Goblin Slayer

Volumen 3

Capítulo 3: El Festival de la Cosecha Trae Sueños

Parte 2

 

 

Era una avalancha de sonidos.

Cuernos soplando, tambores golpeando, flautas, pisadas y risas llenaban las calles.

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Los comerciantes llamaban, los artistas callejeros gritaban, y las voces de los transeúntes pasaban en oleadas.

Era palpable en el aire incluso antes de que llegaran a la puerta de la ciudad, pero por dentro, las cosas estaban en un nivel completamente diferente.

—Sé que lo hacen todos los años. Dijo ella, agarrándose a su guante con fuerza, todavía sonrojándose. —Pero siempre es increíble.

—Sí.

Su casco se movió en respuesta.

Hoy de todos los días, su extraño equipo no destacaba demasiado. Después de todo, por todas partes, los artistas bailaban en la calle y hacían espectáculos improvisados. Y había más de unos cuantos aventureros visitantes que no se quitaron su equipo en la ciudad.

En todo caso, fue la granjera quien llamó la atención.

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Una elegante joven se tomaba de las manos con un aventurero en un casco y armadura sucios. Ojos curiosos la seguían uno tras otro.

Me pregunto cómo me verán a mí.

Ella disfrutó el pensamiento pasajero.

Goblin Slayer Volumen 3 Capítulo 3 Parte 2

 

Quizá pensaban que era una aristócrata mezclada con la población, y que él era su guardaespaldas.

No… supongo que eso es demasiado.

Ella era la sobrina—hija adoptiva—de un dueño de una granja local que tenía una buena cantidad de tierra a su nombre.

Y su compañero era un conocido veterano de este lugar, un aventurero de rango plata.

Claro que todos sabían que no era una joven noble. Y sin embargo…

—Supongo que tuve una idea bastante buena.

— ¿De qué?

Ella dio una risita a su inquisitivo casco, y luego hizo un gesto de enderezar su sombrero.

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—Donde me llevarías primero.

—Hm.

Él miró al cielo en silencio, pensando. El torrente de gente se abría a su alrededor mientras ellos permanecían inmóviles como rocas en un río.

No estaban realmente en el camino de nadie. Ella esperó su respuesta, sonriendo. Después de un momento, murmuró como si se hubiera dado cuenta repentinamente.

—Aún no he desayunado.

—Oh. Dijo ella, poniendo su mano sobre su boca abierta. Él tenía razón.

Estaba tan preocupada por su ropa y sus preparaciones que la comida de la mañana se le había olvidado.

La miró fijamente mientras ella se cubría los ojos. — ¿Podemos conseguir algo en un puesto?

—…Sí. Eso suena bien. Ella estuvo de acuerdo.

Se sentía mal por su tío, pero ya era demasiado tarde para eso.

Él estaba justo ahí con ella. Empezaría disculpándose con él. —…Lo siento. Yo solo… me lo olvide por completo.

—No. Sacudió la cabeza lentamente. Y luego, después de un momento, añadió. —Estas cosas pasan.

Ella disfrutó mirar en los puestos y preguntarse dónde comerían, pero al final, ya no soportaba más su hambre.

El desayuno tardío que finalmente obtuvieron de uno de los vendedores era sorprendentemente caro para lo que era. Cortes gruesos de tocino frito, mezclado con patatas. Eso fue todo.

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Pero era simplemente delicioso.

— ¡Oh! Dijo ella, riéndose. — ¡Este es nuestro tocino!

— ¿Lo es? Contestó, metiendo algo de comida por la visera de su casco. —Ya veo.

Las patatas saladas y grasosas deleitaban su lengua.

Ella devoró el desayuno, soplando la comida para no quemarse la boca.

Él comió en forma constante, silenciosa, pero ordenada, como siempre lo hacía.

Luego tomaron los platos vacíos, eran desechables, así los destrozaron antes de volver a partir.

Voces vivas les llamaban de todos lados.

— ¿Brandi de ciruela para la encantadora pareja? ¡Se derrite en tu boca! Gritó un vendedor de licor. La granjera se detuvo allí.

— ¿Qué piensas? Preguntó él, señalando. — ¿Quieres un trago? Bueno, ya que estaban aquí…

Se les obsequió dos tazas de un licor de frutas de olor ligeramente dulce en pequeñas vasijas de barro.

Ella bebió con delicadeza. Sin embargo, él se tragó el suyo en un solo trago. — ¿No se te subirá a la cabeza si lo bebes todo de una vez?

—No es un problema. Dijo muy seriamente. —El brandi te despierta.

—… ¿No es una forma de decir que estás un poco borracho ahora mismo?

—No es una forma de decir nada.

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— ¿Oh, en serio? Ella detectó un tono ligeramente acorralado en su voz y se rio.

Ella sólo lo estaba molestando, sólo bromeando. Si él realmente hubiera sentido algún malestar, ella lo habría notado. Y entonces ella lo habría arrastrado a su cama y lo habría metido dentro.

El festival era divertido, sí, pero era una razón más por la que no quería arruinarlo presionándolo demasiado.

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—No obstante, anoche estuviste fuera hasta tarde. ¿Qué estabas haciendo?

—Terminando algo que necesitaba ser hecho.

Ya estaba muy acostumbrada a estas no-explicaciones. Pero ella no lo presionó más, simplemente diciendo. —Huh.

El calor se estaba extendiendo por su pecho, y empezaba a sentirse alegre. No estaba segura de sí se trataba el alcohol o algo más.

—Pensé que estabas dormida. Dijo en el mismo tono distante de siempre. ¿Él notó cómo se ella se sentía? — ¿Estuviste despierta todo ese tiempo?

—Oh, haha… yo sólo… no podía dormir.

—Ya veo.

Él tampoco la presionó. Juntos se volvieron a fusionar en el remolino, celebrando con la multitud.

Nunca había tiempo suficiente.

Un arquero elfo arrojó platos al aire y los derribó recibiendo bulliciosos aplausos. Un enano había montado un puesto vendiendo hermosas espadas grabadas que él mismo había hecho. Un músico rhea tocó una melodía conmovedora para que todos la escucharan.

Dondequiera que iban, la familiar ciudad tenía algo nuevo que mostrarles.

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Habían estado caminando por ahí durante un tiempo, cuando repentinamente él se detuvo.

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— ¿Huh? ¿Qué pasa?

Ella miró fijamente a su cara pero, por supuesto, no pudo ver ninguna expresión allí.

Él sólo murmuró. —Hm. Entonces…

—…Espera un momento.

—Bien, claro, pero…

Él alejó su mano con guantes de la suya.

Repentinamente sola, hizo lo que siempre hacía y se apoyó contra una pared mientras lo esperaba.

Levantó su ahora vacía mano delante de su cara y respiró suavemente sobre ella. No estaba exactamente sola o molesta. Pero mientras observaba pasar a la multitud de aventureros y viajeros, se le ocurrió una idea.

Esta relación de él yéndose, su espera no era probable que cambiara. Así era como sería siempre.

Habían visto cosas diferentes. Diez años.

Diez años después de que ella abandonó su hogar y su aldea fue destruida. Cinco años después de que ella se reuniera con él, ahora era un aventurero.

Ella no sabía cómo había pasado los cinco años que habían estado separados. No sabía nada de los días antes de que él se convirtiera en Goblin Slayer. Ni siquiera sabía lo que había pasado en su aldea. Había oído las historias, por supuesto, pero eso era sólo de segunda mano.

Recordó que sostenía la mano de su tío mientras colocaban ataúdes vacíos bajo tierra.

Pero eso fue todo.

Realmente no sabía lo que había pasado, ni por qué, ni adónde se habían ido todos.

¿Había habido un incendio? Los campos, ¿qué pasó con ellos? ¿Los animales? ¿Sus amigos? Su padre. Su madre.

¿Y el nido donde ella había guardado su propio pequeño secreto, el tesoro que tenía escondido en el nudo de un árbol?

¿El delantal de su madre, el que le habían prometido a la granjera cuando creciera? ¿Sus zapatos favoritos? La taza que había comprado para su cumpleaños, cuyo color verde se había descolorido aunque la había cuidado tanto.

Uno tras otro, los preciosos recuerdos volvieron a ella, ahora casi como fantasmas.

¿Qué le quedaba? Una pequeña caja, con las cosas que había encontrado en la ciudad ese día y decidió  traerla con ella.

Sólo era su imaginación. Pero sí.

Si… no se hubiera ido de la aldea aquel día, ¿qué le habría pasado?

¿Habría hecho las mismas cosas que él hizo para sobrevivir?

¿O habría muerto y lo habría a él dejado solo? Y si es así, ¿él habría tomado venganza por ella?

O… ¿Y si él hubiera muerto, y ella hubiera sido la única sobreviviente?

Qué pensamiento tan terrible.

En ese momento escuchó. —Siento haberte hecho esperar. La familiar armadura apareció ante ella entre la multitud.

—No hay problema.

Agitó la cabeza mientras estiraba su sombrero. Él le dio un pequeño objeto.

— ¿Qué es esto? Dijo, mirándolo.

—Cuando éramos pequeños… en el pueblo. Murmuró —Te gustaban estas cosas.

Estaba sosteniendo un pequeño anillo hecho a mano.

Era de plata, o parecía serlo. Sabía que tenía que ser una imitación de la plata. Algo que un vendedor al borde de la carretera había hecho para separar a los niños de sus monedas.

En otras palabras, era sólo un juguete.

Se encontró sonriendo. Luego riendo. — ¡Ha-ha-ha-ha…! Eso fue cuando yo era una niña.

— ¿Lo fue? Dijo con una pequeña y recortada voz. Y luego. —Supongo que lo era.

—Sí.

Ella asintió. Se asentaron y se puso el anillo.

Puede que hubiera sido hecha a mano, pero era barato. Ni siquiera tenía una gema falsa. Sólo una banda de metal.

Pero captó la luz del sol y brilló, lo suficientemente brillante como para hacerla entrecerrar los ojos.

—…Pero. Susurró —Todavía me gustan.

—… ¿En serio?

—Sí.

—Gracias. Se las arregló para decirlo, y luego la granjera metió el anillo en el bolsillo de su vestido.

Ella mantenía su mano izquierda sobre ella para no perderla; su mano derecha, por supuesto, estaba en la de él.

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— ¿Vamos?

Sonrió y empezó, mano a mano.

No podía ver su cara detrás de su casco. Pero…

…Él también sonreía. Estaba bastante segura.

Ella confiaba en ello.

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