Goblin Slayer

Volumen 1

Capítulo 4: La Fortaleza de la Montaña Arde

Parte 2

 

 

“¡El Rey Goblin ha perdido su cabeza a un golpe critico de lo más terrible!”

El bardo dio un gorjeante rasgueo de su laúd.

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“Azul ardiente, el acero de Goblin Slayer brilla en el fuego.”

Las notas hicieron eco alrededor de la calle nocturno. Las personas paraban para escuchar, atraídas por la poderosa y aun así melancólica melodía.

“Así, el repugnante plan del rey llega a su adecuado fin, y encantadora princesa alcanza a su salvador, su amigo.”

Jóvenes y viejos, hombres y mujeres, ricos y pobres, personas de cada camino de la vida miraban al bardo. Su peculiar épica dependería enteramente de su propia habilidad para su éxito.

“¡Pero él es Goblin Slayer! En ningún lugar permanece pero juró deambular, sin tener a otro a su lado.”

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Una joven chica en la fila del frente dio un cálido, anhelante suspiro. El bardo contuvo la sonrisa que tiro de sus labios y continuó sobriamente:

“Es solo aire dentro de su mano lo que la agradecida doncella encuentra – el héroe ha partido, sí, sin mirar atrás.”

Strum, strum, strum.

“¡Gracias! Esta noche hasta aquí puedo llevar la historia de la quema de la fortaleza de la montaña de la historia del Goblin Slayer, héroe de la frontera.”

La audiencia que se había reunido en esa calle en la Capital se dispersó con un murmullo. El bardo dio una elegante inclinación de gracias mientras monedas castañeaban en su gorra.

Un aventurero de rango Plata que nunca sufrió una derrota mientras desterraba goblins a lo largo de la salvaje frontera. Para aldeanos acosados por estos monstruos, él bien podría ser rango Platino: un héroe que aparece como el viento y se va de la misma manera. La épica que el bardo modeló sobre su figura desde chismes que tuvo la oportunidad de escuchar parecía ser bien recibida. Eso era lo que contaba.

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“¿Señor…?”

Sorprendido por la repentina, clara voz, el bardo miro en medio de recoger algunas monedas del suelo. El resto de la audiencia se había ido, pero una persona estaba ahí, con la cara oculta por una capa.

“El aventurero sobre el que cantaba… ¿Realmente existe?”

“Por supuesto que lo hace. Absolutamente.”

El bardo hinchó su pecho.

Las personas confiaban en las andanzas reportadas por los poetas y trovadores. El difícilmente podía admitir que creo la canción basado en pedazos de escuchar a escondidas.

Y de todas formas, este misterioso asesino de goblins le había hecho una buena cantidad de dinero. Lo menos que podía hacer era ver la reputación del hombre.

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“Está en un pueblo dos o tres días, viaja en dirección a la frontera oeste.”

“¿Eso es correcto?” la figura respiró, y con un movimiento de cabeza, la capucha de la capa cayó.

Su flexible cuerpo estaba envuelto en un traje de cazador. Un enorme arco estaba colgado en su espalda. Ella era delgada y preciosa.

El bardo no pudo evitar mirar fijamente – y no solo a causa de su belleza. Él fue golpeado por sus largas orejas con forma de hoja.

Orcbolg…”, ella dijo, el sonido melodioso pero extraño. Una elfa aventurera.

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