Sigue vivo? Preguntó la sacerdotisa aprendiz.

—A-atrás. Es… peligroso.




El Guerrero Novato tragó pesadamente, y luego sacó su daga de trabajo de su cinturón. La usó para serruchar cada pierna en la articulación más baja hasta finalmente partirlas. Tenía que hacer esto, o no estarían a salvo. Seis veces lo hizo, hasta que sus dedos estuvieron rígidos y terriblemente dolorosos. Pero aún no había terminado.

—Um… el abdomen, ¿verdad?

Sostuvo la daga con un agarre inverso con las dos manos, la levantó y la bajó. Hubo un fsssh y un géiser de fluido del cuerpo.

La hoja golpeó algo duro, y entonces el guerrero novato se preparó mentalmente y metió la mano en el estómago de la cucaracha. Sacó algo.

—Lo encontré…

No tenía ni idea de lo que la criatura había estado pensando cuando se comió esto. Pero la espada que sacó era, sin lugar a dudas, la que había comprado tan entusiasmadamente, su primera arma.

—…A partir de hoy, tal vez llame a esta espada Chestburster (Rompedor de tórax), y a este garrote Roach Slayer (Mata Cucarachas). ¿Qué te parece?

—Creo que deberías dejar de decir estupideces y beberte este antídoto, y luego deberíamos irnos a casa.

El chico tenía una figura patética, cada centímetro estaba cubierto de baba. Algunos objetos habían caído en la cintura de la chica, que había ocurrido cuando la linterna fue lanzada, y estaba humeando allí.




Los dos fingían no darse cuenta de ninguna de estas cosas mientras intercambiaban una seca sonrisa por su gran victoria.

* * *

 

 

Suspiro…

El sol se ponía en la ciudad fronteriza.

Los dos se habían lavado de pies a cabeza en el río, evitando cuidadosamente cualquier vistazo del uno al otro en ropa interior, y luego fueron al Gremio para hacer su informe.

Habían revisado su equipo, reabastecido los suministros que habían usado, atendido a sus arañazos, y finalmente pagaron por un lugar sencillo para dormir.

Al final, todo lo que quedaba eran varias monedas de plata que el guerrero novato ahora tenía en su mano.

Estos serían sus ahorros. Pero… ¿cuánto hemos podido ahorrar?

En cuclillas junto a la puerta del gremio de aventureros, el guerrero novato también sentía que quería suspirar.

—Oye, de todas formas, ¿por qué miras fijamente el entorno?




—Hmm…

La sacerdotisa aprendiz, presionando una toalla sobre su cabello mojado, estaba a su lado.




El guerrero novato no respondió, se concentró en la gente que entraba y salía por la puerta.

Aventureros de cada rango se dirigían a la ciudad con objetos especiales, o entraban al Gremio. Todos y cada uno de ellos estaban llenos de equipamiento y fatiga, mezclada con una sensación de logro en sus rostros.

El chico y la chica aún no tenían suficiente experiencia como para darse cuenta de que esto significaba que ningún aventurero había muerto ese día.

—Sólo pensaba… que nos queda un largo camino por recorrer.

—Bueno, obviamente. Dijo la sacerdotisa aprendiz con un resoplido, sentada al lado del guerrero novato. — ¡Un pequeño progreso cada día! El problema empieza cuando quieres más que eso.

—B-bueno, claro, pero…

—Haz tu mejor esfuerzo, sacrificio, haz dinero y vive tu vida. No puedes quejarte de eso, ¿verdad?

—B-bueno, claro, pero… Las monedas de plata en su mano brillaban en la luz de la tarde. Los brillantes destellos del metal lastimaron sus ojos. —…Nos queda un largo camino por recorrer.

—…Eso es cierto.

Pero yo… incluso yo… fui capaz de lidiar con algunas ratas gigantes y cucarachas hoy.

No sería una gran leyenda, pero no se podía negar que había arriesgado su vida.

— ¡Muy bien! ¡Consigamos algo de comida decente! Dijo él, y empujó las monedas a la sacerdotisa aprendiz.

—…Sí. Supongo que hoy podemos darnos un capricho.

Algún día… algún día… algún día.

Querían ser valientes. Querían ser héroes.

Querían ser aventureros que pudieran derrotar a un dragón.

Las monedas temblaron en la palma de la mano de la chica cuando ella se levantó.

 

 


[1] La quitina es un carbohidrato que forma parte de las paredes celulares de los hongos, del resistente exoesqueleto de los artrópodos​ (arácnidos, crustáceos e insectos) y algunos órganos de otros animales como las quetas de anélidos (o los perisarcos de cnidarios).

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