Goblin Slayer

Volumen 3

Capítulo 6: Los Siete Poderes

Parte 4

 

 

— ¡Dijiste que no pusiste ninguna trampa, Corta barbas!

—No lo hice.

Goblin Slayer habló mientras veían a los goblins caer como trigo por una guadaña.

—No dije que no tuviera ningún plan.

—Oi.

—Siempre hay una manera. A menudo muchas.

—Oi.

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Los guerreros colmillo de dragón eran verdaderamente terribles de contemplar en el campo de batalla.

Eran sólo huesos, carentes de ojos, narices y de cualquier necesidad de respirar. El humo del pescado podrido no les afectó negativamente.

Los goblins tosían en la nube, moviendo sus armas a ciegas. Con qué facilidad los guerreros fosilizados los dominaban. Un movimiento de una hoz cortó una cabeza. Con el golpe de la azada, un brazo se fue al suelo. El olor a sangre y la pestilencia de los cuerpos de los goblins se unieron al hedor de los peces podridos en el aire.

Tal vez el infierno olía así.

—No estés bromeando. Dijo la elfa, arrugando su cara y cubriéndose la boca y la nariz con un paño. —Siempre tienes algo en la manga para tiempos como estos, Orcbolg.

Eso fue lo que lo convirtió en el líder de su grupo.

La elfa pudo haber tenido más experiencia (o eso es lo que ella creía), y el sacerdote lagarto quizás pensaba más calmadamente.

Pero cuando se trataba de muchas estrategias poco ortodoxas…

—Pero no puedes usarlo en nuestra aventura, ¿de acuerdo? Me enfadaré si lo haces.

— ¿Éste tampoco?

—Por supuesto que no.

—Ya veo.

La sacerdotisa se rio de su desanimada respuesta.

— ¿Está decepcionado?

—Cuando se es superado en número por el enemigo, es una manera efectiva de frenar la vanguardia. Explicó imparcialmente Goblin Slayer, y luego asintió con un gruñido. —Buscan e investigan y se vuelven más ansiosos. Dudan de lo que vendrá después. Es como un truco de manos.

—No estoy seguro de que eso sea lo mismo…

Tan pronto como ella lo dijo, la sacerdotisa miró al campo de batalla como si hubiera sentido algo. Sus ojos se abrieron de par en par.

— ¡Oh…!

Tembló fuertemente mientras gritaba, y luego saltó delante del resto del grupo.

Antes de que alguien pudiera detenerla, levantó primero su mayal y luego su voz.

— ¡Oh Madre Tierra Madre, que rebosas de piedad, por el poder de la tierra concede seguridad a quienes son débiles!

Imploró a los dioses por un milagro. La totalmente compasiva Madre Tierra, la dotó de una barrera invisible, centrada alrededor del báculo que sostenía en el aire.

En ese instante, las palabras de una lengua antigua resonaron por el campo de batalla.

—“¡Omnis… nodos… libero!” ¡Yo desenlazo todo lo que está atado!

Una luz explosiva los cegó. Una luz cubierta de blancura cortó a través de la lluvia oscura y lo envolvió todo.

Perforó el campo de batalla, despejó el humo, y destrozó a los guerreros colmillo de dragón. Los soldados esqueléticos se derrumbaron como una torre de ladrillos.

La luz volvió a pulsar sobre el campo de batalla, atrapando a varios goblins y convirtiéndolos en polvo…

—Hrr… rrr…

…Hasta que, con un choque, se estrelló contra la barrera invisible y desapareció.

La lluvia azotó como un torbellino, ahora con otro extraño olor mezclado con él.

La sacerdotisa se contrajo mareada, incapaz de absorber completamente el choque espiritual de tal impacto.

Goblin Slayer usó su escudo en su mano izquierda para sostenerla y mantenerla erguida.

—Yo… lo siento…

— ¿Estás herida?

—N…no, mi cuerpo está bien… La sangre se le había drenado del rostro, y se mordió el labio lamentablemente. —Pero a…ahora sólo me queda un milagro…

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—No. Goblin Slayer agitó la cabeza. Es suficiente.

Las oscuras nubes que cubrían el campo de batalla habían sido disipadas.

No tendrían mucho tiempo antes de que los goblins se recuperaran de su confusión.

Los guerreros colmillo de dragón no duraron tanto como esperaba.

Goblin Slayer rápidamente revisó sus planes. Había intentado entrar sólo después de que los guerreros hubieran reducido un poco los números de goblin.

Tenía una idea, no era exactamente una carta del triunfo, pero era algo que había preparado por si acaso se enfrentaban a algo distinto a los goblins.

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Pero la granja estaba a sus espaldas. Tendrían que matar a todos sus enemigos aquí. Nadie podría quedar vivo.

Como de costumbre.

— ¿Qué piensas? Preguntó él.

—Eso tiene que ser un hechizo de desintegración. Dijo el chamán enano, acariciando su barba mientras buscaba en su bolsa de catalizadores. —Eso es algo malo para enfrentar, pero lo más probable es que no puedan hacerlo más de una vez.

—Es extraño, sin embargo. Dijo el sacerdote lagarto desde donde se agachó para cubrirse en la maleza, observando el campo con atención. — ¿Sería normal que un hechicero de tal poder simplemente dividiera a sus goblins?

— ¿Podría tener otro objetivo? Murmuró Goblin Slayer.

Nubes oscuras giraban sobre sus cabezas. Los elementos les azotaron sin piedad.

Goblin Slayer tuvo un mal presentimiento. El mismo sentimiento que tuvo cuando un goblin se le acercó silenciosamente por detrás.

—No tenemos forma de ganar tiempo.

—Hay un viejo proverbio, “Una trampa ya activada ya no es una trampa”. El sacerdote lagarto sacudió su cola. —Creo que nuestra mejor oportunidad está en un ataque frontal, forzando su mano. ¿Usted?

—Estoy de acuerdo. Dijo Goblin Slayer, y luego giró su casco hacia la sacerdotisa.

Ella limpió el sudor, el barro y la lluvia de su cara y encontró su mirada.

Su casco también estaba empapado por el diluvio, manchado de barro y sangre, y la expresión en su interior era inescrutable.

—Eres crucial. Cuento contigo.

Pero ella podía sentir su mirada en ella. Parpadeó.

Era más que suficiente para sostener la fe en su corazón.

Goblin Slayer, esta inusual persona que no podía ayudarse a sí mismo, contaba con ella. Él lo había dicho.

—… ¡Sí!

—Muy bien. Todos, ya conocen el plan. Es lo que les dije antes. Goblin Slayer tomó su espada, preparó su escudo y dio un paso al frente.

El sacerdote lagarto se alineó junto a él, con su garra-espada lista, y su cola levantada.

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En la parte trasera, la elfa puso una flecha en su arco, haciendo retroceder la cuerda.

El chamán enano sostenía catalizadores en ambas manos mientras comenzaba a cantar.

Y la sacerdotisa se aferró firmemente a su mayal agrado, ofreciendo una oración a los dioses en el cielo.

—Vamos.

Y así inició la batalla.

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