Goblin Slayer

Volumen 3

Capitulo 2: La Víspera del Festival

Parte 6

 

 

— ¡¿Qué?! ¡Orcbolg, ¿aún no has comido?!

—No.

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La noche llega rápidamente en otoño. El crepúsculo ya había venido y se había ido, el cielo era de un color negro tinta decorado sólo por las lunas y las estrellas.

Goblin Slayer se había quedado mientras sus amigos se habían ido poco a poco. —Eso no servirá… Espera, ¿es porque no tienes el dinero?

—No es eso.

— ¡Yo invito!

—No es necesario.

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— ¿Y si los goblins atacan? ¿Podrías pelear con el estómago vacío?

—…Hrm.

— ¡Bien! ¡Está decidido entonces!

La elfa lo agarró sin esperar una respuesta y lo arrastró a una taberna.

Mucha gente en esta ciudad fronteriza aparte de los aventureros pasaban el tiempo allí. Era tan bueno para comer como para beber. Y debido a que la mayoría de las tabernas también tenían habitaciones para huéspedes, siempre había mucho movimiento entre los viajeros.

La taberna que la elfa eligió al azar resultó ser un lugar con una posada anexa.

Abrieron la puerta con un chirrido y fueron recibidos con una ola de ruido y calor corporal. Junto con la animada charla de los bebedores que llenaban los asientos, llegaban los aromas mezclados del vino y la carne.

— ¡Mmmm! La elfa entrecerró los ojos apreciativamente, con sus orejas rebotando.

—Pensé que no te gustaba el vino.

—Es justo. Dijo la elfa con un guiño. —Pero me encanta una atmósfera alegre.

— ¿Es así?

—Seguro que sí… ¡Oh, dos, por favor! Ella levantó alegremente dos dedos a la camarera que salió a saludarlos. Afortunadamente, había asientos disponibles.

La camarera, que iba vestida con un traje provocativo y caminaba con un andar seductor, los llevó a una mesa redonda desde el centro de la sala.

Goblin Slayer dejó su paquete y se sentó, la vieja silla de madera crujió en silencio.

La elfa, por otro lado, se sentó con la ligereza que era la especialidad de su gente y no sacó ningún sonido de su silla.

—…Hey, sigo pensando. Dijo, su delgado y blanco dedo indicando Goblin Slayer.

— ¿No puedes al menos quitarte eso a la hora de comer?

—No puedo. El casco se movió suavemente de un lado a otro. — ¿Y si los goblins atacan?

— ¿Justo aquí en la ciudad?

—Los goblins pueden aparecer en la ciudad.

Ella dio una sonrisa cansada e impotente.

No era difícil entender su perspectiva. Al fin y al cabo, la extraña apariencia de Goblin Slayer resaltaba, incluso entre los aventureros, con la sucia armadura de cuero, el casco barato, la espada de extraña longitud y el pequeño escudo redondo fijado a su brazo. Afortunadamente, por aquí no era inusual ver aventureros que mantenían su equipamiento puesto, incluso en su día a día. Sin embargo…

— ¿Qué es eso…? ¿Un aventurero?

—Pensé que era un no-muerto o algo así.

— ¡Cielos, me miró!

—Así que no me lo estaba imaginando.

Este restaurante no era frecuentado exclusivamente por aventureros. Y los diversos viajeros allí obviamente lo habían notado.

Sólo había uno o dos clientes que parecían ser aventureros, sentados en un rincón de la taberna donde no serían muy visibles. Uno era alto mientras que el otro era un diminuto rhea.

Podría haber sido un mago, a juzgar por la capa que cubría cada centímetro de piel. Su aparición no era inusual entre los aventureros.

Tal vez hablando de una misión, parecían estar discutiendo con vehemencia, aunque sus voces no se oían.

La elfa movió sus oídos sospechosamente, pero eventualmente perdió interés.

—Entonces. Dijo ella, volviendo la mirada de los dos aventureros hacia el casco.

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— ¿Qué vas a hacer?

— ¿Sobre qué?

—Sobre el festival de mañana. Oí, ya sabes. Una sonrisa traviesa apareció en su cara, y ella le apuntó. —Vas a pasar la mañana jugando con esa chica de la granja y la tarde con recepcionista, ¿no?

—No estoy jugando. Su respuesta fue muy concisa. La miró fijamente desde dentro de su casco. Puede que sea evidente, pero su visor hacía imposible saberlo. —Tienes oídos agudos.

—Bueno, soy un elfo.

Ella se detuvo para sacudir sus orejas parecidas a cuchillos de las que se sentía tan orgullosa, y puso una sonrisa de gato.

—Suena como si ella ya hubiera hecho planes para su tarde juntos, así que eso ya está arreglado.

—Hrm.

—Pensé que tal vez tenías algo planeado para la mañana, ya que finalmente vas a tener una cita.

— ¿Es así?

—Lo es.

—…Todavía no. Gruñó Goblin Slayer, sacudiendo la cabeza. —Ni siquiera lo he pensado todavía.

—Eres imposible. Dijo la elfa, abriendo los ojos y amasando su frente como para aliviar un dolor de cabeza. —Pero al menos siempre eres tú, Orcbolg.

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Su expresión rápidamente cambió a una de interés, sus orejas revoloteando hacia arriba y hacia abajo. —De todos modos, ¿qué pasa si la llevas a algún lugar que le guste?

— ¿A algún lugar que le guste…?

—Sí, o hacer algo que le guste… La conoces desde hace mucho tiempo, ¿no?

Esta vez le tocó a Goblin Slayer parecer perplejo. La elfa asintió con satisfacción.

—Además, tienes que decir más que Ya veo, Así es, ¿Es así?, Sí y No.

—Hrk…

La elfa ignoró el tragar saliva de Goblin Slayer, dirigiendo su atención al menú en la pared.

— ¿Qué pedir, qué pedir? Dijo ella, en un tono que expresaba claramente su alegría incluso sin la ayuda de sus alegres orejas.

Su bolso debe haber estado abultado con la recompensa del día anterior. Dejada a su suerte, probablemente la habría gastado en un santiamén.

— ¿Algo que quieras comer, Orcbolg?

—Cualquier cosa está bien. Dijo Goblin Slayer en voz baja. — Tú estás pagando. Pide lo que quieras.

—Sheesh. No sé si estás tratando de ser considerado o qué.

—Es mi naturaleza.

—Sí, lo sé.

La elfa suspiró, pero su enfado duró sólo un momento.

— ¡Disculpe! Ella llamó a una camarera, y luego procedió a pedir una gran porción del menú. Empezó con una ensalada de verdura silvestre de algún tipo, y cuando descubrió que había un vino de uva de alta calidad disponible, no dudó en añadirlo. En este punto, Goblin Slayer no pudo evitar irrumpir.

—No podré llevarte si te emborrachas.

—Erk. Dijo con sus orejas temblando como si esto fuera completamente inesperado. —No puedo creer que pienses que me emborracharía tanto como para no poder caminar.

— ¿Tú no lo harías?

— ¡Eso sólo sucede en raras ocasiones!

Ella lo negó, pero Goblin Slayer continuó en un tono cortante, —Tengo cosas que hacer después de esto.

“Suspiro…”

Giró su cabeza hacia otro lado como si perdiera el interés.

Los camareros se habrían paso a través del restaurante lleno de gente, como aventureros esquivando trampas. Sus ojos siguieron el vapor que se elevaba de los platos que llevaban, hasta que su mirada encontró el camino de regreso a Goblin Slayer.

— ¿…Necesitas ayuda?

—No. Goblin Slayer agitó la cabeza, y luego, tras un momento de reflexión, volvió a hablar. —Estoy bien por ahora.

—Hm.

Luego se quedaron en silencio, sin hacer ningún esfuerzo por hablar hasta que llegó la comida.

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Para los otros clientes, los aventureros silenciosos eran sólo la parte más extraña del paisaje.

La comida que finalmente llegó incluía sopa, pan y queso. Y vino.

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La sopa al vapor era de grano hervido en crema dulce. El pan duro negro se puede mojar en la sopa para ablandarlo. El queso húmedo era salado y sabroso para un excelente acompañamiento de la sopa.

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—Apuesto a que conozco a alguien a quien le encantaría este lugar. La elfa rio, provocando un “En verdad” de Goblin Slayer.

—Pero no al enano. Seguro que se quejaría de que el vino sabe a agua o lo que sea. Garantizado.

— ¿Te refieres al vino de fuego? Goblin Slayer tragó el vino a través de su visera. —Es un buen tónico y un buen combustible. También es útil como desinfectante.

—Asumo que no estás bromeando. Pero esa cosa no es apta para beber. Se rio, su risa sonaba como una campana.

—Orcbolg… Eso me recuerda. Ella empujó su plato a un lado, inclinándose para que su rostro estuviera cerca de la suya. Parecía alegre, pero su voz estaba tensa.

— ¿Qué?

—Hoy… ¿Sabías que esa chica hizo algunas compras en el taller?

—Sí.

“Esa chica” era probablemente la sacerdotisa. Goblin Slayer asintió.

—Bueno, ¿qué te parece el equipamiento que compró?

— ¿Hm? Esta vez, agitó la cabeza. A través de la ligera neblina del vino, la recordó en aquella tarde. Vertió un poco de agua de la jarra a su vaso y tomó otro trago. —No pregunté.

— ¿Oh, en serio?

La elfa parpadeó, murmurando, “Inusual”, parecía sorprendida mientras jugaba con su vaso.

—Hmm. Bueno, tal vez debería guardármelo para mí… ¿Quieres saberlo?

—Si quieres decírmelo, entonces te escucharé.

—Si la pregunta fuera lo que yo quiera, diría que sí. ¿Pero realmente no te dijo nada?

—No.

—Lo mantendré en secreto entonces. Dijo la elfa con un guiño. Este no era un gesto típico de los elfos. Lo había recogido de vivir en la ciudad. Sonrió, divertida por tomar prestado el lenguaje corporal humano. —Creo que será más interesante de esa manera.

— ¿Y harás?

—Claro que sí.

—Tú, ahora… Goblin Slayer asintió una vez más, y luego buscó en su bolsa de objetos.

Sacó la bolsa de cuero que contenía su recompensa, casi complaciente mientras buscaba dentro.

—Pagaré mientras aún puedes recordar.

Clack, clack, clack. Alineó tres monedas de oro en la mesa.

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En un instante, la expresión de relajada cambió de relajado a hostil. —Dije que yo pagaría.

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—Alguna vez…

Goblin Slayer, muy inusualmente, se detuvo. Sonaba como si él mismo no creyera lo que iba a decir.

—…Alguna vez, puede que te pida ayuda.

—Pagando por adelantado, ¿eh?

—Sí.

—Hmm.

Debemos estar borrachos.

Ella y Orcbolg los dos.

Bueno, supongo… huh. Está bien.

—No es necesario.

—…Ya veo.

Goblin Slayer asintió impasiblemente.

La elfa alzó un dedo pálido, dibujando un perezoso círculo en el aire. — ¡Puedes pagarme yendo a una aventura!

—Erk.

— ¿No te lo había dicho ya? Preguntó la aventurera elfa mientras tomaba un sorbo de vino. —Oh, un plan que no implique goblins, por supuesto.

—……

Goblin Slayer estaba en silencio. Probablemente no tenía ni idea de qué decir. La elfa se detuvo, esperando oír lo que salía de su boca. Los elfos estaban acostumbrados a esperar. Diez segundos, diez años, no había diferencia.

—Muy bien… Gracias por tu ayuda.

— ¡Grandioso!

Ahora que ella tenía su promesa, la elfa infló sus mejillas. Ella entrecerró los ojos como un gato, y dejó salir esa risa que se formó en la parte posterior de su garganta y se manifestó como el sonido de una campana.

—Ahora vamos, comamos. Se va a enfriar.

—Bien.

Mientras se ponía a comer, Goblin Slayer miró hacia la esquina de la taberna. Pero los dos aventureros ya se habían ido.

—Hmph. Resopló disgustado, y luego arrancó un trozo de pan.

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—Por cierto. Él empezó

— ¿Qué pasa?

— ¿Sabes lo que significa el olivo fragante, en el lenguaje de las flores?

La cena consistió únicamente en las comidas favoritas de la elfa, pero Goblin Slayer no era de los que se quejaban.

Y cuando la llevó al segundo piso de la taberna y pagó su habitación, pidiéndole que le pusiera la comida en la cuenta de ella, dejó el edificio.

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