Goblin Slayer

Volumen 1

Capítulo 5: Visitantes Inesperados

Parte 1

 

 

“Orcbolg”, dijo la elfa sin vacilar. Su clara voz resonó, como si ella estuviera cantando un hechizo.

Era antes del mediodía, cuando los aventureros que habían despertado tarde llegaron a ver las misiones disponibles. Era considerablemente más tranquilo en comparación a las primeras horas de la mañana, pero el gremio todavía estaba lleno con bullicio, y los ojos de todos se encontraban fijos en la elfa.

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“¡Oh!, hombre… ¡¿Ya viste qué hay frente el mostrador?!” —“Sí, es una belleza”, dijo un guerrero de armadura casi como un susurro.

“¡Hey!” Su compañera de equipo, es una chica aprendiz de clérigo, agregó.

“Lo siento,” dijo la recepcionista con una sonrisa, pero sus ojos se mantenían centrados en la elfa.

Es difícil culparla. Los elfos naturalmente poseían una belleza de otro mundo, pero incluso entre los de su especie, esta joven era la más sorprendente.

La edad tiene poco significado para los elfos, pero por su apariencia, bien podrían confundirla con una chica de diecisiete o dieciocho años de edad. Era alta y delgada, vestía un traje de cazador ajustado, y sus movimientos eran elegantes y ligeros.

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El gran arco que llevaba en la espalda mostraba que era una ranger o tal vez una arquera. La etiqueta alrededor de su cuello estaba hecha de plata.

“Ella es un elfo mayor… Son los descendientes de sangre de las hadas…”

“Sus orejas son realmente más largas que las de los otros elfos…”

Un druida y una chica rhea le susurraron a un guerrero mitad-elfo mientras que su otro miembro del equipo, un guerrero pesado, miraba. Un joven explorador que escuchaba cerca dijo: “Por supuesto que sí.”

La recepcionista había tratado con elfos mayores antes y no estaba nerviosa por conocer a ésta, pero estaba desconcertada por las palabras que salían de la boca de la chica.

“Lo siento, señorita. ¿Quieres decir roble , como el árbol?”

Estaba acostumbrada a la gente que se acercaba al mostrador y simplemente decía el nombre de un monstruo, pero ésta era una palabra que nunca había escuchado antes. Por otra parte, hay cincuenta mil tipos de monstruos (no es una exageración), Por lo que era posible que esta fuera una variedad con la que no estaba familiarizada.

¿O tal vez era el nombre de la elfa? El acento élfico tenía el ritmo de un hechizo y sonaba como una canción.

“No Orc. Orcbolg. Mientras repetía las palabras, la elfa inclinó la cabeza como
diciendo: ¿Me entiendes? Bajó su voz y agregó, “que extraño…”

“Había oído que estaba aquí.”

“Um, ya veo. Entonces, ¿estás buscando a un aventurero? “La recepcionista tenía muchos talentos, pero ni ella siquiera conocía de memoria los nombres completos de todos los aventureros. Ella se giró para conseguir un directorio grueso del estante detrás de ella, pero entonces oyó:

“Idiota. Es por eso que necesitas bajarte del pedestal en el que te has puesto, orejas largas.”

Las palabras provenían de un enano robusto, de pies anchos parado junto a la elfa. Lo único visible por encima del mostrador era su frente brillante. Él acarició su larga barba blanca cuidadosamente.

Su atuendo era de un estilo oriental inusual, y en su cintura llevaba lo que parecía un montón de basura. La recepcionista podría decir que era un conjurador de hechizos — un enano chamán.

También llevaba una etiqueta de plata alrededor de su cuello.

“Estamos en tierras humanas”, dijo. “Eres una tonta si crees que ellos van a entender tu acento orejudo.”

“Muéstrame entonces. ¿En tu sabiduría, como debería llamarlo?” Dijo la elfa con un resoplido y una expresión poco élfica.

En respuesta, el enano retorció su barba con orgullo y dijo: “Corta-barbas ¡por supuesto!”

“Um, lo siento, señor, pero tampoco hay nadie con ese nombre”, dijo la recepcionista disculpándose.

“¡¿Qué, enserio?!”, dijo el enano.

“No, Señor. Estoy muy apenada.”

La elfa sacudió la cabeza en un exagerado gesto de disgusto, acompañado de un amplio encogimiento de hombros y un suspiro.

“Esa es la sabiduría de los enanos. Tontos como las piedras que trabajan, y siempre convencidos de que tienen razón.”

¡Baja aquí y dímelo! Exclamó el enano. Podría haber comenzado una pelea allí si la elfa no hubiera sido el doble de su altura. Apenas podría haberla alcanzado si hubiera saltado. La elfa se hacía cada vez más presumida.

El enano rechinó sus dientes. Entonces, parecía pensar en algo y repentinamente una sonrisa malévola apareció en su rostro.

“… Heh. Así son los elfos… Corazones tan duros como yunques e igual de planos. Eso lo explica todo.”

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“¡¿Qué?!” Esta vez fue la elfa quien se puso roja como un tomate hervido. Ella miró al enano e inconscientemente cubrió su pecho.

“¡E-eso no nada tiene que ver! ¡No es d-divertido oír eso de ti, cuando todas las enanas tienen forma de barril!”

“La palabra es regordeta, orejas largas y es mejor que ser un ¡yunque!”

Su voz fue cada vez más y más fuerte.

La enemistad entre elfos y enanos era tan antigua como los dioses. Sin embargo, nadie sabía exactamente cómo se había iniciado.

Incluso los elfos más antiguos no tenían una respuesta adecuada.

Tal vez era simplemente la antipatía más antigua: Los elfos reverenciaban los árboles y odiaban el fuego, mientras que los enanos derribaban árboles para construir fogatas.

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Cualquiera que sea el origen de este odio, estos dos no iban a ser los que lo superarían, ya que estaban discutiendo frente a la recepcionista, que tenía una sonrisa cada vez más desesperada en el rostro.

“Um, vamos a llevarnos bien, ¿de acuerdo…?”

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“Perdonen, los dos, pero si deben discutir, por favor háganlo en otro lugar y lejos del resto de nosotros”.

Una sombra cayó sobre ellos, interrumpiendo la discusión.

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Un hombre lagarto que se elevó sobre ellos, con el cuerpo cubierto por escamas, exhalaba ligeramente su aliento. La recepcionista casi deja salir un “Caramba…” al verlo.

Nunca había visto el traje tradicional que llevaba. Alrededor de su cuello llevaba una etiqueta de plata, así como un curioso amuleto.

El sacerdote de los lagartos unió sus manos en un gesto inusual e inclinó la cabeza a la recepcionista.

“Mis más humildes disculpas. Parece que mis compañeros te están causando problemas.”

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“¡Oh, no, no en absoluto! Todos nuestros aventureros son gente apasionada. ¡Yo… estoy acostumbrada a este tipo de cosas!”

Aun así, al grupo de antes era una vista inusual. No sólo porque eran razas diferentes.

Los elfos mayores eran raros, pero no era inaudito que los jóvenes del bosque se convirtieran en aventureros para saciar su curiosidad por el mundo. Los enanos se parecían mucho a los seres humanos en su amor por los tesoros y la exploración, por lo que a menudo se convierten en aventureros. Y mientras que los hombres lagartos fueron vistos más como monstruos, algunas de sus tribus son muy amables, y de vez en cuando, se convierten en aventureros.

Pero los tres a la vez —y todos ellos de rango plata—. Tres aventureros de diferentes orígenes formando un equipo era algo que la recepcionista nunca había visto antes.

“Umm…”

La recepcionista miraba hacia la elfa y el enano, cuya discusión no había terminado aún, y luego el hombre lagarto. Parecía que en cualquier momento mostraría sus colmillos y saltaría contra ellos…

“Pues… ¿a quién buscas, señor?” Aun así, parecía que era el más sensato de los tres.

“Hmm. Lamentablemente no tengo habilidad para las lenguas de los hombres…”

La recepcionista asintió con la cabeza.

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“Orcbolg y Corta-barbas son lo que podrías llamar apodos. En tu lengua, podrías decir… “Asintió con gravedad y como ella esperaba de alguna manera, dijo: “Goblin Slayer.”

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“Oh!” Su rostro resplandeció, y ella aplaudió sus manos antes de que supiera lo que estaba haciendo. Suprimió el deseo de dar un grito de excitación.

Otros aventureros habían venido aquí sólo para encontrarlo. Su reputación se estaba extendiendo.

“¡No puedo dejar que esta oportunidad se escape, por su bien!”

“¡Lo conozco, señor! ¡Muy bien!”

Los ojos del lagarto se abrieron de par en par y su lengua salió de su boca, en lo que para los hombres lagarto parecía ser el equivalente a una sonrisa. La recepcionista ni siquiera se estremeció ante la expresión bastante feroz.

“Oh, ¿te apetece un poco de té?”

“No podría molestarte. Llamó a sus compañeros. Ustedes, parece que a quien buscamos está aquí.”

“¿Ves? Te dije.”

“Ah, pero no pudiste decírselo, ¿verdad, muchacha?”

“Mira quién habla.”

“¡¿Qué es eso?!”

El sacerdote lagarto dejó escapar un resoplido. La elfa y el enano se miraron silenciosamente el uno al otro.

“Ahora pues, mi lady recepcionista. ¿Dónde está el señor Goblin Slayer?

“Umm… Se fue a cazar algunos goblins hace unos tres días.”

“Oh-o. Ya veo. Pero por supuesto.”

“Espero que vuelva pronto, señor.” La recepcionista miró con esperanza a la puerta del Salón del Gremio. Estaba preocupada por él, por supuesto, confiaba en que él volvería.

Después de todo, nunca sería derrotado por meros goblins.

“¡Allí!” Gritó la recepcionista cuando la campana de la puerta sonó y entraron dos
aventureros.

El sacerdote lagarto, la elfa y el enano se giraron hacia la puerta… y parecían haber quedado mudos.

Una bella muchacha en vestiduras sagradas estaba allí, sosteniendo un báculo que resonaba en sus manos. Una sacerdotisa. Excelente.

El problema era el hombre que caminaba con audacia junto a ella. Llevaba una armadura de cuero sucia, un casco de acero, llevaba una espada que parecía demasiado corta con un pequeño escudo redondo. Parecía patético. Cualquier novato en su primera misión habría estado mejor equipado.

Caminó hacia el mostrador sin pausa. La sacerdotisa tuvo que apresurarse para caminar junto a él, pero como su ritmo se redujo, finalmente pudo llegar a su lado.

“¡Bienvenido de nuevo, mi querido Goblin Slayer! Parece que ambos se encuentran bien.” La recepcionista les dio a ellos una amplia reverencia, sus trenzas rebotaron en su espalda.

“Hemos terminado el trabajo con seguridad”.

“Sí, de alguna manera.”

La forma de hablar de la sacerdotisa mostró una pizca de fatiga que contrastaba con el calmado informe de Goblin Slayer. Estaba sonriendo valientemente, pero… La recepcionista asintió. Ella podía entender. Goblin Slayer realizaba misiones día tras día, noche tras noche, casi sin descanso. Seguir con él debe ser agotador.

“De acuerdo. Pueden darme los detalles más tarde. No tiene que ser inmediato.”

“¿Oh?”

“Sí. Hay algunos visitantes aquí que vinieron a buscarlo, señor Goblin Slayer.”

Se giró hacia el grupo que estaba junto a él, como si los notara por primera vez: una elfa mayor con un arco, un hechicero enano y un sacerdote lagarto. La sacerdotisa soltó un chillido de sorpresa y luego cerró rápidamente la boca.

“¿Son goblins?”

“¡Nada de eso!” la elfa le lanzó una mirada de sospecha, como si no pudiera creer lo que estaba oyendo, pero simplemente respondió: “Ya veo.”

“Así que, ¿Orcbolg, eres tú…?”

“No soy ese. Nunca me han llamado por ese nombre.”

La elfa tenía una mirada afilada en su rostro, mientras el enano, acariciando su barba, reprimió una risa. El sacerdote lagarto, aunque parecía bastante molesto, parecía acostumbrado a esto. Él unió a sus manos en un gesto extraño, luego inclinó su cabeza suavemente hacia Goblin Slayer.

“Somos humildes visitantes que tenemos negocios con el señor Goblin Slayer. ¿Podríamos pedirle un poco de su tiempo?”

“Como quieran.”

“Si van a tener una reunión, contamos con habitaciones en planta alta…” El sacerdote lagarto hizo un gesto de gratitud hacia la sugerencia de la recepcionista.

“Vamos, entonces.”

La sacerdotisa había permanecido en silencio durante todo el intercambio, pero ahora dijo, con una mirada ligeramente asustada a Goblin Slayer cuando salió, “U-um, ¿de-debería…? ¿Debería u-unirme a ustedes?”

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Él miró hacia arriba y abajo de su delgado cuerpo, luego sacudió la cabeza.

“Tú descansa.”

No parecía esperar una discusión. La sacerdotisa asintió con la cabeza.
Y sin un segundo vistazo, Goblin Slayer subió tranquilamente las escaleras.

No te preocupes. Lo tendrás de vuelta en una sola pieza. La elfa le dio a la sacerdotisa una ligera reverencia al pasar. El enano y el lagarto la siguieron.

La sacerdotisa estaba parada allí, sola.

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