Goblin Slayer

Volumen 3

Capitulo 2: La Víspera del Festival

Parte 5

 

 

Dicen que el tiempo antes de un festival es su propio festival.

Cuando salió a la ciudad, oyó martillos golpeando madera, pancartas, la brisa soplando.

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Los aventureros no eran los únicos que vivían en esta ciudad fronteriza. Las mujeres jóvenes hojeaban las existencias de las tiendas, decoradas para las celebraciones, preguntándose qué hacer con sus ropas. Los niños corrían por las calles anchas, sin duda preguntándose cómo gastar el dinero en sus bolsillos. Sería demasiado fácil que sus planes se cumplan en consideración de algún juguete en el aparador de una tienda.

Extrañas verduras cortadas se secaban al borde de la carretera, aguardando el momento en que serían tejidas en linternas. Más carretas y carruajes de los habituales corrían por la calle.

Había abundante comida y ropa a la venta, y los visitantes tampoco escaseaban. Era natural, con la llegada de un festival.

Esta zona seguía siendo la frontera, atacada para siempre por monstruos, amenazada por los dioses demonios y era subdesarrollada. Por lo tanto, era comprensible que en la época del festival, al menos, todos quisieran divertirse tanto como pudieran.

—Hmm.

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Goblin Slayer echó un vistazo a todo esto, y luego silenciosamente se dirigió calle abajo detrás del edificio del gremio.

La luz del sol brilló en un punto mucho más débil que en el verano. El sol colgaba alto en el cielo, pero la brisa fresca hacía que pareciera un día de primavera.

El olor a algo asado a la parrilla salió de la galería del gremio.

De hecho, hilos de humo de hogueras se alzaban de las casas de la ciudad. Era hora de almorzar.

Así que esto es el por qué esos niños corrían.

Los campos de entrenamiento estaban vacíos. Cualquier aventurero en una misión ya se habría ido, y el resto probablemente no era tan dedicado a su entrenamiento como para saltarse el almuerzo.

Perfecto.

Bajó la cabeza y se dirigió a un rincón del terreno, donde se sentó a la sombra de un árbol.

Luego dejó la pala y desató el bulto que llevaba, y rápidamente montó una tienda.

Estacas, madera, alambre, cuerda, etcétera. Una variedad de artículos, muchos de ellos no relacionados con la aventura.

Después de desenvainar su espada corta, comenzó su trabajo inmediatamente.

Se afiló las estacas hasta llegar a puntas increíblemente afiladas, las golpeó contra la madera y las enderezó. Luego envolvió la cuerda alrededor de todo esto de una manera inusual.

Sus movimientos eran amplios y precisos, pero lo que hacía parecía demasiado peligroso para el uso cotidiano.

Si la elfa hubiera estado allí, sin duda habría sacudido sus orejas con curiosidad. La sacerdotisa habría preguntado con vacilación qué estaba tramando.

Pero ninguna de las dos lo llamó mientras estaba sentado allí absorto en su trabajo.

— ¡Oh!

— ¡Ho ho!

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Dos voces muy intrigadas. Goblin Slayer levantó su casco brevemente.

Un hombre con forma de barril, otro alto y delgado. El chamán enano y el sacerdote lagarto, dos de sus compañeros.

Sus sombras, una alta y una baja, se superponían con la de Goblin Slayer bajo el árbol.

—Ah, Goblin Slayer. Es otro buen día hoy. Unió sus manos en un extraño gesto, sin intimidarse por mirar fijamente a Goblin Slayer. —Esperamos que el clima del festival de mañana sea tan agradable como éste.

—Sí. Goblin Slayer asintió sin detenerse en su trabajo. —Espero que esté soleado.

—Concuerdo, concuerdo. El sacerdote lagarto abofeteó el suelo con su cola. A su lado, el chamán enano se acarició la barbilla.

—No somos nosotros los trabajadores. ¿Qué tienes ahí?

— Estoy preparando algo.

Goblin Slayer tenía pocas palabras para el enano, que estudiaba el aparato con la mano en su barba.

Era algo que implicaba una serie de estacas, una pala, algo de alambre y algo de madera.

Los ojos del sacerdote lagarto giraron en su cabeza y brillaron ante la perspectiva de una batalla.

— ¿Piensas eliminar a un vampiro?

— ¿…? Goblin Slayer inclinó su casco. — ¿Qué te hace pensar eso?

—Creo que está bien establecido que uno vence a un vampiro con una estaca de madera blanca.

— ¿Lo está?

—Supongo que deberíamos estar impresionados de que incluso sepas lo que es un vampiro. Dijo el chamán enano, medio exasperado y medio entretenido.

Vampiros posicionados junto con dragones como los más famosos monstruos del mundo.

Por supuesto, un mayor conocimiento acerca de los ‘no-muertos’ era secreto, conocido en detalle sólo por los magos y clérigos. Pero para un hombre que ni siquiera sabía lo que era un ogro, ser capaz de reconocer vampiros merecía un aviso especial.

—No estoy muy interesado en ellos.

Después de su breve y completamente previsible respuesta, Goblin Slayer volvió a afilar las estacas.

Pero luego murmuró —Hm. Y de repente dejó de trabajar, inclinando la cabeza.

—Vampiros… Aumentan su número mordiendo a la gente, ¿no?

—O eso es lo que dice.

—…Si un goblin se convirtiera en vampiro, me pregunto cómo me prepararía. El chamán enano suspiró, pero Goblin Slayer estaba completamente serio.

—Bueno, ahora. Dijo el sacerdote lagarto, tocando la punta de su nariz con la lengua.

—Un goblin muerto es un cadáver goblin. Si se moviera, ¿no sería considerado algún tipo de zombi?

—De cualquier modo. Replicó el chamán enano, apenas capaz de contener su risa. —No puedo imaginarme a nadie queriendo beber sangre goblin para empezar.

—Ya veo. Goblin Slayer asintió con firmeza. Si estaba respondiendo a la sugerencia del sacerdote lagarto o a la del chamán enano no estaba claro.

Entonces reanudó su trabajo, y la pila de virutas creció mientras miraban.

El chamán enano se quitó las astillas de madera con sus gruesos dedos, y luego se puso a trabajar para retirar las que tenía en la barba.

— ¿Esto para matar goblins?

—Lo es.

—Eso pensé.

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Aquí era donde la elfa solía poner sus orejas atrás con un cambio a una actitud helada.

Pero después de medio año trabajando juntos, el chamán enano estaba acostumbrado a estas cosas. Lo dejó pasar.

—Supongo que entonces no debería preguntar los detalles.

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—Es imposible saber de dónde saldrán los goblins.

—Verdaderamente cierto. Dijo el sacerdote lagarto, blandiendo su cola suavemente. —Uno debe estar vigilante en todo momento.

—Sí. Goblin Slayer asintió. —Son estúpidos, pero no tontos.

Los goblins no tenían ningún deseo de aprender, pero cuando aprendían, podían usar herramientas y estrategias. Incluso el chamán enano y sus amigos habían sido duramente presionados tratando con goblins que habían aprendido lo suficiente como para intentar una estrategia naval en una aventura anterior. Si una estrategia se extendía entre los goblins, significaba problemas, pero este hombre en particular era muy cuidadoso.

El chamán enano y el sacerdote lagarto eran ambos, a su manera, profesionales en sus razas. El enano era un apasionado de la herrería y el trabajo, mientras que el hombre lagarto tenía un corazón para la batalla y la fuerza.

Para ellos, la obsesión y la terquedad tenían una especie de belleza.

— ¿Podemos tener este lugar a tu lado? Preguntó amablemente el sacerdote lagarto.

—No me importa. Dijo impasiblemente Goblin Slayer. —No soy el dueño de este lugar.

—Oh, todavía es educado preguntar. Dijo el enano. Incluso mientras hablaba, extendió una gran tela y se tiró al suelo.

El sacerdote lagarto desató un bulto que había estado llevando, esparciendo su contenido sobre la tela.

Una mirada fue suficiente para decir que los materiales eran para algún tipo de artesanía, pero no sabía exactamente lo que sería. Tenía tiras de bambú, finos trozos de papel en muchos colores, junto con papel aceitado.

—Mmm. Murmuró Goblin Slayer, sin mostrar el menor indicio de sorpresa. —Linternas de papel… no, linternas volantes.

—Ho, eres muy listo, Corta barbas. Dijo el chamán enano aprobando mientras comenzaba a ensamblar las piezas con hábiles movimientos.

Las tiras del rugoso bambú eran ligeras y fuertes, y las linternas volantes formadas a partir de ellas formaban parte del paisaje del festival.

Eran lo suficientemente simples de hacer: papel envuelto en una estructura de bambú.

Luego se colocaba papel aceitado en el marco y se encendía la linterna. —Y entonces, según me han dicho, flotan en el cielo. El sacerdote lagarto lentamente se sacudió su gran cabeza, como si le costara creerlo. —Esto debo verlo con mis propios ojos. Estoy deseando verlo.

—Solían hacerlas en mi tierra natal. Estoy haciendo esto por Escamoso.

—Mn. Goblin Slayer asintió, examinando su estaca en la luz. —No es perfecto… Pero no está mal.

—Entonces mis expectativas para ello son todas las más altas. Dijo el sacerdote lagarto, moviendo su cola en uno de sus significativos gestos. —Porque pongo mucha fe en lo que dices, Goblin Slayer.

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— ¿…Es así? Fue toda la respuesta de Goblin Slayer. Se colocó en la siguiente estaca.

El enano comprendió lo que significaba cuando un artesano se quedaba en silencio.

—Vamos, entonces, nosotros también deberíamos empezar. Tomó los materiales con una amable sonrisa. —El festival es mañana. Necesita estar listo.

—Efectivamente. Espero sus instrucciones.

El sacerdote lagarto enroscó su larga cola y se sentó suavemente al lado del chamán enano.

Pero las manos del enano se movieron muy rápido. ¿Quién hubiera imaginado que sus rechonchos dedos podrían hacer tan buen trabajo? Hizo una estructura tras otra, su producción no era menos mágica que cualquiera de sus hechizos.

Nadie podía igualar a los enanos en el trabajo manual. Incluso los elfos estaban un paso atrás.

El trabajo del sacerdote lagarto era colocar las cubiertas de papel sobre las estructuras terminadas. Intentó con todas sus fuerzas evitar que sus garras rompieran el papel, pero francamente, fue bastante difícil para él.

Al mismo tiempo, sin embargo, su trabajo fue preciso y cuidadoso. Parecía reflejar su personalidad.

—Me pregunto qué significado hay detrás de estas cosas. Dijo el sacerdote lagarto. Exhaló y se limpió la frente, como si quisiera quitarse el sudor inexistente.

El chamán enano tomó una jarra de vino en una mano y mojó los labios, entonces murmuró. —Buena pregunta. Yo no soy de por aquí. Sé hacer una linterna volante, pero no sé por qué la usan en este festival.

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—…Los ves en muchos lugares. Dijo Goblin Slayer brevemente. Los demás lo miraron, sorprendidos.

Siguió tirando de la estaca, aparentemente ajeno a ellos.

—Atraen a los buenos espíritus, y expulsan a los malos. Le muestran a los muertos el camino a casa. Son similares a las linternas de vegetales.

—Sabes bastante de ellos, ¿eh?

—Mi pueblo natal. Dijo Goblin Slayer. —Estaba cerca de este festival. ¿Cómo podría no saberlo?

—Mmm. Confieso que tiene poco sentido para mí. El sacerdote lagarto se rascó la nariz con una garra.

Su pueblo creía que las cosas muertas volvían a la tierra, o a la carne de los que las comían, en un gran ciclo. Los “no-muertos” no eran aquellos que habían regresado de la muerte, sino cadáveres poseídos por espíritus malignos.

—Pero… Los ojos del sacerdote lagarto giraron en su cabeza. —Llorar a los muertos, lo entendemos. Quizás sea bueno pensar que volverán a casa.

—…Estoy de acuerdo. Goblin Slayer asintió. —Debería serlo.

Entonces no dijo nada más. Sus manos seguían trabajando, su expresión estaba completamente oculta por su casco.

Cada vez que las virutas se amontonaban, las barría, afilando su cuchillo cada vez que se entorpecía en la madera.

El sacerdote lagarto, que lo había estado observando intensamente, suspiró suavemente.

—En cualquier caso, es un festival. Debemos estar orgullosos, tanto como podamos.

—Bien por ti, Escamoso, recibiendo el espíritu.

—Pero por supuesto. Mi fe está en mis antepasados, los naga, cuya sangre fluye por mis venas. Son mis espíritus ancestrales.

Su comportamiento no avergonzaría a sus antepasados. El enano asintió apreciativamente. Eso fue algo que él entendió.

—Será mejor que me esfuerce. Les mostraré las mejores linternas que cualquier enano haya hecho.

El trío de hombres charlando al borde del campo de entrenamiento estaba destinado a llamar la atención. Al terminar el almuerzo, la gente comenzó a volver a entrenar. Otros se quedaban alrededor del Gremio después de terminar sus aventuras. No fue sorprendente que algunos notaran a los tres.

— ¡Oooh! Bajito y Orcbolg están haciendo algo juntos.

Y si una persona normal los nota, un elfa los notaría el doble. La voz clara y casi infantil era, por supuesto, la de la elfa mayor.

Llegó corriendo como el viento y se paró con las manos en las caderas.

El chamán enano la miró, acariciando su barba, y se burló — ¿Qué eres, una niña?

—Qué grosero. Tengo dos mil años, ¿sabes?

La elfa resopló, pero infló un poco de su pecho plano como si estuviera orgullosa de este número.

El insulto no impidió que se girara ágilmente para ver en qué estaban trabajando.

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— ¿Qué estás haciendo?

—Orejas Largas, amiga mía. ¿Dos mil años y no reconoces esto? Es una linterna volante.

—Es una estaca.

—No es lo que quise decir.

Después de su comentario, la elfa se deslizó sobre la tela junto al chamán enano.

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El sacerdote lagarto se levantó y se apartó para hacerle sitio.

Sus orejas se movían, y sus ojos brillaban con interés. Disparó preguntas una tras otra.

— ¿Qué es esto? ¿Qué es eso? ¿Qué es esta herramienta? ¿Para qué sirve? ¿Por qué estás haciendo una estaca?

—Es para matar goblins.

—Tú no lo digas.

Su ritmo era como un torbellino. Dicen que las mujeres viajan en manadas, pero ella era lo suficientemente ruidosa como para ser una multitud por sí sola.

—Podrías casi pasar por una rhea. Dijo el chamán enano con un toque de reproche.

La agitada conmoción naturalmente atrajo a otros.

—Oye, ¿no es ése Goblin Slayer y su equipo?

—Oh, sí. ¿Están preparándose para el festival?

Fueron el niño explorador y la chica druida, junto con el guerrero novato y la sacerdotisa aprendiz, de regreso del almuerzo. Actuaban como niños y niñas. Los preparativos del festival todavía los llenaban de asombro y anticipación.

Incluso para el niño explorador, que había estado en el grupo del guerrero blindado durante varios años, el festival anual era motivo de emoción.

—Hey. Dijo el niño explorador — ¿qué es eso?

— ¿No lo sabes? Esos son…

— ¡Linternas volantes! Los he visto antes. El niño explorador infló el pecho, ansioso por presumir. La elfa, que había perdido su oportunidad de explicarlo, infló las mejillas.

— ¿Qué tal si te unes, entonces?

—Yo no estoy acostumbrado a esto. Podemos aprender juntos.

El enano y el lagarto no dudaron en invitar a los niños a unirse a ellos.

La elfa parecía no tener reparos en que todos ellos estuvieran allí juntos, casi lo suficiente como para poner en duda su estatus de elfa mayor.

—……

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Goblin Slayer giró su casco, recibiendo el brillante y alegre entorno. Los rostros sonrientes, todos riéndose el uno del otro, habían formado un círculo con él, todos estos aventureros.

En el centro de ella estaban los dos que hacían las linternas.

Lo más probable es que todos se hubieran reunido así aunque él no hubiera estado allí. Y sin embargo…

—Hmm.

Goblin Slayer volvió a trabajar en silencio con su cuchillo.

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