Goblin Slayer

Volumen 3

Capítulo 1: La Luna de la Cosecha

Parte 2

 

 

El quinto goblin cayó aproximadamente a mediodía.

Una piedra silbó por el aire y le cayó en la cuenca del ojo, aplastando su hueso y golpeando finalmente el cerebro.




El goblin colapsó donde estaba con el golpe.

El sol brillaba en la entrada de un túnel parecido a una masacre.

—…Hmph.

Un guerrero observaba, vigilante desde las sombras de algunas rocas cercanas.

Llevaba una sucia armadura de cuero y un casco de acero barato. En su cadera colgaba una espada de un largo extraño, y un pequeño escudo sobre su brazo.




Este guerrero de aspecto miserable, era Goblin Slayer.

Todo lo que había hecho hasta ahora era someter a los guardias, y ya tenía hasta ahora cinco goblins.

Sin embargo, eso no quiere decir que hubiera herido mucho a sus oponentes.

Habían pasado más de dos semanas desde que los goblins habían tomado la mina, que era la única fuente de recursos de este pueblo.

¿Quién sabía cuántos más podrían estar escondidos más allá de las mandíbulas de esta entrada al túnel?

Algunas mujeres de la localidad habían sido secuestradas. No había pasado suficiente tiempo para que ninguna descendencia potencial proporcionara refuerzos. Pero los rehenes significaban menos opciones para él. Y debido a que los aldeanos necesitarían usar esta mina en el futuro, las estrategias que involucraban gas venenoso o inundaciones tampoco eran viables.

Supuestamente, el resto son menos de diez. Mientras lo consideraba, sus manos colocaron ágilmente otra piedra en su honda.

Estaba junto a un cúmulo de tierra excavada, donde no había temor de quedarse sin munición.

Con la especial atención puesta en el campo de batalla, era posible usar una honda para toda una pelea.

— ¿Q…qué piensa, Goblin Slayer-san?

Junto a él estaba una joven doncella que agarraba con fuerza un báculo con ambas manos.

Era pequeña y delgada, vestida con ropas simples pero blancas y puras. Era la sacerdotisa.

Goblin Slayer contestó sin mirarla.

— ¿Por  “qué”, qué quieres decir…?

—Quiero decir, um, ¿qué le parece? ¿Qué hacemos?

—Aún no lo sé.

Mientras hablaba lanzó otro proyectil a través del aire.

— ¡¿GOORB?!




Eso partió el cráneo de otro goblin, uno que se había aventurado a investigar los cuerpos de los guardias.

—Seis.

El goblin cayó boca abajo y rodó hacia el interior del túnel. Goblin Slayer contó suavemente.

Era simple, estaba atrayéndolos.

No es que los goblins “se apreciaran” el uno al otro en ningún sentido significativo. Lo más probable es que el que había salido de allí, simplemente había sacado la paja corta y se había visto obligado a ir a ver.

Pero el principio era el mismo: usar enemigos muertos o heridos como cebo para atraer a otros enemigos y luego matarlos.

Así fue como había llegado a seis asesinatos hasta ahora. Recargó su honda de una manera profesional.

—Pero en cualquier caso, esto es un problema.

— ¿Es decir…?

—Tienen equipamiento.

—…Oh.

Ahora que él lo mencionaba, ella también pudo verlo.

A pesar de ser rudimentarias, todos los goblins muertos llevaban armadura y armas.

Una espada, un pico, un garrote, una lanza de mano, una daga. Algunos de construcción goblin, otros simplemente robados.

— ¿No dijeron que tres mujeres jóvenes habían sido secuestradas? Preguntó la sacerdotisa, con preocupación en su rostro. —Tenemos que apresurarnos… Aun así, ella no se abalanzó.

Habían pasado más de seis meses desde que se convirtió en aventurera.

Más de seis meses desde que había escapado por poco de la muerte en esa primera misión. Meses en los que se había enfrentado muchas veces a la muerte en la batalla.




Ella seguía siendo sólo de rango Obsidiana, el noveno rango, pero en muchos sentidos ya no era una aficionada. Cuando se enteró de que los goblins habían secuestrado a algunas mujeres de la aldea, ya no entró en pánico.

¿O quizás simplemente se había insensibilizado?

La ansiedad, nacida de su siempre creciente experiencia, se extendió a través de su pequeño pecho.

Con mayor razón cerró los ojos y se aferró a su bastón, rezando a la compasiva Madre Tierra. Ella rezó para que los goblins muertos alcanzaran la felicidad después de muertos, y que las mujeres capturadas fueran rescatadas con seguridad.

—Tomó demasiado tiempo para que la petición nos llegara… Hey. Goblin Slayer esperó en silencio a que terminara sus oraciones y luego habló. — ¿Puedes registrar sus cadáveres?

— ¿Eh? Levantó la cabeza sorprendida, pero sus ojos sólo se encontraron con su casco sin expresión.

—Quiero recoger su equipo.

—Oh, um… La sacerdotisa no fue capaz de responder inmediatamente, mirando de un lado a otro entre los cadáveres y el casco.

Por supuesto, no era que tuviera miedo, o que los cuerpos fueran impuros.




Goblins o no, los cadáveres seguían siendo cadáveres.

Ella no condenaría cualquier acción que él decidiera tomar; pero, ¿podría ella, un miembro del clero, profanar esos cuerpos?

—Si no puedes hacerlo, entonces me cubres.

—Sí. La sacerdotisa asintió. —Si es posible, preferiría…

Goblin Slayer no hizo ningún sonido de confirmación, pero se puso en marcha inmediatamente.

Aún en el mismo lugar, la sacerdotisa suspiró. Ella seguía pensando que estaba acostumbrada a esto, pero de alguna manera nunca lo estuvo.

Había sudor en su frente a pesar del viento cada vez más frío. Estaba increíblemente alerta. Deseaba que sus compañeros habituales estuvieran con ellos, especialmente la elfa.

Aunque técnicamente todos eran equipo, no siempre se aventuraban juntos. Así fue como las cosas salieron hoy. Aun así…

“Suspiro…”

La sacerdotisa se encontró dejando salir otro gemido.

Tenía demasiadas cosas en qué pensar, demasiadas cosas que hacer.

Pero Goblin Slayer seguía obsesionado con los goblins.

Discutir las cosas no siempre sería provechoso, por supuesto, pero con él apenas se podía llegar tan lejos.

— ¡Oops, necesito concentrarme…!

Volvió a sí misma de repente, sacudiendo rápidamente la cabeza.

No era momento de distraerse.

Sostuvo su bastón bajo el brazo, preparando su honda. Respiró profundamente.

— ¿Estás… estás bien?

—Sí.

La débil pero firme respuesta se la dio a sí misma.

Goblin Slayer se acercó a los cadáveres con su habitual paso ágil pero despreocupado.

—Hmm… Justo lo que pensaba. Murmuró. —Pero no hay tiempo para echar un vistazo por aquí.




No les servía de nada su armadura o sus cascos. Saqueó una espada, con vaina y todo, de la cadera de un goblin, sacó la daga de otro, y recogió el pico de un tercero.

Robó el equipamiento de mano, y se dirigió hacia atrás por donde había venido.

— ¡GORB! ¡GRROOORB!!

— ¡Goblin Slayer! ¡Están aquí!

Goblin Slayer se movió mientras la sacerdotisa lanzaba una piedra con su honda.

 

Inmediatamente detrás de él, un goblin y su aliento apestoso salieron de la entrada de la mina.

Los aventureros no eran los únicos que podían usar los goblins como cebo. Los monstruos sobrevivientes probablemente pensaron que habían usado los cuerpos de sus compañeros para atraer al humano.

Pero la piedra de la sacerdotisa golpeó al goblin en el hombro, y dejó salir un gran alarido.

—Bien.

Goblin Slayer no iba a dejar que tal oportunidad se desperdiciara.

Con una velocidad que contradice a su armadura completa, arrojó algo sobre su hombro con su mano derecha.

Era la espada de su cintura.

— ¡¿GBBR?!

Perforó la garganta del goblin con un sordo “thock”. Goblin Slayer ni siquiera se había girado para lanzarlo. La espada que había robado ya estaba en su mano cuando la espada de la criatura golpeó el suelo de la caverna.

—Siete. ¿Otros?

Goblin Slayer se zambulló entre las sombras de las rocas, arrojando sus premios al suelo.

—Hasta donde puedo ver… Dijo la sacerdotisa, vigilando la entrada del túnel. —Ninguno.

—Muy bien.

Rápidamente se concentró en clasificar las armas robadas.

Colocó la vaina vacía en su cinturón, usándola para volver a enfundar la espada que sostenía. También puso la daga en su cintura.

Tratar a los goblins como una armería era su estrategia típica.

—Nos estaremos moviendo.

— ¿Qué? ¿Movernos?

Ahora reequipado, Goblin Slayer se levantó.

La Sacerdotisa, aún en cuclillas, le parpadeó perpleja.

—Pensé que esta mina sólo tenía una entrada.

—Así era. Hasta hace dos semanas. Goblin Slayer levantó el pico y se lo lanzó.

— ¡Eek!




El movimiento casual era fácil de confundir con un ataque. La sacerdotisa miró con reproche al casco.

— ¡Goblin Slayer-san! ¡Cu…cuidado con eso!




—Mira.

— ¿Qué estoy mirando…?

Desconcertada, ella obedientemente se inclinó hacia el pico, estudiándolo intensamente.

Estaba muy usado, viejo y sucio, probablemente dejado en la mina. Sus bordes habían sido desafilados por el implacable uso. Tenía manchas oscuras de carmesí… y partículas de tierra.

—¿…?

La sacerdotisa examinó la tierra con la punta de sus blancos dedos. Todavía estaba húmedo y fresco.

—Goblin Slayer, ¿significa esto que…?

—Sí.

Goblin Slayer asintió y apoyó el pico en su hombro.




Era muy consciente de que los goblins no conocían la metalurgia.

No cavaban agujeros para encontrar recursos, al menos aún no.

Esto podría significar sólo una cosa.

—Lo que yo haría sería cavar un túnel lateral y planear un ataque sorpresa.

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