Goblin Slayer

Volumen 2

Capítulo 9: El Monstruo que no Debe ser Nombrado

Parte 2

 

 

— ¡BE…HOOLLLOOHOHOHO!!

El Ojo Gigante fue despertado de su estupor por un repentino dolor punzante.

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Encontró su ojo atravesado por una flecha. Había polvo por todas partes; apenas podía ver.

Pero podía ver la silueta humanoide acercándose a él, arma en mano. ¿Nunca aprenderán estos intrusos? Si la criatura tenía algo que pudiéramos reconocer como sentimientos, probablemente estaba bastante molesta en ese momento.

Buscando por los alrededores, abriendo el ojo de par en par y apuntando con los ojos del tentáculo. Su terrible desintegración acumuló suficiente calor como para causar daños críticos, y su luz comenzó a brillar…

— ¡IDEEERRRRRRRRRRRR!!

Al principio, la sacerdotisa no sabía lo que había pasado.

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Pensó que quizás el lugar había sido alcanzado por un rayo.

* * *

 

 

Hubo una explosión.

* * *

 

 

Había oído una serie de estallidos; entonces la habitación había sido envuelta en una bola de fuego. A medida que se expandía, diezmaba todo en el templo, abrumando a todos con su rugido y la furia de su calor.

— ¡Hu-ah!

La sacerdotisa cubrió su cara; incluso en el otro lado de la barrera Protección, hacía suficiente calor como para quemarse.

Al borde de su estrecha visión, pudo ver a la elfa acurrucada como un balón y cubriendo desesperadamente sus oídos. Polvo cayó desde arriba, y las ruinas temblaron tan violentamente que se preguntó si toda la estructura podría no venirse abajo.

Finalmente, la nube de humo comenzó a despejarse.

—… Mira. Dijo Goblin Slayer cortantemente. Él se había agachado, pero parecía no estar perplejo.

La elfa echó un vistazo obediente al templo y vio que el Ojo Gigante aún estaba allí.

Arriba.

Debió haber sido arrojado hacia arriba y ser golpeado por el techo por la explosión. Los tentáculos del monstruo ennegrecido se retorcieron patéticamente. Uno tras otro, caían irresistiblemente, como si estuvieran siendo arrancados…

Splork.

Hicieron un sonido asqueroso y carnoso al golpear el suelo en medio de la habitación. La criatura era sólo un trozo de carne crujiente. Se movió varias veces, vomitando algún tipo de líquido, y finalmente dejó de moverse.

Así, el vigilante, el monstruo del caos convocado desde otro reino, encontró su fin.

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—… Parece que ha funcionado el truco. Dijo llanamente el chamán enano. Empezó a levantarse lentamente.

El sacerdote lagarto le ofreció una mano, moviendo la lengua. — ¿Harina de trigo, Goblin Slayer? ¿Qué hizo exactamente?

—Algo que escuche de un minero de carbón. Goblin Slayer entró en el templo con su habitual zancada valiente e indiferente. —Dijo que si se enciende una chispa en un cuarto lleno de polvo, se propaga rápidamente y luego explota.

Desenvainó su espada y la clavó en la criatura en el suelo, asegurándose de que no había reacción. —Pero fue más difícil prepararlo de lo que esperaba. Y hay demasiado riesgo de que el fuego se propague incontrolablemente. Demasiado peligroso. Goblin Slayer agitó la cabeza y murmuró: —No servirá de nada contra los goblins.

— ¡Eso fue una explosión! La elfa puso sus orejas detrás y reprendió a Goblin Slayer.

Pero ella debía hacerlo. ¿No lo había prometido? Pero él fue indiferente a su acusación.

—No fue un ataque de fuego, agua o gas venenoso.

— ¡Estás perdiendo el punto! Tú… ahhhh, no importa.

Suspirando, la elfa entró asombrada en la sala de adoración.

Sé que su corazón está en el lugar correcto, pero él no es muy bueno para mantener el espíritu de sus promesas.

Afortunadamente para ellos, con el Ojo Gigante despachado, parecía que no había más señales de vida en la habitación. Ese agente del caos parecía haber sido el jefe de esta mazmorra.

Tal vez ese caimán, nadando como si fuera el dueño del lugar, había sido el anterior maestro de las ruinas. En cualquier caso, hubo un cambio de titularidad.

—Umm… ¿Qué planeabas hacer si no explotaba? Preguntó la sacerdotisa, siguiendo el ritmo de Goblin Slayer con pasos rápidos.

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—Como uno de ustedes dijo, esta cosa parecía estar interesada sólo en defender este lugar. Contestó, empujando a la criatura con su pie. —Le hubiéramos disparado flechas desde el pasillo, y luego correríamos antes de que se pudiera concentrar. Hubiéramos hecho eso hasta que muriera.

Goblin Slayer asintió como si fuera la cosa más natural del mundo.

—Toma tiempo, pero es seguro.

—Qué asco. ¿Eso no me convertiría en la que tendría que hacer todo el trabajo? ¡Dame un respiro! La elfa había completado su inspección del área, convencida de que estaban a salvo.

Cerca, el chamán enano se acarició la barba, intentando no reírse de su tono resignado.

—Sería un problema para ti, ¿no? Con todo ese ejercicio, nunca engordarías y serías un yunque para siempre.

—Mira quién habla. Como si no pudieras soportar perder unos kilos.

—No seas tonta. Los enanos son la imagen misma de un excelente físico.

El sacerdote lagarto se encogió de hombros felizmente y movió los ojos de su cabeza; la sacerdotisa puso una mano en su boca y se rio.

Incluso la elfa se sintió atraída a reírse, y la estruendosa risa del chaman enano la siguió.

Goblin Slayer no se rio, pero…

—……

“Phew…” Con un suspiro, envainó la espada que había estado sosteniendo en su mano derecha hasta ese momento.

La tensa atmósfera que había dominado sus exploraciones se derritió, dando paso a una sorprendente sensación de comodidad.

Habían ganado.

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