Goblin Slayer

Volumen 3

Capítulo 6: Los Siete Poderes

Parte 6

 

 

Era justo decir que Goblin Slayer estaba resistiendo contra un enemigo que podía atacar siete veces a la vez.

Bloqueó un ataque de la izquierda con su escudo, y luego atacó con su garrote. Rodó lejos de los golpes que venían de todas direcciones, y luego se levantó sobre una rodilla.

Un puño descendió hacia su cabeza. Esta vez se tiró hacia delante, directamente hacia el elfo oscuro.

—¡…!

Goblin Slayer movió su daga hacia arriba, pero la agilidad del elfo oscuro le permitió esquivarla.

Los brazos de la criatura le permitieron casi volar sobre el barro.

— ¿Qué pasa, humano? Tendrás que acercarte más si quieres usar tu daga.




Ahora que el enemigo había ampliado el espacio entre ellos, Goblin Slayer no tenía más opción que avanzar.

El elfo oscuro esperó casi sin ningún tambaleo, a pesar de los cinco brazos masivos que crecían de su espalda. La vista de él allí parado, con su equilibrio no siendo afectado por las nuevas extremidades, era muy inquietante.

—Bueno, cuanto más grandes son, ¡son mejores objetivos!

Cierto, Goblin Slayer estaba en desventaja uno a uno. ¿Pero eso no significaba simplemente que necesitaba algunos amigos?

La elfa acababa de eliminar a unos goblins cercanos. Ahora se apoyó sobre una rodilla y preparó su arco.

Sacó una flecha de su carcaj, la colocó en su arco, la tiró hacia atrás, y la soltó con movimiento fluido.

Su puntería era perfecta. La flecha con punta de brote se deslizó entre las gotas de lluvia, y golpeó al elfo oscuro en la frente…

—¡……!

…Casi. En el instante antes de que aterrizara, una vasta mano blanca apareció repentinamente y agarró la flecha en el aire.

Era como un torbellino, como un pilar de piedra. Una mano hinchada, abultada y torcida.

La translúcida extremidad rompió la flecha como la rama que era y desapareció.

El elfo oscuro sonrió burlonamente y levantó el artefacto maldito con su mano izquierda.

Nadie encabezaría el frente sin algún tipo de protección.

— ¡¿Él puede desviar las flechas…?! La elfa se lamentó, temblando de terror.

Se decía que, en las profundidades del tiempo, un gigante había luchado en la guerra entre los dioses del orden y el caos.

Ese artefacto maldito era su brazo, un objeto con el poder de convocar al gigante. Y el elfo oscuro era su dueño.

—Entonces… El chamán enano se abofeteó las mejillas, haciendo muecas.

— ¡¿…Él es un invocador?!

Si realmente podía convocar a una criatura desde la era de los dioses, eso significaba que era tan fuerte como un aventurero de rango bronce o plata, o incluso…

Sus métodos de invocación eran poco ortodoxos, de hecho, inhumanos, pero no se podía negar la confianza que él exudaba. Era posible que para el elfo oscuro, él mismo—y mucho menos sus goblins—no eran lo más importante.

Contemplen las nubes oscuras que se movían sobre sus cabezas. Contemplen la tormenta que ataca la ciudad. El trueno. El viento. La lluvia.

¿Y si todos estos fueran sólo presagios del regreso de Hecatoncheir a la tierra?




—Si desvía las flechas, ¿debemos suponer que todas las armas a distancia resultarán ineficaces?

—No lo sé exactamente, yo…

El sacerdote lagarto acababa de regresar de decapitar al último goblin cubierto de barro.

La respuesta de la elfa fue acompañada por un ansioso movimiento de sus orejas.

Aun tambaleándose de incredulidad, preparó otra flecha.

—…Pero cuando yo era pequeña, mi abuelo me dijo que no importaba cuántas flechas se lanzaran a ese gigante, eso las detuvo todas.

Si un abuelo humano hubiera contado una historia así, bien podría haber sido descartada como una gran historia. Pero este era un veterano de los elfos que había estado vivo durante las batallas de la época mítica.

Y había dicho que las flechas eran inútiles.

—Dioses. Dijo el chamán enano mientras chasqueaba su lengua.

—De todos los tiempos para que un elfo descubra lo que significa fallar. No parecía abierto al optimismo.

Levantó un dedo, juzgando la distancia hasta el mutado elfo oscuro.  El enemigo estaba a su alcance.

Pero Ráfaga de Piedras corría demasiado riesgo de golpear a Goblin Slayer. Y aunque le golpeara, ¿cuánto daño causaría a esos monstruosos brazos?

— ¿Oho?

Los ojos del elfo oscuro se abrieron de par en par.

Goblin Slayer había tirado a un lado su garrote y desenvainó su espada. La espada de longitud extraña estaba cubierta por una capa de tierra, quizás por la pelea en el barro.

Pero Goblin Slayer tomó una postura profunda y rotó su muñeca una vez.

— ¿Piensas que un cambio en las armas te permitirá prevalecer contra mí?

—No. Goblin Slayer estabilizó su respiración, apuntó la punta de su espada al enemigo, y habló en voz baja. —Pienso que me permitirá matarte.

— ¡Ahórrame tu idiotez!

Mientras rugía, los brazos del elfo oscuro se estiraron anormalmente, extendiéndose hacia Goblin Slayer.

El guerrero humano se lanzó hacia delante, aprovechando la más mínima abertura. En su mano derecha, el elfo oscuro sostenía esa ágil espada. Era una buena arma, pero los reflejos de su dueño la hacían realmente peligrosa.

— ¿Una carga suicida? Nunca me alcanzarás.

Goblin Slayer acaba de desviar el silbante destello de plata con su escudo.

El trozo de cuero redondo ya había sufrido varios cortes y perforaciones y estaba llegando a un punto en el que ya no sería de mucha utilidad.

Pero Goblin Slayer no pensó en eso, cerrando la distancia con su espada lista.

El elfo oscuro salto hacia atrás y se preparó para atacar nuevamente. Goblin Slayer le siguió, alcanzándolo con punta de su espada.

La armadura torácica del enemigo se agrietó levemente haciendo un eco. Pero eso fue todo.

— ¡Ha-ha-ha-ha-ha-ha! Parece que tu brazo hábil no es lo suficientemente fuerte. Goblin Slayer simplemente no tenía el poder para golpear al propio elfo.

El enemigo aterrizó en el suelo, salpicando lodo por todas partes, y declaró triunfal:

— ¡He juzgado tu rango! No eres mejor que Rubí, el quinto rango. ¡O incluso Esmeralda, el sexto!

—No. Dijo Goblin Slayer, agitando SU cabeza. —Prueba con Obsidiana.

Goblin Slayer no lo tenía en él. Pero…

—Oh Madre Tierra que rebosas de piedad, concede tu sagrada luz a los que estamos perdidos en las tinieblas.

Escucharon una voz clara, elevada en súplica a los dioses.

En esta noche de todas las noches, una oración de una chica a la que había bendecido tan recientemente con su amor, ¿cómo podría la Madre Tierra no concederle un milagro?

La luz sagrada explotó del mayal sostenido por la sacerdotisa.

Goblin Slayer Volumen 3 Capítulo 6 Parte 6

 

Pronunciando un grito sin sonido, el elfo oscuro retrocedió cuando una luz tan brillante como el sol atravesó la tormenta.

Sus ojos, acostumbrados a la noche y a la lluvia oscura, ardían como si estuvieran expuestos a la luz del día.

La sacerdotisa ya no necesitaba palabras para comunicarse con Goblin Slayer.

El grupo se encargaría de los goblins; Goblin Slayer se encargaría de su líder. Y…

Eres crucial. Cuento contigo.

Él le había confiado este papel.

Por supuesto, ella seguiría el camino que él hizo a través del ejército de goblin. Y ahora, con la luz a sus espaldas, Goblin Slayer se lanzó a la oscuridad.

La sacerdotisa estaba detrás de él, cubierta de lluvia, barro y sudor, pero con su resolución intacta, sosteniendo la gran luz.

Su belleza no venía de la luz de los dioses que la bañaban, ni de las vestiduras que llevaba.

Venía de la manera en que ella podía llevar su oración al mismo lugar de los dioses en el cielo en nombre de otro.

Sin dudarlo ni un momento. Aunque temblorosa y asustada, aun así levantó su mayal.

— ¡Goblin Slayer!

Su espada se movió, aunque no gritó ni rugió.

Levantó el arma, avanzó, apuntó, la dejó caer, y cortó a su enemigo.

Fue un ataque completamente normal, un ataque totalmente ordinario. — ¡Hrr…gah!

Pero era un ataque.

La armadura torácica de elfo oscuro se rompió, rociando sangre. No era mucho. Pero el golpe había caído en el lugar que quería, y eso era suficiente.

— ¡Por-por qué, t-túúú…!

Dejó caer su espada y apretó su mano contra su pecho, tropezando hacia atrás.

No había temido a ninguna flecha, espada o hechizo mágico. Ese golpe había herido su orgullo como un elfo oscuro mucho más profundamente que lo que había herido su cuerpo.

¡¿Cómo es posible que esta chusma de grupo entrometido me haya rebajado tanto?!

— ¡Te haré desear que solamente hubiera usado el poder del gigante para destruir esta ciudad! El deseo de asesinar ardía en sus ojos. Tanto como los elfos del bosque buscan armonía, los elfos oscuros aprecian el orgullo y el tormento.

—Te haré comida para mis goblins. Y a tu elfa y a tu sacerdotisa, ¡les cortaré las manos y los pies, y las dejaré en lo profundo del nido hasta que mueran…!

El elfo oscuro asumió que era su propia furia creciente era lo que le hacía difícil sacar las palabras.




Cayó de rodillas en una salpicadura de barro.

—Erg… Gah… ¿Hrrr…?

Su cara, del color de las tinieblas, se contorsionaba de dolor. Los cinco brazos en su espalda arañaron el barro, y luchó para ponerse de pie.

¿Fue la invocación lo que había reducido su fuerza tan repentinamente? Imposible. En todo caso, eso le había dado más fuerza.

¿La herida, entonces… el corte?




…No.

—Está envenenado.

Goblin Slayer sólo ofreció esas dos palabras y tiró un trapo viejo de la bolsa de su cadera.

Contenía los dardos que se había usado contra él y la recepcionista en el ataque en la sala del Gremio.

Goblin Slayer no sabía exactamente qué tipo de veneno había en ellos, pero…

— ¡Por-por qué, tú…! ¡Tú…! ¡Túúú…!

…Para usarlo contra su enemigo, era suficiente saber que era veneno.

La sangre se filtró entre los dedos del elfo oscuro y se rompió. La rabia estalló en sus ojos, y la lluvia corrió por sus retorcidos labios.

Usó los brazos de su espalda, en vez de los que temblaban en su torso, para sostenerse.

Un relámpago brilló detrás del elfo oscuro, resaltando su inestable forma, como un árbol marchito.

Jadeó, luchando contra el veneno que corría a través de él. Parecía que estaba a punto de morir, y aún más terrible que antes.

— ¡Omnis…!

Gritó las palabras del verdadero poder, un desesperado último hechizo de muerte, si alguna vez lo hubo.

— ¡No…! La sacerdotisa trató desesperadamente de sostener su mayal arriba con sus manos temblorosas, y su rosto pálido y exhausto.

Pero el esfuerzo de conectar su alma con los mismos dioses una y otra vez había hecho que sus dedos vacilaran.

— ¡Si nos golpea, se acabó, pero… bajo la guardia!

La elfa sacó tres flechas de su carcaj, lanzándolas de una sola vez, más rápido que la magia.

Pero con una ráfaga de viento, la mano nublosa golpeó las flechas mientras pasaban a través de la tormenta.

— ¡El gran poder de Hecatoncheir…!

La elfa rechinó los dientes y con rabia sacó otra flecha. Se negó a creer que era inútil.

— ¡Ráfaga de Piedras es demasiado imprecisa! ¡Depende de ti salvar el día, Orejas largas!

— ¡¿Qué crees que estoy tratando de hacer?!

La arquera soltó un tiro tras otro, pero el brazo barrió cada uno en el aire.

—Mis propios hechizos y los de nuestra señorita sacerdotisa están agotados. Significa…

— ¡Nodos…!

¿Cargar por un ataque cuerpo a cuerpo? No, a esta distancia ni ellos ni Goblin Slayer llegarían a tiempo. El sacerdote lagarto se unió a la elfa para rechinar sus dientes.

El conjuro del elfo oscuro continuó fuerte y claro. Su tiempo casi se había acabado. Los ojos del grupo se volvieron hacia un hombre.

—Goblin Slayer…

— ¿Desviación de flechas?

Cubierto de barro, veneno y sangre, ese casco de acero se inclinó levemente.

—Es capaz de desviar las flechas entrantes… ¿es correcto?

A pesar de la tormenta que les rodeaba, su suave murmullo no podía dejar de llegar a las orejas de la elfa.

— ¡Desviación, lo defiende contra ellas… ya sabes! Levantó su voz para ser escuchada sobre el viento. — ¿Qué…? ¿Cómo lo llamaba mi abuelo…? Mordisqueó su pulgar finamente formado, moviendo sus orejas, molesta. —Creo que dijo… “Ningún metal atraviesa mi piel, el astil de cada flecha es atrapada por mi mano.”

 

—Ya veo. Ningún metal atraviesa la pielEl astil de cada flecha es atrapado. Murmuró para sí mismo. —Desviación de flechas…

Todo esto lo dijo sin emoción, y finalmente asintió para confirmar el llamado de la sacerdotisa, y dio un paso adelante.

Ante sus ojos, la luz blanca ya empezaba a brillar. El aire zumbaba con poder mágico.




Mientras daba el segundo paso, volvió a poner su espada larga en la vaina y giró levemente su hombro derecho.

—Libe…

—Ya veo.

Luego, el tercer paso. En ese instante, el brazo izquierdo del elfo oscuro salió volando.

Nadie, incluido el mismo elfo oscuro, se dio cuenta de lo que había sucedido hasta que la sangre comenzó a brotar del muñón.

La tormenta recogió el chorro de sangre y la esparció como lluvia. Se oyó el ruido del brazo aterrizando en los arbustos.

El extraño y torcido cuchillo arrojadizo había cortado a través del aire, y luego a través de la carne y el hueso del elfo oscuro.

Cuchillo con hojas como un ventilador. El elfo oscuro no tenía forma de saber que era un cuchillo arrojadizo estilo sureño.

— ¡¿…?! ¡Gaaahhh!!

La estrella arrojada viajó a través de la niebla mientras el canto se transformaba en un horrible grito.

El elfo oscuro agarró su miembro mutilado. Detrás de él, el brazo se agitó como un hilo de hierba en la tormenta.

—Esto se considera una daga.

No había nada extraordinario en el lanzamiento de Goblin Slayer.

Fue simplemente rápido y preciso.

Dos brazos danzaron en la noche, el brazo cortado del elfo oscuro, y el que había estado sosteniendo (el artefacto maldito).

Aterrizaron patéticamente en el lodo, y Goblin Slayer los pisó. Desde debajo de su bota, se oyó un sonido que recordaba a rocas rompiéndose.

No sabía exactamente lo que había pasado, pero parecía que el brazo ahora cercenado no valía más que el brazo de un goblin.

— ¡N…no! ¡Mi… brazo! ¡El… brazo… de Heca…toncheir!

Un instante después, una certera flecha atravesó la garganta del elfo oscuro, y entonces se retorció en el suelo.

Hubo una lejana exhalación de la elfa al soltar el disparo.

Esto era todo lo que ella podía hacer sin algún tipo de trampa.

—Mis… sacrificios… no son… suficientes… Y mis… goblins… no sirven… para nada…

El elfo oscuro cubrió un torrente de sangre, y luego concentró su ardiente mirada en los enemigos invasores.

Pero el fuego en sus ojos era bajo. Su visión era borrosa. Parpadeó rápidamente.

Todo lo que podía ver era un aventurero con equipo extraño.

Armadura sucia de cuero, un casco de acero de aspecto barato, una espada de extraña longitud y un pequeño escudo redondo atado a su brazo. Estaba salpicado con lluvia, barro, sangre y tierra. Incluso un aventurero novato estaría en mejores condiciones.

Y sin embargo…

—T-tú… Fuiste tú… Brotaba bilis rosa con sangre de la boca del elfo oscuro.

— ¡En la Ciudad de Agua… el héroe que… frustró nuestras ambiciones…!

Debería haberlo visto antes.

Su venganza sobre esa maldita Sword Maiden, el renacimiento del Señor de los Demonio, y el ritual para convocar una tormenta de caos.

Ellos eran los aventureros que pusieron fin a todo eso.

Este hombre. Este hombre era uno de ellos, estaba seguro. El elfo oscuro miró a ese casco de acero con pensamientos tan sangrientos como sus labios.

—…No.




Respondió tranquilamente. Mucha gente lo apoyó.

Lo ayudó.

Lo guio. Gracias a todos ellos estaba aquí.

Cuando regresaba a la ciudad, había quienes, independientemente de lo que sintieran por él, él los llamaba amigos.

Si se daba la vuelta, vería a los que luchaban con él como compañeros.

Si se iba a casa, había alguien esperándolo allí. No sirvientes. Ni seguidores.

No era nada que haya recibido por los dioses, el destino o el azar.




Sino por las decisiones que había tomado, caminos y palabras que escogió por voluntad propia.

Razón de más para que pudiera llamarse a sí mismo como quisiera. Ah, pero…

—Yo soy…

Sin dudarlo, se declaró a sí mismo.

—…Goblin Slayer.

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