Goblin Slayer

Volumen 3

Capítulo 5: Un Escenario Desbaratado

Parte 2

 

 

Así llegaron los goblins a la ciudad fronteriza.

Al norte de la ciudad, los quince goblins del primero de los grupos alrededor de la ciudad, estaban encantados con la oportunidad de marchar al “mediodía”.

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Durante muchos meses, su “comandante” había insistido en que frenaran sus deseos.

Y no importaba la seguridad de que más tarde se les permitiría hacer lo que quisieran, los goblins odiaban ser pacientes.

Los goblins creían en no dejar para mañana lo que uno podía hacer hoy, al menos cuando se trataba de auto-complacerse. ¿Por qué esperar a cenar cuando se puede almorzar?

Esto no era porque eran demasiado estúpidos como para pensar en el futuro, sino porque lo veían como la única forma de sobrevivir.

De todos modos, los goblins estaban hambrientos.

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Estaban hambrientos, aburridos, hartos de esperar, y más que nada querían algunos placeres que los distrajeran.

Atacar una ciudad llena de personas bajo los efectos del festival era lo que necesitaban, y su moral estaba alta.

Llevaban una variada colección de equipamientos y sus pasos eran ligeros mientras caminaban en formación.

La noche acababa de caer. Para ellos era de madrugada, así que aún estaban algo cansados, pero pronto llegaría su momento.

¿Qué tenían que temer? ¿Qué razón tenían para dudar?

— ¿GROOBR…?

— ¡GROOB! ¡GOROOBBR!

Y aun así, dejaron de moverse.

Bajo la luz de la luna que se filtraba por las nubes, podían ver una cuerda que cruzaba el sendero delante de ellos.

Los goblins se reían el uno al otro. Qué tontos eran estos humanos.

Uno de ellos cortó la cuerda con una punta de una lanza rustica, y se oyó un golpeteo en los arbustos.

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Siguieron el sonido y encontraron un simple dispositivo de tablas de madera ensartadas a lo largo de la cuerda.

Incluso los goblins reconocerían una alarma cuando la vieran.

¿Qué esperaban ganar los humanos con esto? Le dieron una patada y la enviaron volando.

— ¡GROROBR!!

— ¡GOBRR!

El avance se reanudó.

Su capitán agitó la mano, y los goblins empezaron a caminar, sonriendo entre ellos.

El lugar del festival no estaba muy lejos. Las personas ya habían tenido su celebración. Ahora era el turno de los goblins. Siguieron adelante, cantando un canto de la muerte con sus chillantes voces.

Todo ello sin darse cuenta de que los aventureros los miraban desde los arbustos.

—G…Goblin Slayer, ¡desarmaron tu trampa!

—Todo está bien.

— ¿Huh? La sacerdotisa, presa del pánico, estaba francamente sorprendida mientras miraba por encima de su hombro a Goblin Slayer.

—Esa no era la trampa. Era sólo un señuelo.

—… ¿Qué? ¿Q…qué hacemos entonces? A este paso…

—Sólo mira. Ya lo verás.

Apenas había hablado, se oyó un sonido bajo y agudo. ¿Los goblins lo notaron?

Era el sonido de una cuerda estirada que se soltaba repentinamente.

En el siguiente instante, algo salió volando de los arbustos y atacó al grupo de goblins. Estacas afiladas o lanzas—no, eran flechas gigantescas.

Largos, afilados y gruesos trozos de madera que habían sido cortados hasta obtener las puntas más afiladas posibles.

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Impulsados por ramas que actuaban como arcos de gran tamaño, los misiles fueron disparados directamente hacia los goblins.

— ¡¿GROOROB?!

— ¡¿GOBR?!

Alaridos y llantos. Los horribles sonidos de la muerte de aquellos llevados a su fin en una ola de agonía.

Afortunados fueron los goblins que murieron inmediatamente con los pinchos. Otros, disparados en el estómago, no pudieron extraer las estacas y sólo podían esperar a la muerte.

Pero esa descarga apenas acabó con los goblins, por supuesto.

— ¡GOORB! ¡GOBRR!!

A algunos no les había caído ningún disparo. Los supervivientes enviaron gritos de furia y odio, luego levantaron las armas y comenzaron a correr.

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Nunca decidieron por completo si estaban huyendo o presionando hacia adelante, porque Goblin Slayer y el sacerdote lagarto saltaron de los arbustos y descendieron sobre los goblins con sus espadas.

Goblin Slayer Volumen 3 Capítulo 5 Parte 2

 

—La trampa parece haberse beneficiado de mis disparos de prueba.

— ¡Por supuesto! ¡Y ahora contemplen! Siéntanse orgullosos, ¡o mis antepasados!

Los goblins gritaban mientras sus corazones eran ensartados, sus gargantas arrancadas, sus cráneos aplastados, y sus entrañas esparcidas.

En medio de los gritos se escuchaba la única y aguda oración del sacerdote lagarto, resonando en la noche. La destrucción de la herejía era tanto su alegría como su misión.

Es decir, su motivación era diferente a la de Goblin Slayer, pero sus objetivos eran los mismos.

Comparado con el tranquilo y metódico Goblin Slayer, el estilo de lucha del sacerdote lagarto estaba repleto de regocijo.

—Trece—ahem, o mejor dicho, catorce.

—No. Quince.

La pelea duró sólo unos segundos, los goblins terminaron siendo cadáveres cruelmente expuestos.

Tal vez no sea necesario decir que ningún goblin tuvo más suerte que los que murieron instantáneamente en esa primera descarga de enormes flechas.

—Erk… Oh… La elfa palideció un poco viendo la situación desde donde se posaba, en los árboles, con sus flechas listas para disparar.

Se suponía que iba a disparar a cualquier goblin que tratara de huir, pero al final eso no había sido necesario.

Y sin embargo… bueno, esto…

—No sé cuántas veces me he preguntado, ¿qué estás pensando, Orcbolg?

—Esto es lo que estoy pensando.

—… Ahórrame las molestias.

La elfa saltó de su rama, sin hacer ruido, sin doblar ninguna rama o hacer caer ninguna hoja.

Aunque apenas podía soportarlo. En cualquier otra aventura, esto habría estado fuera de lugar.

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— ¡Esa trampa está fuera de los límites para cualquier cosa que no sea matar goblins!

—Hrk…

—Bueno, hay un momento y un lugar para todo. Dijo el chamán enano, que había estado esperando silenciosamente en la retaguardia junto a la sacerdotisa con el fin de conservar sus hechizos. Acarició su barba con un reflexivo murmullo, inspeccionando el dispositivo que acababa de causar tal destrucción.

La cuerda que parecía ser una alarma había sido conectada a una gruesa rama cercana. La rama había sido doblada como un arco con las estacas afiladas como jabalinas encima. Cuando se cortó la cuerda, volaron las estacas—era una ballesta primitiva.

—Una trampa simple. Pero bastante efectiva para todo eso.

—Originalmente era para los juegos de cacería.

La espada de Goblin Slayer había soportado esta batalla y la lucha en la sala del Gremio, así que la tiró sin vacilar.

— ¿Dónde aprendiste eso?

—De mi hermana mayor. Dijo cortantemente, escarbando por los cuerpos. —Mi padre era un cazador. Lo aprendió de él.

Recogió la mejor espada que pudo encontrar, revisó el filo, y luego la envainó.

—Requiere cierta destreza. Los goblins no lo entenderán la primera vez que lo vean.

—Aunque se necesita un lugar y tiempo adecuados para prepararse por sus limitaciones. Ahora bien, Goblin Slayer, ¿qué hacemos ahora? El sacerdote lagarto sacudió la sangre de su espada colmillo, tocando la punta de su nariz con la lengua.

—Tengo una idea. Goblin Slayer inclinó un poco su casco. —… ¿Has terminado?

—Oh, uh, ¡sí! La sacerdotisa asintió, levantándose de donde había estado orando por las almas de los muertos.

Habría más muertes por venir. No había tiempo para enterrar los cuerpos aquí y ahora.

Pero por lo menos Goblin Slayer nunca interfirió con sus oraciones.

—El poder de la Madre Tierra sigue siendo fuerte. Dudo que se conviertan en no-muertos esta noche.

—Ya veo… ¿Todavía tienes ese regalo, o como sea que lo llames?

—No. Dijo la sacerdotisa, agitando la cabeza. —Creo que debe haber sido sólo por ese momento.

—Ya veo. Murmuró Goblin Slayer, y asintió.

Aceptó todo eso sin quejarse.

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En donde ella se había levantado, se arrodilló al costado de un cadáver, cogiendo una daga goblin para su propio cinturón. Buscó en la criatura cualquier otra cosa que pudiera ser útil, y luego miró a la elfa.

— ¿Qué está pasando?

—Veamos… Dame un minuto.

Cerró los ojos, sus largas orejas temblaban levemente.

Incluso el chamán enano mantuvo la boca cerrada, dejando sólo el silencio, o mejor dicho, el silbido del viento.

Entonces, se oyó el crujido de la hierba, la respiración de los animales. Zumbidos de insectos y truenos sordos. Y…

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—… El oeste. Es más ruidoso allí, así que probablemente sea el siguiente. El este también.

—Ya veo. ¿Qué hay de los otros?

—Estoy un poco preocupada por la colina al sur, a pesar de que está lejos… Sus orejas revolotearon con confianza. Olfateó, recogiendo el olor en el aire. —Viene la lluvia. Los truenos se están haciendo más fuerte.

—Mm. Goblin Slayer gruñó, luego se giraba hacia el sacerdote lagarto y dijo — ¿Qué piensas?

—…El clima está del lado de nuestros enemigos esta noche. La lluvia les será perfecta para ocultarse. El sacerdote lagarto se tocó la nariz con la lengua y soltó un siseo. —Debemos matarlos a todos. Si uno o dos llegan a la ciudad, la victoria será suya.

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—Tendremos que apresurarnos, entonces Dijo sin rodeos Goblin Slayer.

—Esas nubes de tormenta… Tengo un mal presentimiento sobre ellas. Dijo la sacerdotisa. No fue el frío lo que le hizo temblar los hombros. —Tienen la sensación de… no lo sé. Caos. Algo artificial.

—Hrm…

La elfa, que estaba en sintonía con todas las cosas naturales, y la sacerdotisa, que servía a la diosa de la tierra, estaban ambas ansiosas.

Quizás deberían asumir que esto era un hechizo lanzado por un chamán goblin, o por el que está detrás de los ataques de los goblin.

Goblin Slayer, por su parte, nunca había conocido a un goblin con tanto poder. Pero eso no era una garantía de que no existiera.

Tendrían que hacer hipótesis, planificar, y tendrían que ganar.

Sus pensamientos se interrumpieron cuando una mano abierta le golpeó fuertemente en la espalda.

— ¡Qué, ahora, no hay necesidad de ser tan serio, Corta barbas! Era el chamán enano. La pequeña estatura de los enanos ocultaba su fuerza física, y ésta le dio a Goblin Slayer otra palmada en la espalda. — ¡Apenas estamos jugando el mismo juego que ellos! Sólo haz lo que siempre haces.

Goblin Slayer asintió.

—… Cierto.

La verdad es que, de todos modos, no había mucho tiempo para pensar.

Ellos eran pocos, y su enemigo una legión.

Tendrían que ser rápidos, sutiles y precisos si quisieran tener alguna posibilidad de victoria.

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Fue sólo la presencia de los miembros de su grupo lo que le impidió aceptar la derrota. Eso era algo que él no sabía cómo devolver.

No tenía ni idea, pero si ellos pedían una aventura, entonces se iría a una aventura.

Incluso si le prohibieron usar sus trampas por alguna razón, bueno, tenía muchas otras tácticas.

—Del este y del oeste, ¿no? Están intentando un ataque de pinza.

Goblin Slayer se alzó. —Vamos a detenerlos.

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