Goblin Slayer

Volumen 2

Capítulo 8: Descanso Momentáneo

Parte 2

 

 

Entraron en una tienda de equipamiento que se veía bastante próspera.

Los “clangs” de un martillo golpeando metal provenían de las profundidades de la tienda. Armas y armaduras fueron esparcidas por el oscuro interior. Tenía una vitalidad que faltaba en el taller del gremio.

Publicidad M-AR

—Wow… La sacerdotisa parpadeó varias veces, comprensiblemente abrumada.

Estaba lleno de armas que ella nunca había visto, armaduras que no podía imaginar cómo usar, y un objeto curioso tras otro. Notó un arma que sí reconoció en medio de todo y la levantó suavemente con una respiración suave.

—Incluso tienen mayales (tipo de látigo). Estos consistían en dos palos con sujetadores de metal pesado unidos por una cadena; se decía que habían evolucionado desde una herramienta de trilla (desgranar). El clero de la Madre Tierra sabía cómo usarlos, y la sacerdotisa infló su pequeño pecho orgullosamente por su pequeño conocimiento.

— ¿Vas a comprarlo?

—No… Escaneó la habitación por la pregunta contundente de Goblin Slayer. Le faltaba valor para estar en la primera línea del equipo, y para su protección personal, tenía su propio bastón. —… supongo que no.

Publicidad M-M1

La sacerdotisa cuidadosamente devolvió el mayal a su estante, y luego notó a un hombre que parecía ser el tendero.

—Um, disculpe…

— ¿Hmm? El hombre la miró, y la sacerdotisa miró al suelo.

Era joven, tal vez de unos veinte años, pero tenía el aire de un adolescente que acababa de crecer.

No era que pareciera grosero. Su ropa era limpia, su cabello y barba bien recortados. Pero su desinteresada respuesta le hizo parecer extrañamente frío.

—Hrm. Bienvenidos, bienvenidos. ¿Qué puedo hacer por ustedes?

—Ah, ejem… ¿Podrías… reparar esta cota de malla?

La sacerdotisa levantó su armadura vacilante, y el tendero le echó una ojeada. Luego, metió la mano en el agujero del hombro, extendió la armadura y exhaló.

—Es un gran agujero. ¿No crees que sería mejor comprar un nuevo juego?

—Prefiero… que lo reparen…

—Reparación, claro. El cliente siempre tiene razón…

La mirada del hombre corrió por los delgados brazos de la sacerdotisa. Sin reservas, lascivo, la miró de arriba a abajo como si la comiera.

— ¿Necesita algo más, señorita?

— ¡No, gracias! La sacerdotisa agitó la cabeza, sintiendo un sonrojo en sus mejillas.

¿Era así como los comerciantes de la ciudad trataban normalmente a sus clientes? Habría sido impensable en la frontera.

¿O simplemente no la tomaba en serio porque era una novata? El pensamiento la dolió.

Publicidad Y-M1

—Yo también necesito algunas reparaciones.

Era Goblin Slayer. Cuando la sacerdotisa volvió a levantar los ojos, se encontraron con una armadura.

Ante el sombrío casco de acero, el tendero tragó saliva.

—Un rango de plata… Tembló la voz del tendero. Aparentemente se había dado cuenta de la placa plateada que colgaba alrededor del cuello de Goblin Slayer. —Ah, sí, señor. Reparaciones. Por supuesto, señor.

—Mi armadura de cuero y mi escudo redondo. Rápido, si no te importa. Junto con la cota de malla.

— ¿Quiere que los pula? Y a su escudo parece que le falta el sujetador…

—No los pulas. Y yo quite el sujetador.

—Ejem, en cuanto al pago, señor, incluyendo la tarifa urgente…

—No te preocupes.

Sin acobardarse, Goblin Slayer buscó en su bolso y dejó caer una bolsa de cuero sobre el mostrador. Hizo un golpe fuerte cuando aterrizó y se desplomó. Monedas de oro se caían por la abertura.

— ¡Gracias, señor…!

—Necesitaré echar un vistazo a tus espadas, también.

— ¡Oh, um, tengo una espada de mithril en este momento!

—No lo necesito.

Su valiente y despreocupado paso lo llevó hasta donde había una variedad de espadas que estaban montadas en la pared. Tomó una con una hoja de doble filo completamente normal. Tenía un gran mango: una espada de “mano y media”.

—Ahh, si ese es el tipo de espada que prefiere, señor, tengo una forjada por enano…

—Demasiado larga.

Publicidad M-M1

Empujó la espada de nuevo en el estante, y luego empezó a pasar por la mercancía hasta que agarró una pequeña espada de un solo filo.

— ¿Son las espadas cortas más a su gusto, señor? Tengo una encantada encontrada en unas ruinas…

— ¿Encantada?

— ¡Sí, señor! La voz del tendero subió una octava. —Evita que la espada pierda filo, y también hace sonar una alarma cuando los enemigos están cerca.

—No la necesito. Su tono era lo suficientemente directo como para ser un arma en sí. —Yo me quedaré con ésta. Es un poco larga, pero me las arreglaré. Pediré prestada tu piedra de afilar mientras esperamos nuestras reparaciones.

—Pero, señor… Con una espada como ésa, lo mejor que puede esperar cazar son… goblins…

—Eso es lo que planeo hacer.

Publicidad M-AB

El tendero no tenía nada que decir al respecto.

Pero Goblin Slayer, como siempre, parecía no prestar atención. Tal vez intentaba decirle: “No dejes que te afecte”.

Era difícil de entender.

La sacerdotisa se puso tenuemente roja y dejó salir un suspiro suave y silencioso.

4.8 6 votos
Calificación de este Capítulo
Mantente Enterado
Notificarme
guest
0 Comentarios
Respuestas en el Interior del Texto
Ver todos los comentarios