Goblin Slayer

Volumen 3

Capítulo 5: Un Escenario Desbaratado

Parte 1

 

 

—Whoa, ¿qué le pasa?

— ¿Alguien ha visto a un aventurero tan sucio?

—Hey, ¿no es Goblin Slayer?

— ¿Goblin Slayer?

—Dicen que se especializa en matar goblins.

— ¿Así que ese atuendo es parte de su estrategia para matar goblins?

—Supongo. Él es Goblin Slayer.

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—Goblin Slayer… huh.

— ¡Heeeyyy! ¡Cuidado con los goblins!

Goblin Slayer corrió tenazmente a través de la multitud, zigzagueando entre los ciudadanos que aún estaban bajo el dominio del festival.

Llevaba su mugrienta armadura de cuero y su casco de aspecto barato, llevaba su espada de una extraña longitud, y tenía su escudo redondo atado al brazo.

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Incluso un aventurero novato tendría mejor equipamiento, pero su silueta rápidamente desapareció entre la muchedumbre.

Recibió algunas miradas extrañas, pero no desconocidas.

La sala del Gremio estaba en la entrada de la ciudad, justo al lado de la puerta de la ciudad. Dejando atrás a la recepcionista, fue directamente a esa puerta, y más allá de ella…

— ¡Goblin Slayer! Escuchó una voz parecida al tintineo de una campanilla tras él.

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No necesitaba darse la vuelta. Ya reconoció a su dueña.

—Has venido.

— ¡Sí! Recibí un regalo… ¡un oráculo!

Era la sacerdotisa, agarrando con las dos manos su bastón—no, su mayal—con ambas manos.

Todavía estaba vestida con su escasa vestimenta de ritual mientras se precipitaba, con su respiración aún entrecortada.

Así que era ella, y no Goblin Slayer, la que atrajo más miradas.

Manejó una expresión seria mientras se sonrojaba de vergüenza.

—Me dijo que te encontrara… Um, ¿qué…?

—Goblins Slayer, estoy seguro.

Mientras los dos pasaban por la puerta del pueblo, una sombra se les acercó sin sonido desde un lado.

Esa voz clara. Esa delgada figura. Las orejas de la elfa rebotaron, y sus ojos se entrecerraron como un gato.

—Si Orcbolg está corriendo, ¿qué más podría ser?

—Indudablemente, indudablemente.

—Corta barbas no es exactamente difícil de entender.

Dos sombras más la siguieron.

El imponente sacerdote lagarto juntó sus manos en un extraño gesto, mientras el chamán enano acariciaba alegremente su barba.

Cada uno de ellos ya estaban preparados con el equipo que pensaban que era mejor para la batalla.

—… Hrm.

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Goblin Slayer gruñó y se quedó quieto.

Miró a cada uno de ellos. No podían ver su expresión detrás de su casco.

— ¿Quieres saber por qué estamos todos aquí, aunque no nos llamaste? Sus pensamientos estaban ocultos, pero no eran difíciles de adivinar. —No subestimes las orejas de un elfo. Explicó la elfa. Hizo un movimiento autocomplaciente con sus orejas.

— ¿Crees que no puedo oír a un par de idiotas susurrando en una taberna? ¿O rumores? Levantó su delicado dedo índice, formando un círculo en el aire.

— ¡Una aventura! Conmigo, con todos. Ese es nuestro precio por ayudarte.

—…Ya veo.

Goblin Slayer asintió bruscamente, y las orejas de la elfa se balancearon.

—Oye, ¿eso es… eso es todo? ¿No nos vas a dar las gracias, alabarnos o algo?

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—No… Tuvo un momento de vacilación. Como si ni siquiera estuviera seguro de qué hacer.

Goblin Slayer buscó las palabras a tientas, y luego dijo, sin emoción pero de forma inequívoca:

—… Gracias. Por ayudar.

—No te preocupes. Dijo la sacerdotisa con una risita que no podía contener. Aun sujetando su mayal, su mirada le abrió paso a su cuerpo. —Somos tus amigos, ¿verdad?

—Ya veo. Goblin Slayer asintió. —… Sí, lo son.

Los cuatro aventureros intercambiaron miradas y sonrieron ampliamente. En lo que sea que estuvieran a punto de meterse, no estaban preocupados. Después de todo, el día especial había terminado. Este sería otro día normal. Para un aventurero, cada nuevo día significaba una nueva aventura.

—Puede que nos digas que no te hagamos caso, chica, pero no es fácil ignorar ese disfraz tuyo. Se burló el chamán enano, acariciando su barba y sonriendo.

—Viejo verde. Se quejó la elfa. La sacerdotisa agitó sus manos frenéticamente.

— ¡Um! ¡Oh! ¡Uh! ¡Yo! ¡Es por el ritual…! ¡No tuve tiempo de cambiarme!

—Me parece que te favorece mucho. El sacerdote lagarto movió los ojos y se rio con las mandíbulas abiertas. — ¿Qué le parece, Goblin Slayer-san?

La respuesta de Goblin Slayer fue indiferente.

—Nada mal.

— ¡¿Gwaaah?!

La sacerdotisa no fue la única sorprendida. Mientras ella se sonrojaba vertiginosamente, el sacerdote lagarto sacó la lengua, como si no estuviese seguro de cómo responder a su propia pregunta. La elfa comenzó a preocuparse seriamente por la salud de Goblin Slayer, e incluso el chamán enano se congeló.

Goblin Slayer miró al grupo y luego aclaró. —Me refiero a nuestras circunstancias.

Todos suspiraron. La sacerdotisa hinchó sus mejillas y no dijo nada.

—…Parece que viene una tormenta.

Goblin Slayer asintió con la cabeza al susurro de la elfa, y luego dio una explicación.

—Desde la torre de vigilancia del Gremio vi sombras en todas las direcciones. Lo más probable es que vengan goblins.

— ¡¿Qué?! Los ojos del chamán enano estaban abiertos. Casi escupió su trago de vino, y luego lo tragó apresuradamente.

—Eso es preocupante, eso es… Esa última horda requirió más que un poco de trabajo.

—Mm. ¿No podríamos recurrir a la ayuda de otros aventureros como lo hicimos entonces? Preguntó el sacerdote lagarto.

—No… Se detuvo a sí mismo y luego miró hacia el pueblo.

La celebración, el festival, ya había terminado. La gente regresaba a sus casas. Unos pocos seguían caminando borrachos, reacios a dejar que la diversión terminara.

Aquí vivían personas de todas las razas y profesiones, y también lo hacían aventureros de la misma diversidad.

Goblin Slayer pensó.

Pensó en el guerrero blindado. En la caballera femenina.

Pensó en el joven explorador y en la chica druida, en el guerrero novato y en la sacerdotisa aprendiz.

Y finalmente, pensó en el lancero y la bruja.

—…Esta vez…

Tras esta tranquila reflexión, Goblin Slayer agitó lentamente su cabeza.

Ahora sabía cuánta valentía se necesitaba para hablar.

¿Había algo más aterrador en todo el mundo que confiar todo a la suerte?

Contempló a la sacerdotisa desde detrás de su visera. Estaba visiblemente asustada, pero mirando hacia delante.

Ella había dicho antes que la suerte no tenía nada que ver.

Goblin Slayer hizo un puño.

—…Creo que nuestra fuerza será suficiente.

—Pero Corta barbas. Dijo el chamán enano, comprobando los catalizadores en su bolsa.

—Si hay demasiados… Bueno, hubo muchos de ellos la última vez. No podríamos haberlo hecho solos.

—Por supuesto que no. Dijo Goblin Slayer calmadamente. —Nadie puede enfrentarse a un ejército goblin en un campo abierto.

— ¿Crees que esta vez será diferente?

—Nuestro enemigo está dividido. Sólo hay unos pocos en cada unidad, no están bien coordinados. Y ya he hecho algunos preparativos.

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La elfa lo miró, sorprendida de que pudiera estar tan calmado.

— ¿Preparaciones? ¿Cómo sabías exactamente que estos goblins venían, Orcbolg?

—Porque si supiera que un nido para los goblins se emborracharía por la celebración, lo atacaría.

—…Hmph. Ya veo.

Su respuesta no podría haber sido más directa.

—Rápido. Explicaré el resto mientras nos movemos.

Goblin Slayer se puso en marcha mientras hablaba, y los demás se unieron a él.

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Abandonaron la carretera principal, saltando entre los árboles y la vegetación a lo largo de los senderos forestales.

Cada uno de ellos lo siguió de cerca mientras él marcaba un ritmo digno de un explorador.

Después de todo, si un aventurero no pudiera seguir a un explorador a través de las ruinas de un laberinto, ése sería el final.

— ¿Sabías que últimamente no ha habido muchas misiones de eliminar goblins?

—Supongo que no lo noté. Pero, ¿y qué? La elfa corrió suavemente a su lado con sus orejas rebotando. Ella corrió lo suficientemente despacio como para que los otros pudieran mantenerse a la par. La sacerdotisa nunca había sido muy atlética, y los lagartos y enanos no eran conocidos por su velocidad.

—Son parásitos. No pueden sobrevivir sin robar a otros.

— ¿Seguro que tú—huff, huff—no los has matado ya a todos?

Goblin Slayer miró al chamán enano, moviendo sus brazos y piernas tan fuertes como pudo, y moderó su paso.

—No es posible.

— ¿Y por qué es eso?

—Porque no han estado tocando a las mujeres que han secuestrado. Si sus números bajaran, darían prioridad a la reproducción.

Los goblins que ignoraban a las mujeres que secuestraban, eran tan extraños como los dragones que no acaparaban el oro, o nigromantes sin ningún interés en los cadáveres.

—Hrrm. Gruñó el sacerdote lagarto, manteniendo la cabeza baja para poder hablar mientras corrían, balanceándose con su cola. —Significa que… hay algo o alguien que les proporcionan recursos y les hace secuestrar a esas mujeres.

—Oye, ya sabes… La sacerdotisa sonaba como si de repente hubiera recordado algo.

El sacerdote lagarto, por su parte señaló el mayal que ella sostenía, con su cola, y le preguntó si quería que él la sostuviera por ella. Ella sonrió y se negó, y luego habló.

—Los goblins con los que nos topamos estaban bien equipados, ¿no? Armaduras y armas y todo…

—Si suponemos que esos artículos no fueron simplemente robados, significaría que alguna otra entidad se los suministró a los goblins.

—Sí. Goblin Slayer asintió.

Como el monstruo gigante, —como quiera que se llame—, que habían encontrado en las ruinas antes.

O la criatura de un ojo sin nombre que habían encontrado en las alcantarillas debajo de la Ciudad de Agua.

Los goblins eran efectivamente los soldados de infantería del caos, lo que significaba que su líder no era un goblin.

—No sé quién es, y no me importa. Pero… Consideraba que la pregunta era insignificante, no valía la pena.     —…Puse trampas en los caminos que ellos prefieren usar, en todas las direcciones. Nos encargaremos del resto nosotros mismos.

Los enemigos eran goblins. Nada más.

Simplemente siguió corriendo, con sus amigos intercambiando sonrisas cansadas detrás de él.

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Después de todo, si la aventura era habitual para un aventurero…

—Los números de los goblins son su única fuerza. Sólo un líder aficionado los dividiría.

…entonces matar goblins era un trabajo habitual para Goblin Slayer.

—Y vamos a enseñarles eso de primera mano.

Lejos en la distancia,  truenos comenzaron a retumbar.

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