Goblin Slayer

Volumen 2

Capitulo 1: Aventuras y Vida Cotidiana

Parte 4

 

 

—Por favor, que sea esta vez… Por favor, por favor, que me asciendan esta vez…

En el vestíbulo fuera de la sala de entrevistas, una oración sonó entre los aventureros que esperaban.




El que hablaba era un hombre de mediana edad vestido de trapos.

Probablemente un monje, en realidad, no cualquier monje.

Su cuerpo se encogió con la edad. Con él había un bastón de madera golpeado, probablemente una especie de arma. Su frente estaba afeitada, pero aparentemente no tenía aceite para ponerle, y su cabeza estaba cubierta de pelo fino.

— ¡Cállate, abuelo! No tienes que cantar todo el tiempo sólo porque eres un monje. ¡Me estás molestando muchísimo!

El que lo crítico era un joven con ojos duros que apreciaba mucho la parte guerrera de una persona.




Sus palabras fueron duras, pero él mismo se agitó como si no pudiera mantener la calma. Cada vez que lo hacía, su bien usada armadura y su hacha de batalla chocaban entre sí con un rasguño de metal sobre metal. No estaban oxidados, pero habían visto días mejores. No era un equipo de primera calidad.

—Maldición. Debí haberlos pulido…

—Demasiado tarde ahora. El viejo es el único aquí que tiene su propia casa. Te hace querer tener una religión. Susurró una joven maga, apaciguando al hombre del hacha. —Además un poco de pulido no habría cambiado mucho las cosas.

Orejas levemente puntiagudas asomaban de su capucha rasgada, una medio elfa. Ella sostenía un libro de hechizos, también parecía estar muy gastado. La cubierta se estaba cayendo y lo había vuelto a pegar con adhesivos.

—Ahh, tómalo con calma. No servirá de nada alterarse…

El que acababa de hablar se rio a carcajadas. Era un hombre joven, apenas la mitad del tamaño de cualquier otro. Llevaba una armadura de cuero sin manchas, una daga en la cadera, y botas de piel en los pies.

Era un explorador rhea, o de todos modos, eso era lo que uno asumía.

—Sí, lo sé. Dijo el guerrero con hacha. —Pero es un gran paso ir de Acero a Zafiro, tanto en pagos como en misiones.

Si hoy subimos de rango, por fin podremos dejar de cazar ratas en las alcantarillas. Agregó la maga elfa.

El guerrero siguió hablando, rápido como un hacha balanceándose. —Por fin podremos ganar más que los intereses de nuestras deudas. El abuelo aquí presente será capaz de valerse por sí mismo. Eso es importante.

—Yo también necesito esto. Los libros de hechizos son caros. Si una oración es lo que se necesita para conseguir ese rango, oraré todo el día. Murmuró la elfa. Miró al explorador rhea por debajo su capucha. —De todos modos, no actúes como si no te importara.

—Sí, jajaja… El rhea se rascó la cabeza de vergüenza. —Estoy, ya sabes, estoy bastante asustado del peligro. Y no tengo deudas, así que…

—Vago.

—Cobarde.

El guerrero y la maga sonaban exasperados, pero el explorador solo se encogió de hombros.

— ¡Siguiente, por favor!

La alegre voz de la recepcionista salió flotando de la sala de reuniones.

— ¡Oh! ¡Ese soy yo! El explorador de rhea saltó ágilmente.

El monje calvo lo agarró de su armadura, prácticamente de rodillas. —Por favor… Por favor, se fuerte…

—Lo sé, lo sé, ya me voy, dijo el explorador, apartando la mano del monje. Abrió la puerta…

—… ugh.

… y sus ojos se abrieron de par en par.

Tres personas estaban sentadas en la sala de reuniones. Primero, había una empleada del gremio, la recepcionista de ojos brillantes. (Algún día él iba a azotarla hasta que gritara). La segunda era otra mujer delgada usando el uniforme del gremio. ¿Quién era ella? El explorador rhea busco en su cabeza. No podía recordar si la había visto antes. Y luego hubo un aventurero de alto rango, pero de aspecto muy extraño.

Un casco barato. Armadura de cuero sucio. Equipo apenas apto para una aventura. No tenía su espada ni su escudo, pero no había manera de confundirlo.

—G-Goblin Slayer…

— ¿Hay algún problema? Preguntó.

—No, ninguno señor. El explorador contestó al hombre brusco con una risa sumisa, volviéndose para cerrar la puerta.

La verdad es que el rhea no odiaba al hombre llamado Goblin Slayer, el hombre que había llegado al rango de plata tomando simples trabajos de goblins. El rhea quería dinero. Quería fama. Quería que se hablara bien de él. Pero odiaba tener miedo y no quería morir. Estaba seguro de que Goblin Slayer debía sentir lo mismo. Si de verdad le disgustaba algo del hombre, era ese casco sin expresión…

Goblin Slayer vio al explorador de Rea sentarse frente a él.

El explorador tembló un poco. No odiaba a Goblin Slayer, pero tampoco lo encontraba fácil de tratar.

—Así que, esto es la prueba para subir de nivel ¿eh? El rhea hizo una risa débil y se frotó las palmas de las manos. —Vamos al rango zafiro, pasemos de Esmeralda, Rubí… ¿Qué te parece si vamos directo a Cobre?

—Dudo que lleguemos tan lejos. Respondió la recepcionista con una sonrisa. Ella revisó unos papeles en su mano. —No puedo dejar de notar tu nueva armadura y tus botas.

—Oh, ¿te has dado cuenta? Las esquinas de los labios del explorador se voltearon hacia arriba, y él puso sus pequeños pies sobre la mesa. Sus botas no estaban desgastadas, estaban pulidas a fondo, y la luz negra apenas podía escapar de su superficie. —Son de alta calidad. Las conseguí de color mate. Son perfectos para mí.

— ¡En serio!

Él no sabía lo que se venía.

— ¿Por qué tú eres el único que está tan bien cuando todos los de tu grupo han tomado las mismas misiones? Su tono era terriblemente serio. —Esas botas siguen siendo un poco costosas incluso si juntáramos la recompensa de los demás miembros. Espero no equivocarme.

La recepcionista continuó, ignorando que el rhea se había puesto rígido.

— Algunos informes bastante ambiguos sugieren que a diferencia de tus amigos, has estado tomando misiones por tu cuenta.

—Oh, eso, bueno, eso…

El explorador rápidamente sacó sus pies de la mesa.

Miró de derecha a izquierda. No había lugar por donde escapar. Rápidamente dijo una excusa.

—Sabes, yo recientemente he recibido ayuda de casa.

—Mentira

Las palabras cortantes vinieron de la empleada que estaba en silencio hasta ese momento.

El explorador mostraba una sonrisa congelada, pero en el fondo la maldecía.

Llevaba una espada y escamas alrededor de su cuello, el símbolo del Dios Supremo.

—Yo juro en nombre del Dios Supremo, que lo que él dijo era mentira.

El milagro Sentir Mentiras. ¡Malditos sean estos videntes!

Eso era por qué no podía reconocerla. Era una inspectora, ellas eran recepcionistas, pero también sacerdotes del Dios Supremo, gobernante de la ley y la justicia.

¿Qué era esto? ¿Habían sospechado de él? ¿Pero por qué?

La recepcionista hizo un gesto de hojear sus papeles. La acción decía que lo sabían todo.

—Parece que tienes nuevo equipo después de esa incursión en esas ruinas el otro día… Oh, lo entiendo.

Con una sonrisa y una risita, aplaudió y asintió.

— ¡Le dijiste a los demás que ibas a explorar más adentro, encontraste un cofre de tesoros, te guardaste el contenido y los vendiste!

—Erk…

Eso fue exactamente lo que había hecho.

Al entrar en ruinas, monstruos y trampas abundaban, además de ser letales. Era natural que el explorador rhea se ofreciera voluntario para hacer reconocimiento y que sus compañeros estuvieran de acuerdo. Había entrado en las ruinas con delicadeza, girando varias veces, y entonces…

Había encontrado un cofre del tesoro.

No fue una trampa explosiva, y abrir la cerradura fue fácil. Dentro había docenas de monedas, antiguas pero de oro. Cofres vacíos no eran algo raro. Y aún quedaba mucho espacio en su mochila.




—Ves, eso fue… yo…

Se rio torpemente, se rascó la cabeza como un niño regañado, y asintió. Sería más beneficioso para él si simplemente se disculpara, decidió.

—Lo… lo siento mucho.

—Bueno, esto hace que las cosas difíciles. La Recepcionista rio.

Era demasiado obvio que su hojear las páginas era sólo un acto.

Ella ya había previsto todo esto. El gremio tenía una posada y un bar, y no eran sólo para el beneficio de los aventureros de menor rango. El flujo de dinero nunca miente.

—Gente como tú es la que da mala fama a los rheas y a los exploradores. Movió su cabeza con asco —Bueno, es tu primera ofensa… creo que el descenderte a Porcelana y la prohibición de aventurarte en esta ciudad es apropiado.

— ¡Espera un segundo! ¿Cómo es eso justo? Sin quererlo, el rhea se encontró inclinado sobre la mesa y gritando. —Yo robo un pequeño cofre con tesoros, ¿y tú vas a echarme?

— ¿Disculpa? El tono de la recepcionista era frío, y su exasperación era obvia; de hecho, ella estaba muy cansada de él. — ¿Sólo un cofre del tesoro? No seas tonto. No puedes reparar la confianza rota con dinero.

Y el que traicionaba la confianza de los demás no tenía derecho a ser un aventurero.

Por supuesto, ser un aventurero significaba luchar. Nadie preguntaba por tu historia. Había gente grosera entre los aventureros. No había final para las peleas; pero lo más importante es que uno sea lo más sincero posible. Un aventurero que no era digno de confianza era sólo un canalla.

Y el gremio se ocupaba de la confianza y la honradez.

El rhea aún era capaz de poder ascender y se le había concedido clemencia porque era la primera vez. ¿No lo entendía?

—Por la presente, se le degrada por falsificar una recompensa. Pero si aún quieres quedarte aquí, puedes hacerlo.

—Erk…

El explorador de Rhea no tenía palabras. Luchó por pensar en alguna forma de convertir esta situación en algo ventajoso.

Todo el mundo lo hace. No. Eso no le anularía el castigo. Tal vez si digo que alguien lo había amenazado, forzado a hacerlo…

—No servirá de nada intentar algo gracioso.

Ella tenía razón. La “gobernante de la ley y la justicia” lo estaba vigilando, con ojos brillando.

Su única esperanza… Se volvió a su única salida, la persona en la habitación más parecida a él.

—Vamos, Goblin Slayer… Te lo suplico, como compañero aventurero…

Ojos suplicantes. Sonrisa ingrata. Frotándose las palmas de sus manos en una súplica desesperada.

El aventurero, que se había sentado con los brazos cruzados silenciosamente a lo largo de toda la escena, contestó con un poco de enfado — ¿Compañero? Su respuesta fue directa. —Soy un observador. Nada más, nada menos.

—Pero tú… también eres un aventurero…

—Sí, lo soy. Goblin Slayer miró hacia el rhea suplicante. —Igual a los que engañaste.

— ¡…!

El explorador rhea se puso rojo brillante y los miró a los dos. Durante un breve instante, tuvo una visión de sí mismo sacando su daga y saltando sobre la recepcionista.

Era posible.

—……

Pero tendría que pasar por Goblin Slayer, un guerrero lo suficientemente fuerte como para realizar misiones solitarias de goblins que normalmente exigían un grupo entero. ¿Cuánta oportunidad tenía el rhea en una lucha mano a mano?

—……

Sintiendo la mirada de Goblin Slayer fijada en él, desde debajo de ese casco, tragó pesadamente. Él era tan listo como cualquier explorador y ciertamente no era tonto.

—… te arrepentirás de esto.

Sus sentimientos fluían en sus palabras de despedida mientras echaba hacia atrás su silla y dejaba la habitación.

La recepcionista suspiró mientras la puerta se cerraba de golpe. —Rechazado para ascenso. “Phew…” Eso fue aterrador…

La sonrisa perpetuamente pegada en el rostro de la recepcionista finalmente se desprendió, y ella cayó en su asiento. Al final, bajó la mirada del explorador, inconscientemente había empezado a temblar. No sabía lo que podría haber pasado si Goblin Slayer no hubiera estado allí.

—Muchas gracias, Goblin Slayer.

Miró hacia el casco de acero junto a ella, sus trenzas colgaban sin fuerzas.

—No. Goblin Slayer agitó la cabeza en silencio. —Yo no hice nada.

— ¡Difícilmente! Recuerdo lo mal que me sentía cuando estaba haciendo el curso de formación de la asociación en la capital.

Aún deprimida, la recepcionista sonrió levemente.

—Todos esos desgraciados que no podían abrir la boca sin hacer un comentario lascivo. Pensé que me recogerían sólo porque era guapa y joven.

—Hay demasiados de ellos, ¿no es así? La inspectora suspiró de exasperación y golpeó suavemente la espada y las escamas.

—Tenemos que enfrentarnos a gente así por nosotras mismas, así que… ya sabes… Con un pequeño gesto de asentimiento, puso una mano sobre el escritorio y se puso erguida. Sus trenzas se balanceaban. —Realmente te hace sentir mucho mejor tener a alguien en quien confías como observador.

— ¿Lo hace?

—Sí, lo hace.




Siempre irradiaba tanta confianza cuando hablaba de Goblin Slayer. Él debió entenderlo, porque se quedó en silencio, y luego se levantó lentamente de su asiento.

—… Si hemos terminado aquí, voy a volver.

—Oh, claro. Si te pasas por la recepción, estoy seguro de que te darán tu honorario…

—Muy bien.

Goblin Slayer se dirigió hacia la puerta con su paso audaz y casual.

Viéndolo allí, la recepcionista de repente habló fuerte.

— ¡U-um!

Ahora lo había hecho. Ella lo había dicho. La recepcionista sintió una punzada de arrepentimiento.

Goblin Slayer, con su mano sobre el pomo de la puerta, se giró lentamente. — ¿Algo más?

La recepcionista dudó.

El coraje que la inspiró a gritar había desaparecido tan pronto como había llegado. Abrió la boca, se detuvo, y luego decidió decir sólo lo que era apropiado.

—… Buen trabajo hoy.

—Claro. Dijo mientras giraba la perilla. —Tú también.

La puerta se cerró con un suave ruido.

La recepcionista, dejada atrás, se volvió a estirar sobre la mesa.

—Phewww…

La superficie del escritorio se sentía bien contra su mejilla.

—Buen trabajo. Su colega, la inspectora, le dio palmaditas en la espalda a la recepcionista con una suave expresión.

—Tengo miedo de que ese tipo haga otra cosa.

—Bueno, los aventureros vivos son un recurso precioso. Y no hizo nada claramente ilegal… Sería mucho peor si tirara por la borda el sistema de aventurarse y se convirtiera en un alborotador. —Ciertamente hay todo tipo de aventureros, desde el Bien Común hasta el Caótico Mal.

—Mientras sean aventureros, pueden hacer esa elección… De todos modos, buen trabajo.

—Para nada. Es simplemente mi deber como sacerdote del Dios Supremo. La inspectora sonrió a la recepcionista, pero ella sólo podía suspirar otra vez.

—Y desde la perspectiva del Dios de la Ley, ¿lo que acabo de hacer fue… correcto?”

—Mucha gente malinterpreta al Dios de la Justicia, incluso a los escritores de nuestros concursos de belleza. Dijo la inspectora con un gesto teatral. —La justicia no es castigar el mal, sino concienciar a la gente.

La ley era una herramienta y mostraba una forma de vivir bien. Nada más y nada menos. Por eso el Dios Supremo no transmitió revelaciones. La intención no era que siguieran la sagrada palabra de Dios, sino que pensaran por sí mismos y usaran su propio juicio.




La recepcionista seguía tendida sin gracia al otro lado del escritorio, su cara se volvió hacia su amiga.

—Qué bonito pensamiento.

—Si puedes ponlo en práctica. Aún no estoy cerca de Sword Maiden (Doncella de la Espada, lo dejare en inglés).

—Esa no es una comparación muy justa.

Sword Maiden.

Ya habían pasado diez años desde que ella se había convertido en un personaje conocido.

La recepcionista tenía doce o trece años en aquél entonces, cuando uno de los Señores Demoníacos había vuelto a la vida.

Sword Maiden era una leyenda de la época en que la humanidad luchaba por su supervivencia, anhelando el advenimiento de un héroe, un aventurero de rango platino.

Un grupo de rangos oro se había atrevido a desafiar al Señor…

—Y tuvieron éxito. Uno de ellos era una humilde servidora del Dios Supremo, Sword Maiden.

La inspectora se sonrojó un poco y suspiró como una chica soñadora. —La amo. Murmuró.

—De todos modos, todo lo que hago es usar Sentir Mentiras. No es difícil. Hay más trabajo que hacer, ¿verdad?

—Muchas entrevistas de ascenso. Y tengo que llenar el papeleo para degradar a ese sujeto… La amiga de la recepcionista la golpeó en la espalda otra vez, pero no fue reconfortante.

Aun así, eso la trajo de vuelta aunque sea un poco. —Correcto. Ella asintió y levantó la vista.

—Así que. Una sonrisa burlona apareció en el rostro de la inspectora. — ¿Ese era el tipo que te gusta?

—Oh, um…

¿Estaba Sentir Mentiras funcionando? La recepcionista miró al techo, pero el Dios Supremo estaba en silencio. No podía ver la mirada de su amiga, pero asintió honestamente.




—Sí, sí, lo es… ¿Y?

—Hmm. Bueno, no puedo culparte. Siempre te han gustado los que ayudan, incluso desde que estábamos en la capital.

—Siempre estaba buscando un tipo de, tú sabes, aventurero imperturbable.

Goblin Slayer Volumen 2 Capítulo 1 Parte 4

 

Ella no había encontrado ninguno. En ese momento estaba decepcionada, pero ahora parecía una bendición. Se habían conocido justo después de que la recepcionista había terminado su entrenamiento y había sido asignada a esta ciudad en la frontera. Un aventurero recién registrado había conocido a la recepcionista nueva, y se conocían desde entonces.

Había estado completamente concentrado en cazar goblins, ignorando todo lo demás. Para ella, harta de los lujosos torpes de la capital, era un poco de aire fresco.

—Lo admito, tal vez éste sea demasiado imperturbable…

Es genial poder hablar con él, pero quizá al menos podría invitarme a cenar o algo… ¿no?




La chica del Gremio agitó la cabeza.

¿Él, invitándola a comer después de una aventura?

No podía imaginárselo. Y aún no tenía el valor de preguntárselo ella misma. Si sólo pudiera conseguir un poco de… valor.

—Bueno, eres feliz, eso es lo que importa… ¿Cuánto tiempo puedes permitirte el lujo de eludir tu trabajo?

—Buena pregunta. Es hora de dejar de soñar despierta y volver a los negocios.

Se levantó lentamente, componiéndose. Ella enderezó los papeles del escritorio. Había mucho que hacer: el informe sobre el explorador rhea y la promoción del guerrero con hacha, la maga elfa y el monje calvo.

Ella también había estado postergando muchos problemas de su trabajo. Bueno, ella empezaría con lo que estaba justo delante de ella. Tomó una pluma con decisión en la mano, abrió la tapa de su tintero y comenzó a correr la pluma sobre el papel de piel de oveja…

—Hola.

—Yii, ¡¿qué?!

La recepcionista estaba completamente sorprendida por la voz tan cerca, y su pluma saltó a lo largo de la página.

Mientras intentaba calmar el golpeteo de su corazón, vio el casco sin expresión. Se apresuró a alisar su cabello y controlar su respiración y no derramar la tinta en el proceso. También juró vengarse un poco de la inspectora sonriente más tarde.

— ¿Pasó algo, Goblin Slayer?

—Creo que lo sabes. Su voz era tan mecánica como siempre, pero de algún modo alegre. Tenía el papel de un trabajo en la mano.

¿Lo había agarrado del tablón de anuncios después de irse? No, ella no recordaba que hubiera ningún trabajo disponible.

Y ese trabajo… ¿alguien se lo había dado?

— ¿De quién era? ¿De dónde era? No lo sabía, pero parecía muy especial porque había sido enviado desde muy lejos.

Ignorando la recepcionista que miraba fijamente la hoja del trabajo, dijo:

—Un trabajo de cazar de goblins.

La recepcionista le dio una sonrisa débil.

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