Goblin Slayer

Volumen 4

Capítulo 1: Del Guerrero Novato y la Sacerdotisa Aprendiz

Parte 2

 

 

—…Llegas tarde.

La sacerdotisa aprendiz ya estaba en la taberna.

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Estaba en la esquina, y la habitación estaba llena de aventureros incluso a esta hora tan temprana.

Estaba descansando su barbilla sobre sus manos y parecía molesta; el guerrero novato se sentó a la mesa con dando una breve disculpa.

—Oh. Añadió —Y buenos días. ¿Desayuno?

—Ya comí. Dijo bruscamente la sacerdotisa aprendiz, pero luego murmuró su respuesta a su saludo. —Buenos días. De todos modos. Date prisa y come. Quiero volver a bajar por la tarde si podemos.

Había un plato vacío, que antes tuvo pan, delante de ella. En el asiento de él había frijoles, sopa de tocino y pan.

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El guerrero novato abrió su boca confundido, la cerró, y luego volvió a abrirla.

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—Lo siento.

— ¿Por qué?

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—Ahh…

Parecía que si decía algo más, la volvería a hacer enojar.

Y no hay necesidad de pelear a primera hora de la mañana.

Tomó una cuchara y se llevó algo de sopa a la boca. La sacerdotisa aprendiz dio un hmph.

—Y tu ropa. ¿Siguen colgados detrás del establo?

—Oh, uh, sí. El guerrero novato asintió. Tomó un bocado del pan duro y se lo tragó. —Todavía no estaban secos.

—Vale, dámelos más tarde. Ese hedor nunca saldrá de la forma en que los lavas. Lo haré por ti.

—Oh, uh… lo siento.

—No quiero terminar apestando sólo porque salgo contigo. Y entonces ella se alejó de él.

El fracaso de su última salida había sido culpa suya. —Lo siento. Murmuró, concentrándose en su comida.

Arrancó un trozo de pan y lo sumergió en la sopa. Cuando se veía bueno y mojado, recogió algo de tocino con su cuchara y se lo comió todo junto. La sopa era pobre y saboreada principalmente con sal. Comió sin decir una palabra, diligentemente.

Si la persona que se suponía que era el escudo estaba tan hambriento que no podía moverse, ¿qué haría entonces su pequeño grupo? Esta era otra parte de su trabajo.

Terminado todo, tiró la cuchara sobre su plato vacío y asintió. —De acuerdo. Armas.

—Fue un desperdicio dejar esa espada ahí abajo.

—No, pero escucha. Respondió, echando un poco de agua de la jarra sobre la mesa a su vaso. —Necesito un arma si vamos a volver y encontrarla.

— ¿Y tienes el dinero?

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—Sobre eso…

Tragó el agua. La sacerdotisa aprendiz se extendió hacia la jarra en el mismo momento en que él lo hizo, así que él llenó su vaso.

—Gracias. Dijo, poniendo ambas manos alrededor de su vaso y llevándolo a sus labios. —No tienes nada, ¿verdad? Dinero, quiero decir.

—Tal vez podría prestarme…

—Basta ya. No te endeudes.

—No. Me refiero a un equipo prestado o algo así.

Pedir prestada un arma. Él pensó en algunos de sus conocidos, preguntándose si alguno de ellos estaría dispuesto a prestar algo.

Podría ser bastante conseguir una daga, pero eso no inspiraba mucha confianza.

Y pedir prestado cualquier cosa como una espada larga, como la que había perdido al oscilarla, contaría en su contra.

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La confianza no era algo tan fácil de conseguir.

Estaba suspirando profunda e involuntariamente cuando…

— ¿Hm? ¿Qué pasa, chico? Es muy temprano por la mañana como para una cara tan larga.

El despreocupado comentario sonó por encima de él.

Alzó la cabeza. Vio a un aventurero llevando una lanza que brillaba en la luz.

La placa que colgaba de su cuello era Plata, el tercer rango.

—Oh, uh, bueno…

—Tengo una cita, con lo que quiero decir una aventura, así que no tengo mucho tiempo. Pero te escucharé mientras pueda.

El guerrero novato de repente se encontró perdido por las palabras. El lancero, conocido como “el más fuerte de la frontera”, emitía una amigablemente sonrisa hacia él.

El joven guerrero tragó. Junto a él, la sacerdotisa aprendiz le dio un codazo en el costado. Él asintió resueltamente.

—En realidad, perdí mi arma en nuestra aventura de ayer.

— ¿Ah, si? El lancero frunció el ceño instintivamente. —Eso es duro. Dijo, con su voz teñida de aparente sinceridad.

—Quiero recuperarla, pero no tengo ninguna otra arma, así que… estaba pensando que quizá alguien podría prestarme uno…

—Una lanza que puedas tomar prestada, ¿huh? El lancero miró al guerrero novato de la cabeza a los pies y concluyó: —No estoy seguro de que tengas la fuerza para ello.

—Erk…

Un pequeño sonido de vergüenza se le escapó.

El guerrero novato era delgado y flexible, pero en términos de músculos, no era rival para el lancero.

Sólo tenían diferentes tipos de cuerpos. Naturalmente, usarían armas de diferentes pesos.

—Y si pierdes esa también, apuesto a que no podrías pagármelo.

— ¿En serio? Ni siquiera él puede extorsionarle dinero a un aventurero novato.

Una hermosa mujer apareció al lado del lancero, silenciosa como una sombra excepto por sus susurrantes palabras.

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Era una bruja que vestía ropa que acentuaba su completa y voluptuosa figura. La sacerdotisa aprendiz encontró que su cara se enrojecía, y apartó los ojos de ella.

—Y un arma mágica, seguro que no, te sentaría bien, ¿no?

¡¿Un arma mágica prestada?!

Los ojos del guerrero novato se abrieron mientras la bruja susurró y rio.

Para un principiante como él, una armadura metálica era cosa de sueños. Un arma mágica podría haber sido una leyenda lejana.

Escuché que puedes encontrarlos en ruinas y laberintos si tienes suerte, y verlos a la venta de vez en cuando.

Pero eran varios dígitos demasiado caros para que él pensara en tener uno.

—Así que en su lugar, déjame darte algo, bien.

La bruja sacó algo de su escote con un movimiento elegante—una vela.

No parecía ser del habitual blanco, sino azulado—que era, al ser inspeccionado de cerca, debido a las letras coloreadas que lo cubrían.

Abundantes símbolos fueron esculpidos en la vela con una escritura tan fluida, que el guerrero novato no podía descifrarlos.

—Es… La sacerdotisa aprendiz parpadeó varias veces. —… ¿una vela?

—Sí.

La bruja guiñó un ojo y bajó su voz como si estuviera revelando un profundo y oscuro secreto.

—Esto, mira, es una vela buscadora… Cuando te acercas, al objeto que buscas, se pone más cálido. ¿Ves?

Un objeto mágico. Guerrero novato tragó con fuerza.

No había necesidad de que lo usaran ellos mismos. Si la vendieran, les daría más que suficiente para comprar una buena espada…

—Siéntanse libres, de venderlo… y convertirlo en dinero.

Su sonrisa parecía ver a través de él, el guerrero novato se encontró mirando fijamente al suelo. La sacerdotisa aprendiz le dio otro golpe en el costado con su codo.

—Oh, um. Yo, uh… G-gracias. Muchas gracias.

—En absoluto. Sólo es un poco de algo para ayudar.

El guerrero novato recibió el artículo vacilantemente mientras la bruja llevaba una expresión divertida y sonreía.

—Bueno, entonces. Nosotros tenemos nuestra… cita.

—Sí. No se mueran, niños.

El lancero desordeno el cabello del guerrero novato como despedida, y se puso en marcha a un paso alegre.

La bruja le siguió justo detrás a través de las puertas del Gremio.

El guerrero novato puso su mano derecha sobre su cabeza, donde todavía podía sentir esa poderosa palma.

—…Son tan geniales.

—Sí. La sacerdotisa aprendiz susurró. —Tal vez…

* * *

 

 

— ¡Uh-uh, no, de ninguna manera! En el campo herboso detrás del Gremio, el joven explorador estaba sentado y agitando sus manos frenéticamente. —Perdí mi daga recientemente. La que tengo ahora es prestada. Si la presto, ¡Cap me mataría!

— ¿La perdiste? ¿Qué pasó?

—Fue disuelta por una babosa gigante.

— ¿Qué estás haciendo? Preguntó la chica rhea druida, levantando las cejas.

— ¿Una babosa gigante, eh? Suerte que…

El guerrero novato frunció los labios, recibiendo un codazo en el costado de la sacerdotisa aprendiz. —Somos rango porcelana, mientras ellos están en un grupo de rango plata. No podemos comparar.

—Estabas matando ratas gigantes, ¿verdad? Preguntó el joven explorador. El guerrero novato frunció el ceño y asintió.

—Y perdí mi espada haciéndolo.

—Tienes suerte de que no fuera un artículo único.

El joven explorador miró hacia arriba donde el guerrero blindado estaba balanceando su enorme espada a dos manos.

Hubo un whoosh cuando cortó a través del aire, y luego un thud cuando la caballera femenina saltó.

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La espada a dos manos le impidió llevar un escudo, pero la facilidad con la que lo manejaba era un testimonio del poder mágico que se le había dado.

Ataca, bloquea, golpea, esquiva, movimiento brusco, oscilación elevada, refleja, corta, repele.

Su arma estaba finamente fabricada, al igual que su armadura. El brillo del arma cuidadosamente trabajada era inconfundible incluso a la luz del sol.

—…Ojalá tuviera uno de esos.

— ¿Uno de qué?

—Esa gran espada. Dijo el guerrero novato, apoyando la barbilla en sus manos. —Una espada de dos manos.

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—Olvídalo. Dijo la sacerdotisa aprendiz, con los ojos abiertos. —Aunque tuvieras uno, piensa en lo que pasaría.

—Sí, lo que sea.

—¿Ella quiere decir que él sólo cortaría el aire?

—Ella quiere decir que él nunca golpearía nada.

El parloteo del joven explorador y la chica druida hizo que el guerrero novato se alejara molesto.

—Sin embargo, si yo golpeara algo, sería increíble.

—Esas armas son tan pesadas que te agotarías rápidamente.

—Pero me vería genial.

—Y además no son baratos. La sacerdotisa aprendiz movió su dedo reprochándole al guerrero novato, y no había nada que él pudiera hacer excepto callarse.

—¡Es como si te hubiera lanzado Silencio! El joven explorador moría de risa. —¡Chico, te tiene bajo su pulgar!

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—Oh. Dijo la chica druida con un suave resoplido y una expresión calmada, moviendo sus orejas en forma de hoja. —Como si no desperdiciaras todo nuestro dinero si yo no llevara la cartera.

El joven explorador había provocado la reprimenda. Hizo un chasquido con su lengua, y la chica druida asintió satisfecha. Entonces ella preguntó —Oye, ¿y si le pides consejos al Gremio?

—¿Te refieres a cómo pedir prestada un arma?

—No, sobre cómo matar ratas gigantes. Tal vez sepan algunos trucos.

—Hmmm. La sacerdotisa aprendiz hizo un sonido bajo. —Me pregunto si podría ser tan fácil.

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