Goblin Slayer

Volumen 2

Capítulo 3: Encuentro Inesperado

Parte 4

 

 

Parece que tienen los números, pero no la ventaja. Observó el sacerdote lagarto.

—Mm. No puedo decir que me compadezco de ellos. Contestó el chamán enano.

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Los aventureros observaron todo desde la oscuridad de un sendero lateral.

O Madre Tierra Madre, llena de misericordia, concede tu sagrada luz a los que estamos perdidos en las tinieblas.

La sacerdotisa rezó a la Madre Tierra, protegida de la lluvia por el escudo de Goblin Slayer. En respuesta a su oración, la compasiva diosa envió el milagro de la Luz Sagrada sobre la cola del caimán.

—Si no puedo usar gas, fuego o agua, es lo mejor que puedo hacer.

Goblin Slayer sonaba más que un poco molesto. Viéndolo cansado, la elfa trató de consolarlo.

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—Como sea. Sobrevivimos, eso es lo que cuenta.

— ¡Así es como se supone que son las aventuras! Dio un gran respiro y tocó su pequeño pecho. Estaba muy contenta, como era obvio por el jovial rebote de sus orejas.

—No puedo creer que cayeran por un pequeño truco con algo de luz.

—Han aprendido que los aventureros se mueven con la luz.

— ¿En serio?

—No sé cuándo, pero en algún momento se convirtió en una sabiduría convencional entre ellos. Dijo Goblin Slayer, observando la batalla en las alcantarillas. —No son más que carroñeros. No tienen el concepto de hacer cosas.

Él tenía razón. Los goblins hacían palos y herramientas de piedra y tal vez equipamientos para ellos mismos, pero eso era todo. Artículos, comida, ganado… Robaban lo que necesitaban en lugar de producirlo.

¿Y por qué no? Pueblos llenos de humanos estúpidos esperaban a que vinieran y se llevarían lo que quisieran. Como podían saciarse a través del robo, no había razón para que hicieran otra cosa. Mientras pudieron tener suficientes niñas y aventureros, estaban bien.

—Aun así, por torpes que sean, no son tontos. Continuó Goblin Slayer, aunque nunca dejando que su atención se desviara de la batalla. —Aprenden a usar cosas rápidamente. Si les enseñas a construir un barco, construirán ellos mismos uno pronto.

—Tú los conoces bastante bien. Dijo la elfa.

—Los he estudiado de cerca. Contestó Goblin Slayer inmediatamente. —Por eso tengo cuidado de no darles nunca una idea nueva. Los mataré en su lugar.

Apoyado contra la pared, el chamán enano acarició su barba.

—Lo que estás diciendo es que alguien les enseñó a construir esos barcos.

—Sí.

La sacerdotisa terminó su oración y dejó salir un respiro. Se limpió el sudor y las gotas de lluvia en su frente.

— ¿Estás seguro? Tal vez al chamán se le ocurrió.

—Es posible. Pero si sus números aumentaban aquí en las alcantarillas naturalmente, entonces eso… sea lo que sea esa cosa…

—Um… ¿el caimán? Ayudó la sacerdotisa.

—… cierto. Esa cosa no los habría sorprendido. No creo que hubieran usado botes si lo hubieran sabido. Murmurando agregó —Cobardes hasta la médula

— ¿Qué es lo que quiere decir, Goblin Slayer? Preguntó en voz baja el sacerdote lagarto.

Goblin Slayer parecía tener algo específico en mente. Su respuesta fue demasiado precisa.

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—Esta infestación de goblins ha sido causada por alguien.

Goblin Slayer esperó hasta que los sonidos de la batalla disminuyeran, y luego sugirió una retirada temporal.

Nadie se opuso. No tenían hechizos ni flechas. No tenían suficientes cosas y su fuerza se estaba agotando. Caminaron silenciosamente hacia las oscuras alcantarillas, poniendo la batalla entre los goblins y el caimán detrás de ellos.

Algún tiempo después llegaron a una escalera. Subieron a la superficie sólo para ser recibidos por gordas gotas de lluvia. La sacerdotisa ya estaba empapada, pero las gotas seguían llegando. Volteó su cansada cara hacia el cielo. Murmuró en una pequeña voz:

—No parece que vaya a parar de llover.

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