Mitou Shoukan://Blood-Sign

Volumen 2

Stage 03: Un Mundo en el que No Existe la Muerte, Pero No es un Mundo de Felicidad

Parte 2

 

 

El tipo de furgonetas utilizadas por las compañías de entrega extranjeras tenían las ventanas traseras cubiertas con placas. Su color amarillo mostaza destacaba como un pulgar adolorido, actualmente se había detenido en un distrito industrial en las afueras de Toy Dream 35 tarde en la noche.

Todos los asientos habían sido retirados de la parte trasera y fueron reemplazados por una camilla y luces fluorescentes.




Se parecía a una ambulancia, pero no era una.

La Presidenta del Consejo Estudiantil, Benikomichi Fuuki, yacía boca abajo sobre la camilla. Llevaba solamente la ropa interior de papel usada en los salones de belleza, su largo cabello negro estaba atado, y su espalda blanca estaba completamente expuesta a la luz.

Alguien silbó ligeramente.

Era el joven técnico que había estado sonriendo dentro de la furgoneta incluso mientras ella se “cambiaba de ropa”.

“Eso sí que es sorprendente. No es el diseño que esperaría de una presidenta del consejo estudiantil.”

“Me gustaría que le hicieran algo de mantenimiento. Sólo necesita que se rellenen los colores descoloridos del patrón de esta manera, como si fuera un libro para colorear. Puedes hacer fácilmente un poco de dinero de esa manera, ¿no lo crees?”

“Bueno, la era de hacer tatuajes a mano ha terminado. La máquina hace todo el trabajo, por lo que estará terminado en muy poco tiempo. Pero, cuanto más rápido lo quieras, más dolerá.”

El joven técnico de sexo masculino le respondió rápidamente mientras movía el brazo metálico hidráulico y presionaba lo que parecía ser una máquina de coser en la espalda de la chica.

Sí, este era un salón de tatuajes móvil.

Cuando llegaron las restablecidas ciudades internacionales de Toy Dream, la cultura y ética del país eran sobrescritas por las normas Occidentales. Los tatuajes de estilo Japonés todavía estaban fuertemente asociados con organizaciones criminales, pero los tatuajes tribales Occidentales eran algo común.

Benikomichi Fuuki tenía un patrón tribal angular grabado sobre su espalda, cubriéndole ambos omóplatos. En general, lucía como dibujar alas con los circuitos impresos de una placa de circuitos electrónica.

Sin embargo, esto no era por moda.

Al igual que un collar o esposas, era su símbolo de esclavitud como un recipiente.

“¿Debería usar algún anestésico?”

“Sería inútil si lo hicieras.”

“Wow, sí que eres dura.”

Con los sonidos de motores, engranajes, manivelas, y otras partes mecánicas viniendo de la caja, un dolor ardiente más que uno punzante recorrió la espalda de Benikomichi Fuuki.

Incluso ese experto recipiente no podía negar el dolor.

Pero apretó sus dientes. Ella se deleitaba de encontrar sentido en esto.

“Los chicos de estos días (ha ha) siempre me piden hacerlo tan indoloro como sea posible, como si esto fuera el dentista o algo así. No hubiera pensado que una alumna estrella de cierta escuela tuviera una opinión personal sobre cómo hacer tatuajes.”

“Es porque soy una alumna estrella y de una familia conocida que esto funciona tan bien como un símbolo de esclavitud.”

“¿Esclavitud?”

Sí. Los tatuajes no eran raros, pero había un momento y un lugar para ellos.

Esta chica era de una familia conocida, era la presidenta del consejo estudiantil, y estaba cerca de recibir una posición importante dentro de Toy Dream Company. Su posición en la sociedad sugería que vivía y respiraba té, pasteles, pianos, violines, paseos a caballo, ceremonias de té, y arreglos florales, por lo que este tatuaje tribal en su espalda era realmente desastroso.

Era un secreto que estaba totalmente en desacuerdo con la impresión que daba a la gente.

Nunca podría permitir que alguien viera su piel.

Ese sentimiento de rechazo funcionaba perfectamente como símbolo de esclavitud.

“Cuando tu símbolo de esclavitud depende de un objeto, existe el riesgo de que sea robado o destruido. Por lo que, grábalo en tu cuerpo. Puede ser una pequeña cicatriz o una quemadura.”

Un invocador le había hablado de este método hace mucho tiempo. Ese hombre ya no estaba con ella, pero ella sonrió ante el hecho de que continuó siguiendo esa regla con tanta fidelidad incluso ahora.

Los invocadores eran aquellos que aceptaban su propia debilidad y luego llegaban a mayores alturas.

Los recipientes eran aquellos que confiaban su independencia a otro y luego buscaban el honor.

Al menos, esa era la forma en la que ella lo veía.

Es por eso que ella no podía escapar de su dependencia con aquel invocador que ya se había ido.

El teléfono móvil junto a ella empezó a vibrar.

Incluso con láseres y ondas ultrasónicas escaneando constantemente su piel, ella no podía mover sus brazos mientras el trabajo se hacía en su espalda. Hacerlo movería sus omóplatos. Ella ignoró el teléfono y vibró una segunda y tercera vez después de cortas pausas de silencio.




Lo más probable es que fuera Hayato. Él claramente estaba esperando por más instrucciones. Era como un cachorro que, después de ser llevado de viaje a una tierra desconocida, miraba con miedo a su familia mientras escondía su habitual personalidad traviesa.

Benikomichi Fuuki entrecerró suavemente sus ojos mientras miraba al móvil.

“¿Tu novio?” preguntó el joven técnico.

“No. Pero él es mi apoyo.”

Ella había tomado todo de aquel invocador muerto y lo había inculcado dentro de Hayato, su compañero actual.

Alcanzar este punto no había sido fácil. Cuando se rompía el contrato de un recipiente con su invocador, volvían a ser personas normales. Olvidaban todo acerca del mundo de la ceremonia de invocación. Eso era cierto incluso si el invocador moría, por lo que si no hubiera sido tomada por casualidad por otro invocador, ella nunca habría recordado.

Ella había engañado a aquel invocador y pretendió obedecerle para mantener esos recuerdos.

Y así fue como se encontró con un gran potencial.

Después de conseguir algo de éxito en instruirlo por su talento, ella se había deshecho de su “hogar temporal” y había hecho un nuevo contrato con ese “gran potencial”.

Y así, esta presidenta del consejo estudiantil iba a la deriva dentro del calor de un hombre que ya estaba muerto.

No importaba si esa calidez fue creada artificialmente.

Era como transferir la llama original.

No importaba si tenía que manipular todo a su alrededor.

“Pero, jovencita, ¿está segura de que deberías estar haciendo esto?”

“¿Haciendo qué?”

“Dejar que un tipo desconocido vea este impactante secreto tuyo.”

“Tienes un salón móvil para no terminar con ‘clientes habituales’, ¿cierto?”

“Ha ha. ¡Pero una belleza como tú se quedará grabada en mi memoria lo quiera o no! ¿Cómo sabes que no soy un chico malo que te ordenará hacer todo tipo de cosas desagradables?”

“Oh, no hay posibilidad de eso.”

“Oh, querida. ¿Me veo tan inofensivo?”

“No. Da igual la clase de persona que seas, te olvidarás de mí muy pronto.”

“¿?”

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