Goblin Slayer

Volumen 3

Capítulo 4: Es tu Sonrisa lo que Importa

Parte 3

 

 

Era como el ojo de una tormenta.

Tan agitado como lo era la ciudad, sólo este edificio estaba cubierto en silencio.

El Gremio de Aventureros.

En un día tan brillante y festivo, no había nadie aquí para dejar alguna misión, ni aventureros que las tomaran.

La recepcionista abrió la puerta principal, llevando a Goblin Slayer adentro.

—Puedes ponerte cómodo. Estaré contigo en un minuto.

—Entendido.




Sus voces resonaban en un espacio normalmente ruidoso en donde era difícil escucharse. Era impresionante lo solitario que parecía el edificio sin ocupantes.

Goblin Slayer había estado en varias ruinas abandonadas, pero nunca antes había experimentado esto. Por supuesto, las ruinas raramente permanecían calladas durante mucho tiempo después de él apareciera.

—Hmm…

La silueta de un banco se extendía en el oscuro interior, y su propia sombra avanzaba por la pared mientras caminaba.

Atrapado entre el silencio y las sombras, él se sentía como un fantasma.

Goblin Slayer hizo lo que siempre hacía, fue a revisar el tablón.

Todas las misiones urgentes ya habían sido realizadas, anticipándose al festival. Los trozos de papel que quedaban eran todas aventuras nada importantes.

Eliminar ratas en las alcantarillas. Recoger hierbas. Deshacerse de un hongo en las montañas.

Reunir objetos antiguos para un coleccionista de curiosidades. Patrullar las carreteras. Confirmar el linaje del hijo ilegítimo de una casa noble.

Explorar ruinas inexploradas. Escoltar a una caravana mercantil.

—Hrm.

Goblin Slayer volvió a revisar todo, para estar seguros.

Pero, no. Nada de misiones para matar goblins.

—…

—Uhhhh, ah, ahí estás. Estoy lista ahora.

Se volteó por la llamada, aún en su línea de pensamiento.

La recepcionista lo saludaba desde el área de recepción, parecía que sostenía una llave de algún tipo.

— ¡Ven aquí, por aquí! Bien, ¡vamos!

Y entonces ella se agachó detrás del mostrador de recepción, dejando a Goblin Slayer donde estaba.

Dando una última mirada al tablón, la siguió con facilidad.

Había estado afiliado a este Gremio por cinco años, pero nunca había estado en el área de los empleados.

— ¿Está permitido? Preguntó, a lo que la recepcionista le contestó suavemente.

—No. Mientras ella lo miraba a él.

—Por eso es que esto debe quedar sólo entre nosotros. No se lo digas a nadie, ¿vale?

Sacó la lengua burlonamente, y Goblin Slayer asintió.

—De acuerdo.

— ¿En serio? Estaré triste si estás mintiendo.

—Sí, de verdad.

—Te creo entonces.

Ella volvió a girar, con su trenza rebotando en el aire. Goblin Slayer la siguió de cerca cada vez más adentro.

Escuchó un sonido desconocido, el de la recepcionista tarareando. No reconoció la canción.

Finalmente, todavía animada, se detuvo frente a una vieja puerta, girando la llave ruidosamente en la cerradura.

Más allá había una escalera caracol empinada y desgastada. —Está aquí arriba. ¡Vamos!

—Ya veo.

La escalera no crujió cuando la recepcionista la pisó, pero lo hizo cuando Goblin Slayer comenzó a subir. Sólo por el sonido de los pasos, uno habría asumido que sólo había una sola persona.

— ¡Gracias a dios! Dijo la recepcionista, poniendo una mano en el pecho y enderezándose. — ¡Si hubiera crujido bajo mi peso, no habría podido resistirme a la conmoción!

— ¿Es así?

—Claro. Las chicas están muy preocupadas por estas cosas.

— Ya veo.

Uh-huh, ella asintió.

Ella miró atrás por encima de su hombro y dijo burlonamente. — ¿Habría sido mejor que me hubiera puesto una falda, Goblin Slayer?

Agitó su cabeza y dijo. —Mantén los ojos hacia adelante. No quieres tropezar y caer.

—Aww, pero estás aquí para atraparme.

—Incluso así.

—Muy bien…

Ella sonaba bastante alegre, aunque él no estaba seguro que era lo que ella estaba disfrutando tanto.

Pronto llegaron a la cima de la espiral. Allí encontraron otra puerta vieja.

—Espera un momento. Dijo la recepcionista, usando una llave oxidada para abrirla. —Aquí es donde quería llevarte.




—… ¿A mí?

—Sí, adelante. Ella abrió la puerta.

En el momento en que lo hizo, apareció un destello, y su visión estaba llena de oro.

Montañas de tesoros, joyas, suficientes para desconcertar a los sentidos—no. Era el mundo en sí mismo, reflejando la profunda luz del sol.

Montañas, ríos, colinas llenas de margaritas, bosques y granjas. La ciudad, el templo, la plaza. Todo.

Era la torre de vigilancia del Gremio, y desde ella se podía mirar todo en cualquier dirección.

Por muy alto que fuera, por muy lejos que estuviera, era visible desde aquí.

Muchedumbres bulliciosas, músicos tocando. Risas. Una canción. Todo llegaba a la torre.

Si la sala gel gremio era el ojo de la tormenta, este era un lugar para ver la tormenta misma.

Vivaz y alegre, un día suficientemente hermoso para celebrar. Y Goblin Slayer estaba en su corazón.

—… ¿Qué tal? ¿Sorprendido?

La recepcionista se paró junto a la barandilla, pasando sus manos por ella. Miró a su casco, pero no pudo ver nada.

Pero, ella creía, que no había nadie más fácil de entender que él.

No requirió mucha inteligencia entender su meta cuando fue alrededor de la ciudad.

—Estabas patrullando, ¿verdad?

A través de las calles, revisando las alcantarillas, vigilando los ríos en busca de alguna señal de goblins.

Así era esta persona.

Así que seguramente, si veía todo desde la torre de vigilancia, él podría haberse…

—… ¿Te has relajado un poco?

—No… Goblin Slayer sacudió lentamente su cabeza ante la pregunta de la recepcionista.

Soltó un suspiro suavemente.

— ¿Es eso cierto? Murmuró, y se apoyó en la barandilla. Su trenza bailaba con el viento. Ella no lo miró.

— ¿Aunque hayas trabajado tan duro para matar a todos esos goblins?

—Con más razón.




La luz se oscureció. El sol estaba cayendo, hundiéndose en el horizonte.

Hasta los días más bellos tenían que terminar.

—…

—…

En su lugar, las lunas gemelas se elevaban junto a una fina niebla púrpura. El cielo estaba lleno de estrellas—frías y puntiagudas puntas de luz.




La ciudad estaba pintada de negro, tan tranquila que parecía que todo el mundo contenía la respiración.

El viento golpeó a los dos en la torre de vigilancia con un sonido lúgubre.

Después de todo, el otoño era el preludio del invierno. Ya podían ver su aliento empañándose. Y de repente, ella susurró.

— ¡Mira, está empezando!

El oro desapareció, y la pareja se hundió en las sombras. Entonces, una luz.

4.9 9 votos
Calificación de este Capítulo
Mantente Enterado
Notificarme
guest
0 Comentarios
Respuestas en el Interior del Texto
Ver todos los comentarios