Goblin Slayer

Volumen 2

Capítulo 2: Goblin Slayer en la Ciudad de Agua

Parte 3

 

 

—Empezó hace un mes.

Sword Maiden asintió a los demás para que se sentaran en el suelo, y luego se sentó con los pies juntos, mirando hacia atrás.

—Tarde en la noche, envié a una chica acólita a entregar un mensaje de este Templo…

— ¿Fue asesinada? ¿O secuestrada? Preguntó Goblin Slayer.

—… Ella no volvió esa noche. Al día siguiente, su cuerpo fue encontrado en un callejón trasero. Una mirada de dolor había en su rostro.

—Hmm. Goblin Slayer puso su mano en su barbilla, pensando.

—Según la persona que la encontró, parecía haber sido cortada en pedazos mientras seguía viva.




Las palabras de Sword Maiden eran la calma misma, sin vacilar un momento. Pero detrás de ellas había un ligero temblor.

¿Era terror? ¿Intimidación? O tal vez dolor profundo, tristeza. La sacerdotisa no estaba segura.

—Eso es… Bueno, eso es horrible. Dijo la sacerdotisa.

—El hecho mismo del asesinato es lo suficientemente triste, aunque suceda de vez en cuando…

—Mientras aún estaba viva. Murmuró Goblin Slayer en voz baja. — ¿En ese lugar?

—… Sí.

— ¿Fue alguna parte comida? ¿O simplemente fue asesinada? ¿Tienes algún otro detalle…?

—Vamos, Orcbolg. Estás siendo insensible, incluso siendo tú. Dijo la elfa frunciendo el ceño. Había notado la expresión nublada de Sword Maiden.

Goblin Slayer se quedó en silencio durante un largo momento, y luego dijo —Por favor, continúa.

—Fue realmente un terrible incidente.

Sí, terrible.

El Templo de la Ley estaba aquí, pero todavía era la frontera. No hace mucho tiempo había sido una extensión sin ley, hogar de monstruos y bandidos. Difícilmente podría ser ahora un lugar sin crimen.

Aunque la luz del Dios Supremo brillaba abundantemente, no era suficiente para llegar a los retorcidos corazones humanos.

—Ley y orden… Se dice que han sido continuamente los más débiles en las luchas de este mundo. Sword Maiden continuó, en un murmullo —Aunque el mal no ha triunfado en este mundo, tampoco ha desaparecido. Y unió sus manos, ofreciendo una breve oración al dios al que servía.

Esperando a que terminara, el sacerdote lagarto inclinó el cuello como si estuviera prestando especial atención.

—Entonces, ¿es todo esto para decir que la investigación no ha dado resultados?

—… Sí. Me da vergüenza decirlo, pero es verdad.

¿Quizás un agente del caos estaba involucrado o un seguidor de los Dioses Oscuros? ¿O algo más?

En medio de una multitud de hipótesis y conjeturas, el vigilante de la ciudad había lanzado inmediatamente una investigación. Para una ciudad cuyas calles transitaban día y noche, había sorprendentemente poca evidencia. Y sin pruebas, no había nada que hacer, por muy mal que uno quisiera atrapar al criminal.

En medio de todo esto, la Ciudad de Agua experimentó un dramático aumento en el crimen.

—Robos menores, ataques al azar en las calles. Violencia hacia las mujeres, secuestros…

—Hmm. Goblin Slayer resopló mientras Sword Maiden relataba lamentablemente el estado de las cosas. —No me gusta.

—No te gusta nada, Corta barbas. Dijo el chamán enano, bien acostumbrado a su compañero, e hizo un gesto a Sword Maiden como si dijera: “No te preocupes por él”. Descansó su barbilla en su mano, y su codo sobre sus rodillas dobladas. Ni siquiera tenía ganas de beber vino. —Admito que es bastante extraño. Pero seguramente no es por eso que nos convocó aquí.

—Tienes razón. Decidieron que si no podían rastrear al asesino, tal vez podrían atraparlo en pleno “trabajo”.

Así, no sólo enviaron a los guardias y vigilantes de la ciudad, sino también a los aventureros.

Se dividieron en varios grupos, patrullando diligentemente las calles nocturnas y persiguiendo a cualquier personaje sospechoso.

Fue un enfoque contundente, un plan marcado por su practicidad.

Pero funcionó.




Uno de los grupos de aventureros vio pequeños humanoides atacando a una mujer, a los cuales los aventureros mataron.

A la luz de las lámparas de aceite de mano de los aventureros, los diminutos cadáveres resultaron ser…

—…goblins. Más allá de toda duda.

—Hmm. Goblin Slayer, que había estado escuchando en silencio, hizo un sonido de profundo interés. — ¿Eran goblins?

—Goblins… No sólo uno o dos, supongo. Suspiró el chamán enano, pasando su mano pensativamente por la barba que fluía y de la que estaba tan orgulloso.

La sacerdotisa tocó con la punta de su dedo sus labios, e hizo un sonido pensativo. —La pregunta es cómo llegaron a la ciudad. Ciertamente no sólo atravesaron la puerta.

—Eso dejaría una ruta subterránea o las vías fluviales. Dijo el chamán enano.

La elfa añadió —Todas esas víctimas…esos monstruos no sólo estaban de paso.

— ¿Qué te parece? El casco de Goblin Slayer se volvió hacia el sacerdote lagarto.

El sacerdote con escamas hizo un movimiento contemplativo con sus ojos, luego abrió las mandíbulas y dijo —Goblins… hmm. Los goblins viven bajo tierra. Esta ciudad está construida sobre una ciudad más antigua. Seguramente hay ruinas de algún tipo debajo de ella.

—No hay duda, entonces. Dijo decididamente Goblin Slayer. —Son estúpidos, pero no son tontos. Si yo fuera ellos, simplemente anidaría en las alcantarillas.

—Una vez más, demuestras tú habilidad para pensar como un goblin.

Era difícil decir si la elfa lo estaba elogiando o era sarcástica.

—Por supuesto. Goblin Slayer contestó con un gesto de asentimiento. —Si no sabes cómo piensan, no puedes luchar contra ellos.

Sword Maiden dio un indicio de confusión ante las palabras de Goblin Slayer, pero no obstante, asintió con firmeza.

—Seguramente fue el Dios Supremo quien guio a un aventurero como tú a aceptar mi pedido. Una tenue sonrisa se elevó repentinamente a su rostro, y su voz era clara; su alivio era evidente. —Yo misma, después de un mes de reflexión, concluí que debían estar bajo tierra.

— ¿Un mes?

—Sí. Y al principio, ofrecí la misión a los aventureros de esta ciudad.

— ¿Qué les pasó? Preguntó en voz baja la sacerdotisa, pero Sword Maiden agitó su cabeza sin palabras.

—Ya veo. Dijo la sacerdotisa.

Esa era toda la respuesta que necesitaba.

Ellos no volvieron.

Muchos aventureros de porcelana y obsidiana que iban a cazar a los goblins se encontrarían con el mismo destino, como dos de los tres compañeros con los que la sacerdotisa se había aventurado por primera vez en una caverna.

Una vez que la inquietante escena se revivió inesperadamente en su memoria, no fue fácil borrarla.

La sacerdotisa casi pensó que podía captar el olor húmedo y podrido de la cueva y apretó un poco su cara.

—Fue entonces cuando oí una canción de Goblin Slayer, héroe de la frontera.

— ¿Una canción? Dijo Goblin Slayer, sin entender. — ¿Qué quieres decir?

— ¿No lo sabías? Eres un canto, Orcbolg. La elfa dibujó un círculo en el aire con su dedo. —Pero resulta que no tiene mucho que ver con el verdadero tú.

—Nunca he oído hablar de tal cosa.




—Pero seguramente sabes… Dijo el sacerdote lagarto, entrecerrando los ojos. —Dondequiera que haya bardos, cantarán de actos valientes.

— ¿Con qué fin?

—No me digas que no ves la conexión, Corta barbas.

No es que no estuviera interesado.

El chamán enano se golpeó el vientre por la exhibición de perplejidad de Goblin Slayer.

—Cuando se sepa de tus acciones, todos querrán que mates a sus goblins por ellos.

—Hmm…

Los ojos de Sword Maiden, escondidos detrás de un paño, se encontraron brevemente con los de Goblin Slayer, escondidos detrás del metal.

Se mordió el labio, luego con una mirada de determinación, inclinó la cabeza.

—Por favor. Te ruego que salves nuestra ciudad.

—No sé si podré. Dijo Goblin Slayer con franqueza. —Pero mataré a los goblins.

Simplemente así no era la forma de hablarle a un arzobispo, y mucho menos a un ex héroe.

La sacerdotisa dijo — ¡Goblin Slayer! Y tiró de su brazo, con los labios apretados. —Debes encontrar una forma mejor de… hablar.

—Pero es la verdad, ¿no?

—Por eso es tan importante tener cuidado con cómo lo dices.

—Hmm.

Goblin Slayer dejó salir un fuerte resoplido, pero él solo podía quedarse callado.

El sacerdote lagarto hizo un movimiento jovial con su cola al ver a su descortés amigo, pero su tono era grave.

—Si están en las alcantarillas, nuestros trucos habituales no funcionarán.

—Estoy harta de nuestros trucos habituales. Dijo la elfa desanimada. —Son… raros. Ella le dio un suave golpe a Goblin Slayer con su codo. —Sabes lo que él quiere decir, ¿verdad?

—Sí. Goblin Slayer asintió. —Tenemos que entrar y destruirlos, pero el área subterránea es grande. Sería problemático si algunos escaparan.

— ¡No! Estar en las alcantarillas significa que estaremos justo debajo de todos los que viven aquí. ¿Lo entiendes?

No sabía por qué se sorprendió. Orcbolg había siempre sido así desde que lo conoció. Quemar fortalezas, hacer que la gente se bañe en tripas, matar a los goblins de las maneras más terribles, ahogarlos, usar tácticas de olas humanas…

— ¡No fuego! ¡No agua! ¡No gas venenoso! ¡No entrañas!

—Ya te lo dije, no tengo intención de usar ninguno de ellos. Respondió en un tono que normalmente reservaba para regañar a la sacerdotisa, haciéndose relucir así misma.

Sus largas orejas se sacudieron de un tirón, pero ella finalmente dijo —Bien. Y desistió.

El sacerdote lagarto ignoró su murmullo de “¿Qué le pasa a este tipo?” Y dijo — ¿Por qué no pueden los guardias de la ciudad o el ejército manejar a estas criaturas? Golpeó el piso de piedra con su cola para enfatizar sus dudas. —No conozco la situación de esta ciudad, pero seguramente esto no está fuera de su jurisdicción.

—Ellos…

—… sin duda le dijeron que no había necesidad de involucrar a los militares en algo tan trivial como los goblins. Dijo bruscamente Goblin Slayer cuando Sword Maiden dudó.

Sword Maiden miró levemente hacia abajo, y sus labios temblaron. Una respuesta muy elegante.




No fue difícil de entender.

Eligieron a los aventureros precisamente porque la guardia de la ciudad y los militares no se involucraron.

Los guardias de la ciudad reciben dinero para entrenarse y equipos, además sus familias viven en la ciudad. Si resultaran heridos o muertos, habría que pagar una pensión a sus familiares.

Qué diferente era con los aventureros, que tomaban la responsabilidad de todo ellos mismos.

Por encima de todo, la resurrección del Señor Demonio en la primavera aún estaba fresca en sus mentes.

—Supongo que no se puede evitar. Dijo el chamán enano con un suspiro y acariciando su blanca barba. —Muchos de esos demonios siguen corriendo por la capital. Supongo que para esto son los aventureros.

—Mrrm. Dos fuentes seguras de problemas son el dinero humano y la política humana. Dijo el sacerdote lagarto.

—Me da mucha vergüenza admitir la verdad de tus palabras. Dijo Sword Maiden como si confesara un pecado.

Las tragedias en este mundo eran muchas e interminables.

Como había dicho Sword Maiden, desde el comienzo del mundo, la ley y el orden habían sido luces menores.

Nadie tenía el poder de cambiar eso, ni siquiera un poco.

Incluso la Madre Tierra, que ofrecía la salvación a los que estaban “rotos”, su salvación era sólo para aquellos que deseaban, pedían y oraban por ella.

De ahí que los monstruos fueran conocidos como los unpraying (no religiosos).

Y sin embargo…

—No me importan mucho esas cosas. Susurró Sword Maiden, girando su cara a un lado.

Sonaba como una joven que había hecho algo embarazoso.

—No me importa. Goblin Slayer lo cortó todo con unas palabras cortas. — ¿Cómo bajaremos?

—…

Los escondidos ojos de Sword Maiden jugaban a través del casco como si buscara alguna expresión.

— ¿Hola?

—Oh. Sí, discúlpenme.

La voz que respondió a su llamado era algo lejana, casi delirante.

Sword Maiden metió su mano en el escote de su delgada prenda, sacando un trozo de papel de su generoso pecho.

El papel parecía bastante viejo; parecía ser un mapa de las alcantarillas.

—Creo que sería mejor que entraran a las alcantarillas por el pozo del jardín trasero de este templo.

Sus delgados y blancos dedos acariciaron el mapa mientras lo extendía por el suelo. La arrugada piel de oveja hizo un estruendo al desplegarla.

—Por lo tanto, durante sus investigaciones, le ofrezco este Templo como alojamiento.

—Mm.

Goblin Slayer hizo un sonido suave mientras estudiaba el mapa. Estaba descolorido, ya masticado por los insectos, pero mostraba el gran tamaño de las alcantarillas. Tal vez había tenido algún sentido para los arquitectos antiguos, pero ahora…

—Es como un laberinto. Dijo ansiosamente la sacerdotisa, mirando el mapa sobre el hombro de Goblin Slayer.

¿Los goblins se abrieron paso a través de este laberinto subterráneo para atacar a los humanos? Enfrentarlos sería mucho más difícil que luchar contra otros monstruos aunque fueran débiles.

Tal vez sólo estoy nerviosa. ¿Había notado que Sword Maiden la había mirado en silencio?

Goblin Slayer acercó el mapa, y luego lo tocó ligeramente.

— ¿Cuán preciso es este mapa?

—Estos son viejos planos de cuando se construyó el Templo…

Sword Maiden agitó suavemente su cabeza. El gesto envió hermosas ondas a través de su frondoso pelo.

—Pero el agua de la ciudad fluye por ahí. Si algo se ha derrumbado, no puedo imaginarme que sea muy preciso.

—Muy bien.

Asintiendo, enrolló el mapa y lo arrojó al aire.




El sacerdote lagarto extendió hábilmente su brazo y lo cogió con sus afiladas garras.

—Eres nuestro navegante.

—Por supuesto.

—Vamos, entonces. No hay tiempo que perder.

Apenas había hablado, Goblin Slayer se puso en marcha con su audaz paso.

Los otros aventureros se miraron el uno al otro, y luego asintieron impotentes.

—Bueno, así es Orcbolg. Dijo la elfa suavemente, levantándose. Ella ajustó su gran arco en su espalda, contó sus flechas, y luego fue tras él a trote.

Los pasos de los elfos eran tan silenciosos que tal vez no pesaban nada; el cura lagarto los encontró casi inaudibles. Suavemente abrió el mapa que había atrapado, lo revisó dos veces, lo dobló de nuevo y lo puso con cuidado en su bolso. —Parece que hay ruinas más profundas, pero no lo sabremos hasta que los veamos por nosotros mismos.




—Tú lo dijiste. Y no podemos contar con que nuestra muchacha de orejas largas nos guíe. Corta barbas es otro asunto.

El chamán enano acarició su barba, incapaz de verlos caminar solos en tal peligro.

Los dos se dieron palmaditas en la espalda, y luego se pusieron de pie, pareciendo satisfechos.

—Debe disculparnos, entonces. Seguiremos nuestro camino.

— ¡No puedo tener a orejas largas y Corta barbas esperando ahora!

Y los dos se fueron.

La sacerdotisa tampoco tenía tiempo para mirar fijamente.

Corrió a preparar su equipo, enderezó sus vestidos y se puso de pie.

—Bueno, um, milady arzobispo. Yo…yo también me iré.

—Ahem. Agarró su bastón con ambas manos e inclinó su cabeza hacia Sword Maiden.

—Si me permites…  Dijo Sword Maiden a la sacerdotisa mientras se giraba para irse. Alargó una delgada mano como si estuviera atrayendo la atención.




— ¿Si? Preguntó la sacerdotisa, mirándola interrogativamente.




—Tal vez no me corresponde a mí preguntar esto, como dadora del trabajo…

La sacerdotisa no podía leer la expresión de Sword Maiden mientras hablaba. Toda emoción parecía haber dejado su encantadora cara, como una marea que retrocede. Era difícil escapar a la impresión de que había usado una máscara.

— ¿Pero, no tienes miedo?

Su pregunta era corta pero clara.

La sacerdotisa frunció el ceño levemente; sus ojos vagaban por la habitación. ¿Qué debería decir?

—Yo… Sí. Tengo miedo. Pero…

Entonces, no dijo nada más. Ella nunca había dejado de tener miedo, no desde que había entrado en una guarida de goblins ese día hacía mucho tiempo.

Y sin embargo…

Su mirada desviada siguió a aquellos aventureros, caminando delante de ella, a unos pasos de distancia…

Un lagarto imponente. Junto a él, un enano rechoncho. Una elfa delgada. Y…

Un guerrero. Vestido con un casco de aspecto barato, una sucia armadura de cuero, con un pequeño escudo redondo y una espada que parecía de un largo extraño.

—Hee hee.




Parada allí, casi sola, una sonrisa apareció en la cara de la sacerdotisa.

Ella era discípula de la Madre Tierra, pero si orara al Dios Supremo le pediría una cosa:

Que ella nunca esté sin uno de estos compañeros.

—… estoy segura de que estaremos bien.

Y con eso, tímidamente ofreció una oración en voz baja.

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