Goblin Slayer

Volumen 3

Interludio 5: De la Mente Maestra Detrás de Escena

 

 

Había sido una larga y difícil batalla.

Pero ahora cinco—no, seis cadáveres destrozados estaban ante él.

Los nuevos equipamientos, aún reconocibles por lo que eran, eran el único testamento que quedaba de sus antiguos propietarios.

Las chicas se habían opuesto a él tenazmente, pero con una paliza de sus goblins…

¿Tal vez debería haberlas dejado vivas?

Agitó levemente la cabeza, desechando el pensamiento tan pronto como se le ocurrió.

Especulación inútil.




Si la muchacha en las líneas del frente no hubiera recibido el porrazo con su cara, destrozando su adorable frente, probablemente él estaría muerto en vez de ella.

Pero por suerte o por casualidad, los dioses le habían concedido un golpe crítico.

No sería exagerado decir que determinó el curso de la lucha.

El aire era húmedo, denso con el dulce hedor de la carne podrida, y asediado por un frío penetrante. Lo saboreó todo.

Sus ojos funcionaban tan bien en esta oscuridad como en la luz del día. Los goblins refunfuñones delante de él le parecían ridículos y adorables a la vez.

Ellos lo habían apoyado valientemente en contra de estos aventureros que habían penetrado hasta el lugar del rito, profundo en esta cueva.

Cierto, era la codicia y no la lealtad lo que los había motivado, pero su vida fue salvada igualmente.

Tenía una búsqueda, una misión.

Una búsqueda crucial, concedida a él desde el lejano más allá de la oscuridad, por los mismísimos dioses del caos.

Temblaba de alegría cada vez que recordaba su regalo, su oráculo.

Era un raro honor recibir un regalo directamente de los dioses.

Aquellos a quienes se les concedieron tales cosas, si eran aventureros, se convirtieron en héroes. Si estaban alineados con las fuerzas del caos, se convirtieron en villanos legendarios.

Llevaba a la muerte y a la gloria, al honor y a la leyenda. A todas estas cosas, él tenía la llave.

Tenía una forma extraña, como una retorcida y vacía garra que se extendía para sostener algo.

Ahora todo lo que necesitaba eran sacrificios vivos.

Sin embargo, de ninguna manera tenía suficientes aún.

Tendría que ordenar a los goblins que le trajeran más sacrificios. Y si eso no fuera suficiente…




Bueno, los aventureros tenían un amor especial por el dinero y las mujeres. Podrían ser llevados del orden al caos fácilmente.

Qué cosa tan simple era invadir brutal y cruelmente a los afectados por el festival cuando uno era guiado desde dentro…

Ellos cruzarían los muros defensivos, derribarían las decoraciones, matarían a los que huían en pánico, violarían, saquearían.

Y luego haría su ofrenda.

El elfo de piel oscura sonrió pensando ampliamente en ello.

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